Por Berenize Rosales / @BerenizeconZeta

Fotos cortesía Ocesa

Take me down
To the paradise city
Where the grass is green
And the girls are pretty
Take me home

“Paradise City” Guns N’ Roses

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El cielo se había tornado rojo. Estridentes truenos acompañaron los riffs de la guitarra de Billy Duffi. 26 mil personas trataban de protegerse de la lluvia con bolsas de plástico e impermeables mientras hacían headbangig al compás del seductor hard rock de The Cult.

El diluvio se detuvo con las últimas notas de “Love removal machine”. Ian Astbury, vocalista de la banda inglesa, usaba una bandera mexicana como capa mientras agradecido gritaba: “Chingón México, gracias”.

Tláloc estaba listo para rockear junto a William Bruce Bailey (Axl Roses), Michael Andrew (Duff McKagan) y Saul Hudson (Slash).

El logo de colores neón de Guns N’ Roses; la canción de los Looney Toones; los acordes iniciales de “It’s So Easy”, elementos que nos hicieron viajar, en una estrepitosa ola de emociones, a 1993 cuando visitaron por primera vez tierra mexa. Claro que en ese entonces la mitad de los presentes aún no habíamos nacido o éramos demasiado jóvenes, pero Internet y las memorias de nuestros padres nos hicieron añorar a aquellos jóvenes irreverentes. Los años no han pasado en vano.

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—¿Saben en dónde están? Están en la Jungla, México. Gritó Axl.

Debido a su lesión en el pie izquierdo, el cantante permaneció sentado la mayor parte de la noche en la extravagante silla de luces, bocinas y mástiles de guitarras eléctricas. Escoltado por Slash y Duff Mckagan. Aunque eso no fue impedimento para que logrará hacer que el suelo del Foro Sol se estremecía al ritmo de “Welcome to the Jungle”.

Seguro del linaje al que pertenece, Axl intentaba alcanzar los registros vocales de algunos de los éxitos de su época esplendor. Desde el “trono del rock and roll” que le prestó Dave Grohl, quien lo uso durante la gira de presentación de Sonic Highways, cuando sufrió un accidente similar, Axl cantaba con dificultad, quizás fuera por la edad, el clima o la altura. No era el mismo, pero no defraudaba.

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Llamaradas de fuegos artificiales salían del escenario. Los fans from hell que habían esperado pacientemente durante 22 años se volvieron dementes al ritmo de “Double talking jive”, “Civil war” y “Mr. Brownstone”. Los modernos “vieron” el concierto a través de las pantallas de sus celulares. Registrando su visita en selfies y/o videos para snapchat e Instagram.

No importaba la brecha generacional. Los modernos, los villamelones, los fans from hell estábamos ahí porque añorábamos la larga mata de Duff moviéndose al ritmo de su bajo; a Slash haciéndonos alucinar con su misticismo; a Axl bailando en pantalones ajustados como los habíamos visto millones de veces en youtube. Por eso no importaba el clima, que las pantallas no sirvieran, el pie lastimado de Axl o haberle pagado el doble a algún revendedor. En ese momento el Foro Sol era nuestro Paradise city.

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Editor Yaconic

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