En esta temporada de premiaciones, Globos de oro, BAFTA y próximamente Oscares, es común escuchar que esos reconocimientos no valen, no importan, descalificarlos y hablar mejor de “cine de arte corrosivo”…. Ja

Antonio Frias / @jafrias26

Para empezar: Hay que decirlo, los Oscar son la fiesta más grande de la industria cinematográfica más importante y poderosa del mundo: la americana, Hollywood. Ahora, partiendo de esto hay que verlos como son, quiénes lo conforman y para qué sirven.

Esperar que Lars von Trier gane algo, que Takashi MiikeJim Jarmusch o —inserte aquí su director favorito de “cine de arte”— den un discurso triunfal ahí, es algo erróneo, una garrafal equivocación para quien tenga esas expectativas. Por eso hay que saber leerlos, no tomarlos como un parámetro de calidad, sino como un indicador de los intereses del cine gringo. Un evento cultural popular que indudablemente permea el mercado global.

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Stanley Kubrick

Por su puesto, la Academia tiene poca credibilidad. Nunca reconocieron a grandes de la talla de Stanley Kubrick o Alfred Hitchcock. En su lugar, premian bodrios como The Artist (2012) o Crash (2005). Más que quejarse, es interesante tratar de encontrar las posibles razones, partiendo de un jurado compuesto por cinco mil profesionales, con una edad promedio de 62 años… ¿Por qué les gustó eso? ¿Cuál es la cinta que cumple todos los requisitos para ser políticamente correcta y por lo mismo, ser aceptada, premiada?

De igual forma, hay que comprender el momento histórico y social en el que determinada película gana. En algunas ocasiones los lineamientos oficiales se juntan con la calidad y hay ganadores con méritos propios (pensemos en lo que sea de Pixar). Y si, además, son de temática nostálgica, amigable, white guilt, o tocan una sensibilidad particular e importante en ese momento histórico —como American Sniper este año— tienen aseguradas varias estatuillas. Aquí también podríamos hablar de Boyhood, de Richard Linklater, en la que destaca la técnica. La cinta es un ejercicio similar al que consiguió en su saga Before Sunset/Sunrise/Midnight; pero, en esta ocasión, la temática familiar y de crecimiento aborda elementos profundamente gringos, suburbanos si quieren, razón por la cual ahora sí está nominado en todo.

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Woody Allen

Otro elemento interesante son los nombres “pequeños”. Ver cómo personajes con un inicio independiente y poco reconocimiento, digamos un Darren Aronofsky o Christopher Nolan, crecen para convertirse en los directores más cotizados, creadores de blockbusters millonarios. O cómo unos jóvenes de apellido Scorsese o Allen en los años 70 se introdujeron en la industria, con el tiempo ganaron todo lo posible y después se alejaron de los grandes estudios, criticando muchas cosas del sistema, liberándose, relativamente, de los compromisos de una super productora.

Estas observaciones aplican para cualquier premio, desde la Palma de Oro de Cannes, que depende de quién sea el presidente invitado al jurado, o los Arieles para los amigos burócratas mexicanos. Al final, una película no importa por los trofeos o récords que tenga. Esas cosas no trascienden. Se olvidan. Lo que cuenta es su estética, su relevancia temática, su mensaje incluso… O simplemente que nos hagan sentir algo.

Dicho esto, pueden decirme superficial, banal, frívolo, vendido, poco interesado en el cine o lo que quieran. Confieso que me interesan las nominaciones, me gustan los Oscares, como programa, como generador de memes y cotorreo global en internet; y, tal vez, para descubrir algún documental, cortometraje o cinefotógrafo interesante, que en algunos años llamará la atención de todos.

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Taxi Driver, Robert De Niro y Martin Scorserse

 

Antonio Frias

Antonio Frias

Clavado de la música y el cine. Interesado en analizar cómo se relacionan todas las obras entre sí, su contexto y los chismes de artistas, y en encontrar el balance entre lo comercial, lo popular y lo denso. Hipnotizado con las pantallas mal viajantes y los sonidos que taladran la conciencia.

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