Yair Hernández / @yairaudio
Fotos: John Murguía

LA FEMME

La chica está sudando. El cintillo negro que trae amarrado a la altura de la frente no contiene las gotas: caen por sus mejillas y desembocan en su mentón. Pero no le importa, sigue bailando. Sur la plage, dans le sable, Je recherche des sensations… Su cabeza se menea al compás del bajo. Sus manos se levantan a cada golpe del bombo. Sus pies están desnudos; hace minutos que dejó las zapatillas en algún rincón. Hoy la danza consiste en sortear las manchas grisáceas de un piso que otrora fue completamente rojo. Sur la planche, sur la vague, Je ressens des sensations… La chica usa un vestido negro, entallado, de ésos que vuelven el contorno de la cintura foco de miradas. Y sí, la miran. Ella lo sabe y le gusta. Des sensations, des sensations… También cuelgan de su cuello dos collares que simulan ser de perlas blancas. Aunque en esta oscuridad brillan más los iris de sus ojos. Sur la planche, sur la vague, Je recherche des sensations… Mientras los collares y el borde del vestido juguetean con la gravedad y el viento, un chico se le acerca para decirle algo al oído. La chica le sonríe, niega con la cabeza y le da la espalda. No quiere dejar de bailar, no quiere otro trago, ni más marihuana. Sur le sable, sur la plage, Je recherche des sensations… Esta noche el único vicio que necesita es el que sale de las bocinas y se incrusta en sus tímpanos; ese sonido eléctrico aderezado con distorsión, el “dum dum dum” continuo. Je recherche des sensations… Pero el chico regresa y le pone un vaso rojo en la mano. La chica mira el vaso, le da un sorbo, levanta la mirada y besa al chico. Et quand je suis sur la vague, je suis seule dans les rouleaux…

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LE LIEU

El Teatro Lucido fue uno de los espacios que recibió a La Femme la primera vez que la banda visitó el país (10 de mayo de 2014). Está ubicado en la calle Enrique Gonzales Martínez número 234, en el corazón de la colonia Santa María la Ribera, y resulta inusual en varios sentidos: desde que te asomas por la puerta y ves un telón rojizo cubriendo el interior, te da la sensación de que algo sorprendente se esconde dentro. Das un par de pasos, corres el telón y ante ti aparece un escenario de madera semiredondo. Miras alrededor y siguen las sorpresas: cuadros y máscaras esparcidos por las paredes; un techo de vigas lleno de luces multicolores; un par de mamparas triangulares que cuelgan justo arriba del escenario; dos plataformas elevadas ubicadas a los costados de la puerta que funcionan cómo habitaciones; muebles de corte antiguo, de esos por los que un anticuario pagaría varios miles, y tantos otros detalles. Al fondo hay un patio donde se alojan la barra-cocina, el baño, una pequeña fuente y varias macetas que dan un aspecto “tropical” a la zona, además de unas estrechas escaleras blancas que conducen a la terraza. Un espacio ideal para revivir por una noche un cabaret francés.

Por eso La Femme lo eligió de nuevo para realizar un show íntimo el miércoles 17 de junio. No hubo propaganda, ni evento en redes sociales. La promoción fue de boca en boca y a través de mensajes en Facebook. Para los afortunados en saber del show, las condiciones para entrar fueron un cover de 150 pesos e ir vestidos en mood cabaret: peluca, sombrero, smoking, vestido de noche, collares, corbatín, zapatillas, mocasines, pañoleta, y cualquier detalle que los regresara en el tiempo hasta la época del Moulin Rouge.

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LA NUIT

Miércoles 17 de junio, 22:00 horas. Chamarras y varios pares de zapatos adornan los rincones del Teatro Lucido. El sudor es factor común en las frentes de todos los asistentes, que no superan la cantidad de 150 pero sus gritos y bailes producen la sensación de un lugar atiborrado. Al fondo un grupo de chicas forma un círculo y pasan de una en una al centro para dar rienda suelta a los pasos más inusuales. Frente al escenario un chico de traje y bigote no deja de reverenciar a la vocalista. Cerca del baño un par de jóvenes bailan cual equilibristas sosteniendo varias torres de vasos rojos con las manos. El desenfreno es total. También la alegría.

Por su parte, Clémence Quélennec (la vocalista), Sacha Got (en los teclados), Marlon Magnée (en la guitarra), Sam Lefevre (bajista), Noé Delmas (batería) y Lucas Nunez (percusiones) no se quedan atrás con su espectáculo: una máscara de diablo, un sombrero charro, un gorro de fiesta y una boina negra son algunos de los aditamentos que adornan sus cabezas. La Femme lleva menos de media hora arriba del escenario pero ya convirtió el lugar en un hervidero. Entre canciones saludan a los presentes, sonríen, bromean entre ellos y caminan por todo el escenario. Se sienten libres y misteriosos, cómplices del frenesí y la desfachatez. Ya hicieron sonar temas de sus primeros EP’s y del Psycho Tropical Berlín, su primer larga duración y más reciente material.

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Pasan los minutos y los vasos rojos de 35 pesos siguen recorriendo las manos de los presentes. Después de las once, el grupo anuncia un breve descanso. Dejan los instrumentos conectados y bajan del escenario. Algunos buscan una toalla para el sudor y otros un shot de mezcal. Pero Nunez va de inmediato hacia su computadora y activa un playlist: Omar Souleyman, algo de free jazz y cumbia suenan en el intermedio. La gente sigue bailando y los músicos se les unen. Es momento de fiesta, el show puede esperar.

L’HOMME

El chico busca a la chica pero no la encuentra. “¿Dónde está? ¿Se habrá ido?”, se pregunta. Recorre dos veces el lugar y nada. Je recherche des sensations… Se cansa de buscar y va por otro trago. Está agotado y un poco mareado. Llegó con un amigo desde las ocho, antes de que abrieran las puertas del lugar. Ahora su amigo está muy ebrio.  Quand je suis sur la vague, je suis seule dans les rouleaux… ¿Y él? Sin la chica, con poco dinero pero contento. Fue una buena noche. A pesar del calor, consiguió un beso, un buen baile y conoció a seis europeos locos. Je prends ma planche et je pars au boulot… Tendrá mucho que contar al rato en el trabajo. Sí, en un par de horas darán las siete pero él no se preocupa, ya antes ha llegado en vivo. Quand je suis seule, je recherche des sensations… El chico busca a su amigo mientras se despide de los sobrevivientes del vendaval francés. Lo encuentra  tambaleándose y carga con él hacia la puerta. Des sensations, des sensations… Pero antes de salir recuerda que la chica le dio un papel. Busca en su chamarra, en las bolsas del pantalón y aparece. Lo desdobla esperando encontrar un teléfono, dirección o cuenta de Face. Pero no. Sólo tiene escritas 3 palabras: Sur la planche.

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