Por Rogelio Garza* / @rogeliogarzap

Tras el minimalismo de la bici fixed hay una gran historia. La bicicleta de piñón fijo al estilo de las carreras de los Seis Días está de vuelta y fuera de las pistas. De trepidante competencia deportiva en los años veinte a manifestación laboral urbana en las décadas de los ochenta y noventa, en México está de moda pedalear.

ADRENALINA EN CADA ENTREGA

En 2004 llegó a mis manos el libro Bike Messengers Life: New York City, de Eddie Williams. Así pude asomarme a la vida de los ciclo mensajeros y sus fixies. Grupos de ciclistas urbanos que han creado una contracultura de la bicicleta: anarcos, rastas, hip hoperos, punks, veganos, deportistas, activistas y otros locos trabajadores de la bici que cobraron una fuerza inusitada desde hace un par de lustros.

fixie 200 anos de la bicicleta

Foto: Alice Austen / Mensajero neoyorquino en 1896.

Fueron ellos quienes lucharon por el derecho a usar el celular (manos libres) para trabajar y por subir sus fixies en el transporte público. Crearon un estilo de vida en torno al ciclismo y un culto en su tradición más pura: el piñón fijo. Modificaron sus bicicletas a la mínima expresión y las personalizaron (idea que utilizó Schwinn Company con la Sting-Ray, primera bici chopper en los sesenta, hoy  modelo favorito de los lowriders para sus creaciones). Hicieron un código: vocabulario, ropa, alimentación, música, sustancias, diseño, arte, tatuajes, festejos, carreras, activismo y adrenalina en cada entrega. Una hermandad bicicletera y libertaria.

La alegre manifestación rodante por las calles que también brotó en otras ciudades de lo que empezó como una corriente marginal, en una época en la que andar en bicicleta en Nueva York era para los excéntricos y los más pobres —escribe David Byrne en su libro Bicycle Diaries—, fue asimilada por la moda en los años recientes, cuando andar en bici se ha vuelto lo más cool y ecológicamente correcto del planeta.

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Stingray, Schwinn Company.

Se trata del ciclo natural de las tendencias originales que se revelan con el brillo de la imagen comercial. Las marcas le han sacado un gran provecho, desde Specialized con las Globe hasta Levi´s con sus Commuters. Pero con o sin ese impulso cool, el movimiento de los ciclo mensajeros goza de cabal salud, crece independiente.

En México, la entrega en bicicleta es un oficio bien conocido desde el siglo pasado. Las figuras del repartidor y el cartero en rila son emblemáticas en los panoramas citadinos y pueblerinos. Ahora, en ciudades como Guadalajara, Ciudad de México y Monterrey han surgido empresas de ciclistas que ofrecen sus servicios de ciclo mensajería, con las costumbres y accesorios fixed que la rodean: las fixies, los uniformes, los jeans adecuados, los accesorios como gorras, mochilas, guantes, lentes, tatuajes y mucha actitud para rodar en la ciudad.

LAS FIXIES Y LAS SIXIES

Las bicis fixed no se inventaron en la colonia Condesa, como creen los hipsters que las pedalean por ahí. Todas las bicicletas eran de piñón fijo hasta que apareció, en 1898, el sistema free wheel o rueda libre con el freno de contra pedal. David V. Herlihy, en su libro Bicycle, anota que la patente se la disputaron los fabricantes como el norteamericano Albert Pope y los alemanes Ernst Sachs y William Van Anden.

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Leonor Robledo Linares llegando al Parque Revolución, meta de la segunda carrera ciclista femenil en Cuernavaca, Morelos, 1939. Foto: Anónimo.

La rueda libre le dio un nuevo vuelo a la industria de la bicicleta a finales del siglo XIX, después del boom de la safety cycle de James Starley que data de 1885. El siguiente invento que mejoró el desempeño de la bici fue el derailleur diseñado por el gran Tullio Campagnolo en 1933.

Sin embargo, lo que realmente volvió a colocar a la bicicleta en el gusto popular a principios del siglo XX fueron los espectáculos deportivos como el Tour de Francia y las Carreras de los Seis Días que se realizaban en los velódromos de Europa y Estados Unidos. Las sixies surgieron en Inglaterra alrededor de 1880: ciclistas que pedaleaban sin parar de lunes a sábado para tratar de cubrir la mayor distancia en bicis de piñón fijo.

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Tour de France.

Ante el agotamiento individual se creó la modalidad en equipo de dos para hacer relevos. El libro The Six-Day Bicycle Races: America´s Jazz Age Sport, de Peter Joffre, detalla la historia de estas competencias y su aparición en los grandes velódromos de Norteamérica como el Madison Square Garden, donde se presentaban los artistas de jazz de la época mientras se pedaleaban las carreras. Los ciclistas que participaban eran atletas tratados y pagados como estrellas que viajaban con un equipo de mecánico, médico y cocinero. Las Six-Day eran una prueba de resistencia fuera de serie y también un gran negocio.

La bici fixed es estética, ligera y funcional en ciertos casos. La tendencia que vino del pedal con ella es la personalización, la posibilidad de diseñarla o modificarla para hacerla única, justo como tú la imaginas: el cuadro, la pintura, las piezas, los colores, los accesorios, con piñón fijo, rueda libre o flip-flap. Seducido por todo eso, su historia, su belleza elemental y movido por la idea de pedalear una bicicleta sin velocidades, sin accesorio alguno, ligera como un avión de papel, convertí un cuadro en una fixie.

Siempre me ha gustado lo básico. Por ejemplo, The Ramones, mi grupo de rock favorito cuyo principio creativo era eliminar lo innecesario y concentrarse en la sustancia. Su música es un elogio a la simpleza, me late por la sencillez de sus melodías, la velocidad del ritmo y por su energía.

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Foto: Aarón Borrás / Avientensetodos.tumblr.com.

Esa es la razón por la que no me deshago de mis bicicletas. No puedo venderlas ni regalarlas porque están cargadas de energía. Mi energía. Este cuadro de chromolio es de una Specialized Hard Rock de 1995, una bicicleta en la que rodé intensamente durante seis años e incontables kilómetros en la montaña. Hasta que mereció el retiro. Estaba muy golpeada y cansada. Le quité todo y la guardé.

Creo que cuando usas una bicicleta de esa forma absorbe la energía que le transmites y también la que toma de la naturaleza por la que ruedas. Esa suma de energías que convergen entre sus dos ruedas la cargan con algo que es tuyo. Todo lo que pensaste y lo que sentiste mientras la pedaleabas, todo lo que te sucedió y se te ocurrió, todo lo que viste y viviste en ella, todo eso forma parte de ti. Y está contenido en esa bicicleta que en realidad es un objeto, pero con el paso del tiempo y el uso se vuelve una parte tuya. O como dice un amigo, nuestras bicicletas tienen alma.

En cuanto tuve la oportunidad rescaté el cuadro cuando buscaba unas piezas. Teníamos algo pendiente. Lo saqué del olvido y lo llevé con Eli Acosta, que ese entonces tenía Casa Bikla, para que Eli lo restaurara e hiciera la conversión. Y la hizo: una bicicleta azul, cuadro, asiento y manubrio. Tijera y palancas cromadas. Rines y llantas negras. En ella se materializa la idea de que menos es más y se aprecia toda la belleza de la bicicleta: la máquina perfecta. Algo que algunos puristas verán mal es que mi fixie tiene rueda libre y freno trasero. Afirman que debe usarse el piñón fijo sin freno, lo cual me parece incómodo y peligroso en una urbe como la Ciudad de México. El piñón fijo se usa en las competencias de pista, fuera de ellas es poco funcional.

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Foto: Aarón Borrás / Avientensetodos.tumblr.com.

Como ciclista de montaña, ruta y ciudad, pedalear una fixie ha sido una experiencia novedosa. Acostumbrado a los cambios de velocidad y a las suspensiones delanteras, rodar una bici así me permite entrenar todo el tiempo y leer con el cuerpo cada piedra y cada grieta en el pavimento. Es un ciclismo incómodo hasta que te acostumbras (sucede lo mismo con el de montaña y ruta).

La fixie es dura, nerviosa y veloz, como una canción de punk que zigzaguea por las calles. Eso me mantiene alerta todo el tiempo y evito el exceso de confianza. Y sobre todo, voy muy a la moda.


*Este artículo se publicó originalmente en Resonancia Magazine.

Editor Yaconic

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