Por Uriel Linares

Las pantallas grandes en México han permanecido enfermas por largo tiempo. Los intentos de hacer cine usando comedias carentes de profesionalismo y copias atroces, han puesto en duda la capacidad del país para crear piezas audiovisuales de calidad. También es cierto que existen bocanadas de aire fresco tibias y amorosas con producciones inteligentes y apasionantes como con “La Habitación” y que son oscurecidas por la taquilla preferencial hacia lo simple y lo mal hecho.

He de aceptar que al encontrarme frente a la enorme pantalla de la Cineteca Nacional, me sentía un tanto escéptico. Momentos antes de ver la cinta mexicana “La Habitación”, -en la que se cuentan ocho historias que ocurren en la misma casa pero en diferentes momentos de la historia- todas fueron hechas por ocho directores diferentes: Natalia Beristáin, Carlos Carrera, Daniel Giménez Cacho, Carlos Bolado, Ernesto Contreras, Alfonso Pineda-Ulloa, Alejandro Valle y Ivan Avila Dueñas. ¡Vaya atrevimiento!.

Mi sorpresa fue al comenzar la proyección, algo ocurrió. No había malos encuadres, tampoco un libreto burdo, mucho menos actuaciones deplorables, ¿será posible que sea testigo de una propuesta mexicana con sentido?.

El libreto fue armado por María Diego Hernández, quien nos presenta ocho relatos unidos por los cuatro muros de la misma casa durante diferentes momentos cruciales en la historia de México. El siglo XX funciona como carrete por el cual viaja cómodamente el metraje entero. La gran valía del guión se encuentra en la construcción de los personajes, mismos que son expuestos constantemente a los abruptos caprichos de la vida y la muerte, del amor y el odio. Así es como todo se vuelve más carnal y la conexión con ellos es inevitable.

EL REPARTO DE LA HABITACIÓN

Para volverlos reales, el reparto principal consiguió ser uno de los departamentos que sobresalen de la película con actores como: Kristyan Ferrer, Sofía Espinosa, Dagoberto Gama, Kaori Momoi, Adriana Llabres, entre otros. Hasta el momento he hablado de conexión, y de que el grupo actoral la consiguió al bailar entre emociones ya que esto suele ser complejo para cualquier intérprete, lo consigua o no… el espectador siempre es capaz de reconocer el talento y la entrega, en esta producción se nota el entusiasmo y dedicación de cada uno de ellos.

Conectar ocho historias visualmente es una tarea importante. El fotógrafo polaco Bogumil Godfrejow, fue el encargado principal de buscar y mantener el hilo conductor capaz de evolucionar con la historia. Pero sin duda se requería un estilo adaptable que pudiera trabajar con las distintas visiones de cada director y al parecer lo consiguió, no espectacularmente, pero la inmersión de la película la lleva a tal grado que terminas sintiendo que estás viviendo a lo largo y ancho del siglo XX durante las casi dos horas que dura la cinta.

Es importante mencionar que el filme no deja las cualidades de un experimento artístico, como espectador te enfrentas a constantes cambios. El estilo de cada director permea directa y fuertemente en cada parte de la cinta y terminas por volverte un excéntrico científico con ganas de ver más creaciones así. El largo camino profesional sumado por todos los cineastas consigue un resultado positivo que servirá de ejemplo para mostrar el buen cine mexicano que se está haciendo en nuestros días.

¿Pero de verdad son necesarias tantas historias en una sola? Tengo una ligera inquietud que no recae en la cantidad de los directores, las historias o los personajes sino en los caminos que toman. En ellos nos presentan hechos impactantes para el país y cómo fueron vividos por gente común, sin ser protagonistas más que de su propia vida; pero los argumentos llegan a tener carencia de impacto y terminas con un sentir ambivalente, hecho por el que idealmente jamás se debe cruzar un metraje si lo que se busca es la originalidad artística.

MÚSICA

Lo antes mencionado, a pesar de ser un ligero tropiezo, no impide disfrutar de la composición musical de Jan A. P. Kaczmarek, otro polaco ganador de un premio Óscar en 2005 por su trabajo musical en la cinta “Descubriendo Nunca Jamás”. Es aquí donde comencé a ver y oír un panorama bien construido, las piezas de Kaczmarek fueron la pareja perfecta para los ocho historiadores y es curioso es notar una empatía con la historia mexicana y volverla exitosamente en engranajes funcionales que soportan el peso de toda la película, Jan sin duda es un polaco sumamente talentoso.

Y finalmente, el departamento de arte -si planeas hacer un largometraje de época, más vale tener profesionales en ésta área- encabezado por Luis Yañez Jacques (“Elysium”, “007: Spectre”) y Alettia Molina (“La vida después”, “Las horas contigo”), consiguen meticulosamente recrear cada una de las décadas retratadas en la historia; uno de los trabajos más importantes dentro del rodaje son los pequeños detalles, aquellos por lo que son los personajes mismos y dan credibilidad a cada encuadre. 

“La habitación” es una bella, colorida y desgarradora clase de historia para México, una que hace el recuento de atrocidades y cuentos de amor que han sido traídos a lo largo del tiempo. El talento de los directores es pieza clave para el buen resultado obtenido, además han mandado un mensaje claro: el arte es capaz de unificar, reparar, motivar y educar al mundo entero. Este país no está exento de malévolos personajes que buscan robar almas, pero la entrega y pasión que vive dentro del buen cine pueden volverles imposible la tarea.

Editor Yaconic

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Revista de arte y cultura

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