Alejandro Jodorowsky 1

Por Eduardo H.G. / @altermundos / Enviado

Poeta-ser humano: es el binomio de la definición que tiene de sí mismo Alejandro Jodorowsky Prullansky, y La Danza de la Realidad, su más reciente película luego de 23 años sin filmar, navega lúdicamente entre ambos terrenos. El hombre que seduce a una generación tras otra con su arte —principalmente a los jóvenes—, se encumbra de nuevo con una revisión onírica de su niñez en el pueblo chileno de Tocopilla; emotivo trajín audiovisual para ver y pensar…

La undécima edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) fue la puerta para que el director presentara su filme en México, territorio cuna de su formación, luego de que el poeta Salvador Novo lo invitara a instalarse en 1960. Ocho años después presentó su primer largometraje, Fando Lis, y el Festival Internacional de Cine de Acapulco se alarmó. El canon del “cine nacional”, con su moralismo patético, expulsó al artista del certamen.

La Danza de la Realidad, invitada de honor en Morelia, es una revisión poética de la desolada niñez de Jodorowsky en Tocopilla: “extranjero”, “judío”, “extraño” y cobarde para su padre, Jaime Jodorowsky, interpretado por Brontis Jodorowsky. También, es una lectura particular de la obsesión, el poder, el arte, el odio, la redención y la felicidad. La tragedia y la búsqueda en un mundo enfermo de guerra, peste y crisis.

Alejandro Jodorowsky m1

Se observan figuras y situaciones que Jodorowsky utilizó ya en sus filmes (El topo, La montaña sagrada y Santa sangre, entre ellos), y que en retrospectiva dan forma a su universo, acaso porque responden al imaginario de un artista que cultivó, además, el teatro, el comic, la literatura, la poesía, la música y lo espiritual. Por ello resultan limitadas la comparación frente a otros autores y una sola definición a la luz de la dicotomía: buena o mala.

“Dios no existe”, espeta su padre a Alejandro niño, interpretado por Jeremias Herskovits, luego de que un personaje del pueblo, “El Teósofo” —papel a cargo de Cristóbal Jodorowsky—, le regala unos colguijes religiosos y lo introduce en el reconocimiento espiritual. La férrea disciplina a la que se ve sometida en lado paternal, cuya base es el comunismo ruso heredado, contrasta con la imaginería y cotidianidad del pequeño en el poblado porteño.

Su madre, Sara Felicidad Prullansky, interpretada por la chilena Pamela Flores, lo consuela con voz de ópera —la cual utiliza en toda la cinta— para adentrarlo a la felicidad y la autoafirmación mediante aleccionadoras metáforas. El padre duro y frío, y la madre blanda y espiritual: los dos brazos que arrullan al niño que tiempo después, a los 23 años, emprendería su viaje por el mundo arropado por un ímpetu creador.

Colorida en veces, surreal y aislada en el tiempo, la Tocopilla de los años 30 es la fuente de miedos, deseos y tragedias. Es el puerto olvidado donde atracan marineros que se saturan de alcohol en los bares, de putas y travestis comunistas, de una pandilla de lisiados que cantan en su camino al olvido, de un heladero surreal que deambula con su carrito en forma de corazón. Es la pista donde la realidad danza frente a la muerte y Jodorowsky está en medio.

Alejandro Jodorowsky m2

Su padre parte a Santiago con la intención de matar al presidente Carlos Ibáñez del Campo, interpretado por Bastián Bodenhöfer. La travesía es impulsada por su fervor militante y por la necesidad de ser reconocido en un país que no es el suyo. Él, ruso y judío, emprende un camino a la autorrealización por caminos insospechados para un hombre de su estirpe. Mientras, el pequeño Alejandro vive con su madre todo tipo de rituales mágicos para enfrentar sus miedos.

La revisión es subjetiva, más no ficticia en su totalidad. Es un encuentro que el autor tuvo por necesario con su padre, con su madre y con él mismo (la película está basada en su libro homónimo). Jodorowsky funge como narrador in situ que se habla de pequeño: “Tú y yo, sólo habremos sido recuerdos, nunca realidad. Algo nos está soñando, entrégate a la ilusión, vive… todo lo que vas a ser ya lo eres. Lo que buscas ya está en ti”.

No es casual que Jodorowsky desapruebe la tiranía y la industrialización del cine. En La Danza de la Realidad la primera se fotografía en la crisis y la dictadura, mientras que la segunda se expresó en la master class que ofreció en el FICM ante más de mil personas (el portazo hizo difícil el conteo), donde con voz grave, de 84 años, a veces pausada y a veces enérgica,  aseguró que el cine debe ser distinto a como se elabora en la actualidad:

“¿Por qué la libertad está en el cine, qué es el cine?… esa fabricación industrial americana, esos súper héroes cretinos, ¿es eso el cine? ¿Es una industria por los millones que hace?… No, no es eso, tiene que ser otra cosa. El cine tampoco es una pista para esos egos enormes de las stars que llegan con su ‘olor a ombligo’ a echar a perder todo… qué espanto”.

Alejandro Jodorowsky m3

El cine al que Jodorowsky apela es uno de imágenes que no se olviden; que, por lo menos, generen un impacto emocional o intelectual. Algo útil para el espectador. Cine y arte como vehículo de sublimidad humana y no monetaria, en un sistema económico que, según sus propias palabras, esclaviza a las personas y transforma todo en mercancía.

La Danza de la Realidad, de 130 minutos de duración, musicalizada por Adán Jodorowsky, con la producción de Xavier Guerrero, Michel Seydoux, Moisés Cosió y algunos de los más de 800 mil seguidores en Twitter de Alejandro (quienes participaron vía colecta) es una invitación a eso.

YACONIC

YACONIC

Previous post

YI SANG

Next post

RED BULL SUBSUELO: HABEMUS CAMPEÓN