CAROLINA CASTRO PLASMA SU SOLEDAD EN FIGURAS QUE ENFRENTAN AL MUNDO

I

Cuando Carolina Castro dibuja no levanta la mirada. Sigue hablando mientras sus ojos acompañan cada trazo. Ni siquiera la ventisca de esta tarde que hace revolotear su pelo la distrae. Su mano derecha se mueve con agilidad y la izquierda no aparece. De repente hace breves pausas para sorber una Budwiser que no es su cerveza favorita pero tampoco le desagrada. Entonces observa a la fiera, su tigre.

¿Qué más le pongo?

¿Algo que le de miedo?

Baja la mirada y la punta del estilógrafo vuelve a tocar la hoja. 20 minutos después aparece plasmado en el papel un conejo.

Así, contra el viento, con una mano y cerveza, así dibuja Carolina Castro.

II

Desde el doceavo piso de un edificio en la colonia Juárez, Carolina ve la ciudad. “Deberías verlo de noche, se ve increíble”, dice en referencia al paisaje donde figuran enormes rascacielos.

Esta colonia de la delegación Cuauhtémoc significa mucho para esta ilustradora y gestora cultural de 23 años pues, además de ser su actual residencia, antes ya la había cobijado. “Desde aquí se ve mi escuela” y señala el edificio del CEDART, Luis Spota Saavedra.

Pero su instrucción no arrancó en un aula sino en el seno familiar: de padre contador y madre y abuela pintoras, Castro reconoce en su tío, el también artista Efraín Castro Calderón (responsable del mural del aeropuerto), a la figura que la impulsó y sigue apoyando con sus inquietudes creativas: “Tengo todo el apoyo de mi tío, es la única persona que tengo en el mundo incondicionalmente pero siempre tengo este sentimiento de estar sola”.

Soledad que la propia Carolina ve reflejada en su obra: figuras enfrentando al mundo, figuras semidesnudas, figuras con grandes ojos y mirada lúgubre, figuras que no sonríen.

Soledad que seguro la acompañó desde antes de irse de casa de sus padres a los 19 años.

“Todo mundo me dicen que cuando ven mis dibujos soy yo, una versión rara de mí”.

III

Antes de salir de casa de sus padres, la joven veinteañera se la pasaba con su familia en el Jardín del Arte: “La realidad de mi familia es del arte muy comercial, todo lo que tenemos viene de cuadros que se venden en el Jardín. Crecí viendo todo eso. Es raro porque todo lo que está aquí (el departamento en el que vive es de su tío Efraín) se compró con un cuadro; alguien compro un cuadro y ese varo se convirtió en este departamento”

Pero en esos años mozos dónde incluso ganó un concurso de dibujo de la Embajada Israelí, Caro no se tomaba tan enserio dibujar. Fue hasta que obtuvo una beca para ir a producir a Morelia que se dio cuenta del peso que tenían los trazos en su vida: “Yo siempre he estado en este pedo, siempre he sabido que este es mi camino solo que ha variado la forma”.

“Todos los caminos llevan a Roma”

También ha variado su proceso: “Antes me costaba un chingo de trabajo porque lo iba haciendo de poquito en poquito y ahora me siento y lo hago en uno o dos días. Dibujo en un lado y después ya estoy en otro lado, y me llevo más que una hoja. Lo que salva mis cosas es que todo lo digitalizo. Soy muy obsesiva”.

Los que no cambian son sus referentes: Apolo Cacho, Pablo Querea, Lo-Fi y Abraham Díaz, por mencionar algunos.

Pero, ¿vive de lo que dibuja?:

“Está cabrón porque vivo de los talleres de pintura e ir al Jardín, pero sí hago cosas por encargo. Hago cosas que neta no muestro porque no va tanto con lo que quiero decir. De hecho soy muy privada, hasta este año mostré algo más. Estoy cobrando por pieza. Ha sido una confrontación dura porque al principio hacía todo por paro, intercambiaba cosas, pero en este momento mucha gente me lo ha puesto en cara que “mira, tienes que cobrar porque si tú no cobras yo no puedo cobrar. Aparte tiene que ser un rango digerible”. No es nada más por mí, es toda la comunidad. Si alguien lo hace de gratis ya nos jodido a todos”.

IV

Vender tenis en una plaza comercial y ser ayudante de un artista contemporáneo son algunas de las actividades que realizó la también seguidora del trabajo de Rogelio Sosa para solventar gastos.

Pero, además del dibujo, otra actividad que la motiva no solo económicamente es la gestión cultural. Como organizadora ha participado en la realización de proyectos de corte independiente – por ejemplo, el ciclo Azcapo Existe – y en eventos de corte institucional de los que no tiene buenas referencias.

Cuando estaba más metida en gestión iba a trabajar para el INJUVE. De hecho estuve trabajando un rato. Siento que pude haber ganado varo pero la neta no quise y de hecho ahorita estoy vetada.

¿En todo ámbito?

 Pues yo sé que no me puedo acercar ahí mientras este el PRD.

¿Por qué te metiste o acercaste ahí? 

Ellos se acercaron a mí e iba a organizar cosas para la semana de las juventudes, también organizaría una conferencia de moda… y otras cosas muy chidas.

¿Mandaste proyectos? 

De hecho ellos me pidieron una carpeta y seleccionaron un foro de gráfica alternativa. Me habían dado el Circo Volador y las conferencias iban a ser en el (Centro Cultural) España. Al final fue de: “va a ser un pago retroactivo, tu organizas todo esto y ya que haya salido, vemos”. Al final hice el presupuesto de todo y ganaba como dos mil varos de un chingo de trabajo, y me quede así de: “a ver chavos, no me está ajustando”. De pronto los del Circo Volador me dijeron que si quería armar algo allí, iba sola; que nadie les había dado las indicaciones, que tenía el espacio pero a ver cómo le hacía. Y para terminarla de chingar me dieron las fechas más culeras porque era el sábado temprano del día que iba a estar el evento en el Zócalo.

¿En todo esto estabas representando al INJUVE para presentar eso? 

Sí, estábamos hasta en los carteles oficiales, ahí estaban mis actividades. Yo les cancele una semana antes así de: “saben qué, nadie va a venir a este pedo”. Todavía me dijeron “no te preocupes por la asistencia, yo voy a mandar a mi gente” y yo de “¿Acarreados?”.

Carolina declinó porque “es más fácil que me muera  de hambre antes de cambiar de giro, perder mi identidad”.

V

Vincent Van Rock, el mismo que sacude las seis cuerdas en los Rebel Cats, alguna vez le dijo a Carolina:

“Yo soy sumamente afortunado. Yo pensé que cuando me dedicará a la música me iba a volver millonario pero ya que estoy aquí y me va bien me doy cuenta que nunca voy a ser millonario, nunca voy a ser rico, pero estoy haciendo algo que me gusta, lo estoy haciendo diario y estoy viviendo de esto. Soy la persona más afortunada del mundo”.

Entonces Castro se dio cuenta que para ella el éxito no era sinónimo de “Paris Hilton o las Vegas” sino que era “estar tranquila y produciendo”.

“No estamos en un momento en el que una persona llegue y te descubra, y tu carrera ya se hizo. Estamos en un momento en que tú vas a decidir qué es lo que quieres, vas a llegar y lo vas a pedir”.

“Este año me he dedicado a aceptar; decir `soy una` pero aceptar el trabajo de los demás, no le voy a meter el pie a nadie y si puedo apoyar lo voy a hacer. Ahorita lo más importante para mí es producir”.

Por eso la joven que cada noche contempla solitaria la ciudad desde una terraza no se detiene con los trazos mientras a la par busca estabilidad.

“Alguna vez alguien me dijo: `Cualquier otra cosa que tú puedas hacer cualquier otra persona lo puede hacer, pero esto es una imagen, es algo que puede permanecer muchísimo más tiempo. Puede estar y nadie más va lo va a repetir`. A lo mejor mi vida es un papalote pero necesito que esto se quede”.

Yair Hernández

Yair Hernández

Hago muchas cosas y gano poco varo.

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