CUANDO SE LUCHA CON MONSTRUOS

La imagen ausente de Rithy Panh, es un trabajo de las vivencias del director camboyano durante el cruento gobierno de los Jemeres Rojos en la ciudad de Phnom Penh, actual capital de Camboya. Las memorias son reconstruidas en el documental mediante figuras de arcilla y pintura con la técnica del stop motion, y son completadas con algunas secuencias de video y fotografías.

Por Alejandra García

Después de que Camboya obtuviera su independencia de Francia en 1954, el espíritu independentista no vivió mucho tiempo entre sus pobladores: en 1970 el general Saloth Sar (conocido como Lon Nol) protagonizó un golpe de Estado e instauró una dictadura por cinco años. Durante esa época el territorio fue usado como trinchera para amedrentar a los vietnamitas y sus refugios durante la guerra, además de que el país sufrió múltiples bombardeos por parte de Estados Unidos en los que murieron poco más de medio millón de personas.

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Todos estos sucesos provocaron el desprecio de la población hacía Lon Nol, por lo que cuando la guerrilla camboyana —denominada los Jemeres Rojos— derrocó A la dictadura el 17 de abril de 1975, los habitantes de Phnom Penh se mostraban animosos y felices para un nuevo comienzo.

El líder de los Jemeres, Pol Pot, era fiel a las ideas de Marx, Trosky y Lenin. Estos personajes pasarían a ser los nuevos mesías que salvarían a los camboyanos de horrores del capitalismo como la burguesía o el intelectualismo. Ello al punto de la idealización y veneración (incluida la imagen del famoso martillo socialista) para crear el nuevo gobierno de la “Kampuchea Democrática”.

El documental de Panh comienza mostrándonos una de las primeras acciones de los Jemeres: el desalojo de la ciudad de Phnom Penh. Los habitantes fueron vestidos con ropa negra como forma de eliminar todas las distinciones sociales. De la misma forma, sus cosas personales fueron conquistadas como acción en contra de la propiedad privada.  Durante el desalojo, miles de personas enfermas, ancianos y niños fueron fusilados. El suceso es conocido como el genocidio camboyano.

Los sobrevivientes de la masacre fueron llevados a las afueras de la ciudad, en donde debían trabajar largas y tormentosas jornadas de trabajo para la construcción de la nueva nación que traería paz e igualdad. En los campamentos la familia ya no existía. Los amigos o cualquier otro tipo de relación tampoco. La “ciudadanía” iba en contra de los ideales de los Jemeres Rojos.

La crítica de los acontecimientos es abordada con dolor en La imagen ausente —pues se trata de los recuerdos de un niño que vivió estás atrocidades—, pero también de una manera que nos invita a reflexionar sobre cómo los ideales que en muchas ocasiones apuntan hacia la libertad y la igualdad, pueden caer en actos deshumanizados. Nietzsche, en Más allá del bien y del mal (1886), nos advierte que “Cuando se lucha contra monstruos hay que tener cuidado de no convertirse en monstruo uno mismo. Si hundes largo tiempo tu mirada en el abismo, el abismo acaba por penetrar en ti”.

La mayor arma para controlar a un hombre —nos dice Rithy Panh— es el hambre, no es posible ni siquiera pensar. En algunas ocasiones el autor aborda los hechos de manera sarcásticamente oscura, que lastima profundamente al espectador, y si bien la muerte es mostrada como consecuencia de asesinatos con o sin dolo, también se nos presenta como redentora. La muerte como la verdadera revolución y en ocasiones como la única resistencia digna posible.

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