De la columna Negra y criminal

Por Iván Farías / @ivanfariasc

La primera mujer que despuntó como la reina del misterio fue Agatha Christie. Una chica callada, imaginativa, de una buena familia inglesa que lo perdió todo gracias a los malos manejos del padre. Nacida Agatha Mary Clarissa Miller en 1890, con una buena educación y con una belleza muy discreta, Agatha se casó muy enamorada del coronel Archibald Christie, de quien tomaría su apellido y lo conservaría aún después del divorcio entre ambos.

Archibald se enredó con una chica a su mando y abandonó a la prolífica escritora. Cuando le pidió el divorcio, Agatha sufrió un shock y desapareció. Para ese momento ya era una autora de éxito, que vendía miles de ejemplares de sus libros por toda Inglaterra. Así que su desaparición fue todo un suceso. Además, su novela, El asesinato de Roger Ackroyd (1926), acaba de salir y se convertiría en un clásico de su obra. (Incluso, años después, sus detractores escribieron un ensayo al que titularon “¿A quién le importa Roger Ackoyd?).

Agatha Christie

Agatha Christie

La policía destino varios efectivos en su búsqueda. La gente sospechaba que se trataba de un asesinato. El primer sospechoso era, claro, su infiel esposo. Varios detalles lo inculpaban. Por lo que fue seguido muy de cerca. Al final, once días después, Christie fue encontrada en el Swan Hydropathic Hotel, donde había ingresado firmando con el apellido de la amante de su marido. Decía que no recordaba nada de lo sucedido.

Tal vez esa misma trama fue la que emocionó a otra reina del misterio, Patricia Highsmith, para que en Crímenes imaginarios (A Suspension of Mercy, en inglés, 1965) narrara las desventuras de un matrimonio que se esfuerza en mantener las apariencias bajo fuego. En dicha novela, Sidney y Alicia Bartleby son un matrimonio joven que vive alejado de Londres, en la campiña inglesa. Sidney es escritor de teleseries no muy bien pagado y Alicia vive de una ministración que le entregan sus padres millonarios. Viven una vida llena de frustraciones. Él norteamericano, hombre de clase trabajadora, ella inglesa, rica heredera, conviven no sin reiterados desatinos sobre su forma de ver el mundo. Un día Alicia, harta de su esposo, decide desaparecer. Las sospechas de que está muerta pronto aparecen, más cuando el cinismo y el humor negro de Sidney lo señalan como el principal sospechoso de la muerte de su  cónyuge.

patricia highsmith

Patricia Highsmith

Highsmith, al igual que Christie, sabe llevar muy bien el timing de la trama, soltando poco a poco información, pero sin un final tramposo o efectista. Principalmente porque nosotros sabemos que no hay un cadáver. Ese juego del gato y el ratón entre la policía y el socarrón Sidney le sirve a la autora para criticar de lleno el matrimonio y las relaciones de amistad cuando el dinero o el estatus está de por medio. Highsmith se sitúa en el papel del hombre y es gracias a eso que vamos odiando un poco a la perfecta esposa, que es Alicia.

Años después, en el 2013, la malograda escritora canadiense A. S. A. Harrison, quien solo publicara una novela en su vida, para morir después, tomaría de nuevo el tema y lo llevaría los límites de la locura. Curiosamente, en su libro La mujer de un solo hombre (2013) la relación que retrata no es la de un matrimonio chapado a la antigua, sino la de una relación de nuevo cuño entre una mujer liberada, Jodi, que no desea “unirse en forma ninguna”, y Todd. Aquí la mujer es una vez más desplazada por una más joven. Harrison, alternando capítulos, entre el marido y ella (¿les suena conocido?) nos va mostrando cómo se va enfermando una relación que debería acabar porque ya sólo es apariencia. Harrison es casi tan cruel como Highsmith; casi tan incisiva, pero sin el sarcasmo y el humor negro de la texana.

la mujer de un solo hombre

Sería Gillian Flynn quien llevaría al gran público este tema con tal éxito que lo acabarían convirtiendo en película. En Gone Girl (2012), Flynn, al parecer, toma los capítulos alternados de Harrison y a la pareja protagónica de Highsmith. El esposo, Nick, igual que en Crímenes imaginarios, es un escritor sin suerte que utiliza la herencia de ella, Amy, para sobrevivir; también existe un diario que lo incrimina y al final hay un crimen que no es como pensamos. La diferencia es que Flynn le apuesta todo a la estructura, al giro final, a la sorpresa. Una vez que descubrimos el final el libro deja de ser interesante. Por eso es difícil regresar al él. Además de que, a final de cuentas, los chistes neoyorquinos acaban por molestar.

Gillian Flynn

El bestseller de moda, La chica del tren (2015), de Paula Hawkins, no es más que otro juego pirotécnico basado en escamotear el final. Un final tramposo que no se sostiene por ningún lado. Un libro de use y tírese ideal para los viajes largos en autobús donde la película no tiene sonido.

la chica del tren

 

Editor Yaconic

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