Por Adán Silva

Nadie piensa en la cotidianidad. No nos detenemos a analizar las cosas. Tenemos prisa, siempre hay algo que hacer. Siempre. Detenerse a pensar es un lujo.

Hoy me siento sensible, seguro es la cruda de ron.  Me apesta la boca: me he lavado los dientes tres veces, el hedor es interno. El cepillo me lastima las encías. Me duele la espalda, la mesa que sostiene el desayuno me causa extrañeza. ¿Es difícil construir una mesa?

Observo lo ordinario de las cosas, una crónica mental que enumera mi alrededor. Lo mundano, como los 33 poemas de Desluz (Xolo, 2016), de Karla Hill: dardos bañados con veneno de realidad.

desluz karla hill

Peatones con paraguas abiertos,/ —preparados para la tormenta—,/ gente que se saluda,/ gente que camina mirando al suelo, o sus/ propios pies…

La cercanía atrapa. Desluz es empatía. Karla plasma las inquietudes que nos aquejan pero que postergamos. ¿Gastaré mucha agua cuando me baño? ¿Mi repisa aguantará un objeto más?

Poesía próxima ilustrada por Tabata Bandin. ¿Te has quedado mirando tu taza de café?, ¿sí? Karla también, y lo hizo poesía.

Editor Yaconic

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