Encasillarlo como artista puede resultar corto, creador es un término más justo para su obra. El Museo Rufino Tamayo estrena sus exposiciones para 2013 con una retrospectiva del creador chileno, cuya mente se adelantó casi medio siglo.

Juan Downey

Por Pablo A. Anduaga
Amena y cercana (características no tan presentes en las exposiciones de museos “tradicionales”) son cualidades que El Museo Tamayo y la curaduría se esmeraron en lograr con la obra del artista chileno Juan Downey. La obra por sí misma es ya atrayente, hablamos de un hombre cuyas poéticas y líneas experimentales estuvieron siempre a la vanguardia. Para el visitante puede ser familiar conceptos con cibernética, arquitectura verde, experimentación en video, perfomance y la interacción en una exposición, sin embargo Downey lo llevó a cabo desde 1965.

Desde ese entonces presentó instalaciones interactivas basadas en su curiosidad por la cibernética donde el espectador interactuaba con las ondas electromagnéticas como en “Against Shadows”, instalación reconstruida para esta ocasión. Mezcló su curiosidad científica con expresiones artísticas como la danza para lograr performances e instalaciones que relacionaban la experiencia del hombre con la energía. Es un creador que trascendió lo que hoy conocemos por arte-objeto antes de que hubiera sido conceptualizado.

Downey fue siempre un hombre comprometido, en lo referente hacia su herencia latina se aventuró en un recorrido desde su residente Nueva York hasta la Patagonia, donde filmó las culturas autóctonas que pudo visitar, en esta exposición diversos televisores nos muestran una edición de cada etnia, se distingue de un trabajo meramente etnográfico por el ojo privilegiado para capturar y eternizar los momentos en foto y video; el resultado fue un cuestionamiento sobre la forma de investigación que se realizaba en la época.

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No fue el único, se internó a la selva amazónica venezolana para conocer y convivir con la tribu Yanomami, recientemente descubierta. Todo el cuerpo de trabajo conseguido es un referente sobre el encuentro de estas etnias con occidente, proveyó de un hilo conductor que permitiría afianzar la política de identidad en la región, eso que llamamos latinidad.

Chileno hasta el tuétano a pesar de la distancia, estuvo siempre activo e involucrado con su quehacer artístico ya sea con las protestas por las mineras de los Rockefeller -presentando una instalación del mapa chileno con una serpiente viva en las misma neoyorquinas narices de los magnates (obviamente presente en el Tamayo) lo que le valió la censura de la misma, también por la usurpación al poder de Pinochet o por el manejo informático de las corporaciones, donde nuevamente Downey nos muestra lo agudo y adelantado de su pensamiento social.

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