Este año el equinoccio de primavera fue cultural.

Es el carnaval de la primavera violeta o

violenta.

Por Scarlett Lindero 

Fotos Pedro Zamacona

Es domingo y el tianguis de la calle Jaime Sullivan de la delegación Cuauhtémoc comienza a cobrar vida a las once del día. Sullivan (conocida por ser terreno de prostitución) se encuentra a un costado del Monumento a la Madre, que esta vez recibe a sus hijas. Alrededor de veinte mujeres se reúnen en la explanada; visten ropa color morado y negro, algunas rosa. En una de las playeras se lee: “sin tu puño y con tu letra.”

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Son parte del contingente Académico de Arte y Cultura de la manifestación “Vivas nos Queremos”. Dos horas antes de que inicie la movilización se preparan con consignas escritas en la piel. Lucía Melgar, escritora y crítica cultural, toma el micrófono e invita a los presentes, quienes llegan con paraguas para cubrirse de la lluvia de sol, a leer “algo, algún testimonio, unas palabras que nos recuerden el porqué estamos aquí.”

Y empieza “somos cuerpo, sí, nuestra invención de cuerpo, sí nuestro espacio. No lo que alguien instituye como materia y cadáver. Somos idea y pensamiento. Reflexión, somos mujeres, vínculo, vida espacio, conversación, idea, batalla, fuerza y claridad, somos el tejido que crea y vamos a luchar juntas por nuestra forma de ser y hacer, por nuestro esfuerzo y reconocimientos y por nuestras mujeres.”

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Cerca de medio día son más las personas que llegan. Ahora hay unas cincuenta, mientras que otras tantas siguen leyendo. En el piso de la explanada hay un manta que reza: Por ser mujer es común que…. Una de las asistentes toma el plumón y completa la frase: me piropeen en la calle.

A 950 metros de ahí, en la plaza de la República, del lado de la entrada al Museo del Monumento a la Revolución Mexicana, se aglutinan los distintos contingentes que participan en la marcha . En el otro extremo de la plaza está en exhibición la Copa de la CONCACAF. Los paseantes la admiran y se toman una selfie con ella. A lo lejos se oye el eco de un micrófono que grita: “¡Ya llegaron nuestras compañeras de Ecatepec!”. Y la rechifla, del otro lado, es eminente.

A unos metros, en la fuente danzante, hay cerca de 60 chilangos dándose un chapuzón. Es domingo y los cuerpos delirantes por el calor danzan al ritmo de los chorros de agua.

A las tres de la tarde al unísono: “¡Vivas nos queremos!”. Comienza la marcha.

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El contingente que va a la cabeza se autodenomina como “secularistas”. No permiten que haya ningún hombre dentro del grupo. Se acerca un fotógrafo: “¡Hombres fuera!”. Gritan todas. Son alrededor de treinta.  Entre los senos de una de ellas se lee la palabra PUTA. Lleva una máscara negra en el rostro y se pierde dentro de la algarabía de la marcha. Son seis mujeres con un pañuelo negro en la boca y sin brassiere las que llevan una vulva rosa de cartón como estandarte. NOS ESTÁN MATANDO, dicen las letras amarillas pintadas sobre una cruz rosa de dos metros que lleva otra de las manifestantes.

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Miradas lascivas, tocamientos, piropos, silbidos, besos, bocinazos, jadeos, ruidos y susurros con connotaciones sexuales, gestos obscenos, comentarios púdicos, fotografías y videos no consentidos y grabados con fines pornográficos, exhibicionismo, persecuciones y arrimones, masturbación con o sin eyaculación, son violencias que a diario enfrentan las mujeres en el mundo.

EL ACOSO

65 % de las usuarias del transporte público en Ciudad de México son víctimas de violencia de género.

40% de las mujeres ha cambiado su vestimenta para evitarse alguna agresión.

25% de las mujeres se les ha tomado fotos o videos sin permiso.

El 63% de las mexicanas asegura haber sufrido algún tipo de violencia sexual, de acuerdo a cifras oficiales, y seis mujeres mueren al día por violencia machista.

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LA CÓLERA

La marcha avanza hasta Paseo de la Reforma número 211, es el edificio de la PGR. Afuera está un campamento simbólico y un tendedero de hilo de donde cuelgan las fotos de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa. Y la resonancia de la masa violeta se une y grita: “Uno, dos, tres…veinticinco…cuarenta…¡JUSTICIA!”.

Unos metros atrás, un grupo de mujeres grafitea con aerosol rosa el antimonumento de Ayotzinapa. Parece contradictorio, pero es la cólera. Es la cólera. Son tantas causas y demasiada cólera. Leo en Facebook:

“Los monumentos y los antimonumentos son para intervenirse, para que digan más cosas fuertes en un momento grave. Lo sagrado de los monumentos -y más de los “anti”- radica en la posibilidad de rayarse, modificarse, cuestionarse.”

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La marcha sigue, son más de seis mil personas. Entre secularistas, mixtos y huérfanos (los que no tienen contingente). Al llegar al Ángel de la Independencia, una gran mancha morada y violeta cubre Paseo de la Reforma. Con redoblantes miembros del colectivo Vulvatucada, la marcha fue acompañada con la consignas de “Ni una más”.

En el ensayo La teoría del King Kong, Virginie Despentes, escritora de la literatura trash, se pregunta: “¿Es necesaria la cólera, cierta violencia para hacerse escuchar?”. Y con una agudeza responde: “No, la cólera puede dar cierta energía. Pero lo que es necesario para hacerse oír son personas dispuestas a hacerlo. Hay algunas que funcionan bien con la cólera, otras, a quienes eso les causa apenas un rasguño”.

Para la autora, el gran problema de nuestros tiempos es ese absurdo empeño por asignar un rol, tanto a hombres como a mujeres, de forma que lo único que hacemos es alienar la verdadera personalidad del individuo, impidiendo que éste sea verdaderamente libre. En esto radica el argumento de la teoría King Kong.

MÁS CIFRAS

En México una violación sexual ocurre aproximadamente cada 4.6 minutos –aproximadamente 120 mil violaciones al año. El 65% de las violaciones ocurren en contra de niñas y mujeres de entre 10 y 20 años y el 13.7% contra niñas menores de 10 años. El 70% de las violaciones suceden dentro del mismo contexto social y familiar de las víctimas.

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#VivasNosQueremos

Se escucha a lo lejos: “Buscamos no ser cicatriz. Ni herida. No más rasguños, vamos a desbordarnos de cólera y éxtasis por la llegada de la primavera violeta. Que esta, también sea una fiesta”.

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Editor Yaconic

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