DOS CARAS DE LA RUEDA EN EL MUSEO FRANZ MAYER

 

Por Rogelio Garza / @rogeliogarzap / zigzagderogeliogarza.tumblr.com
Fotografías por Moritz Bernoully / @moritzbernoully / moritzbernoully.com

De la columna “Zig-zag. Lecturas para fumar”

 

La vuelta a la bici, exposición en el Museo Franz Mayer que permanecerá hasta el 19 de abril, es un recorrido por la historia del noble invento, el origen y la evolución de su diseño, así como los múltiples usos y aplicaciones que se la han dado hasta nuestros días. Pero una cosa es la bicicleta y otra el “ciclismo urbano”: el 27 de enero, la noche de la inauguración, se realizó la rodada masiva No Más Ciclistas Muertos y su primera escala fue en el museo, donde se encontraron las dos caras de la rueda ciclista: la oficial y la civil. 

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PIEZA FUNDAMENTAL DE LA HISTORIA 

La vuelta a la bici es una estupenda opción para el público no ciclista que busca entretenerse y conocer la historia del sorprendente vehículo y su impacto en la humanidad. Si algo le puede objetar el público ciclista es su brevedad, pero como todo placer, es una experiencia efímera. En el aficionado al tema queda la sensación de que se hizo una ruta corta, un paseo muy amigable y placentero que le deja a uno ganas de más al considerar la importancia histórica, cultural, social y económica de la bicicleta, que resurgió como una solución eficaz para enfrentar los problemas de movilidad, medio ambiente y salud que enfrentan las ciudades. Visitarla es de interés general porque vivimos en un país bicicletero en el más amplio sentido de la palabra, desde finales del siglo antepasado la bici forma parte del paisaje rural y urbano de México. La exposición ayuda a entender el auge ciclista en las ciudades del país.

Sabiendo cómo suceden las cosas, la exposición fue un auténtico logro de quienes colaboraron y es un gusto poder asistir. Es el segundo esfuerzo de un museo nacional por documentar, articular y difundir la cultura de la bicicleta y el ciclismo. En 2012, el Museo de Historia Mexicana en Monterrey montó la exposición Bicicleta. Rueda que Rueda. Historia, Tradición, Utopía, una muestra estupenda en piezas y actividades.

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La expo del Franz Mayer se debe a un arduo proceso de tres años que no estuvo exento de egos, protagonismos, oportunismos, dimes y diretes entre los que intervinieron y los que no. De pronto, México está lleno de expertos en “ciclismo urbano”, ese ente de varias cabezas que obedece a la movilidad sustentable y a los sistemas de bici compartida, al movimiento civil y ambiental que se ha formado en torno a las dos ruedas y a la movilidad urbana, a las empresas, al comercio y la economía que han generado, a la tendencia de la moda, a la bandera política y al estilo de vida resultante de todo ello. En La Vuelta a la Bici intervinieron el Instituto de Transporte y Desarrollo de Políticas (ITDP), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal (SEDEMA), la Embajada de los Países Bajos en México (Holanda) y la Dutch Ciclyng Embassy (así lo escriben ellos), el Centro de Investigación de Diseño Industrial de la UNAM (CIDI), las organizaciones y grupos ciclistas, los coleccionistas, especialistas y colaboradores que aportaron su talento y trabajo: fotógrafos, diseñadores y pequeños fabricantes.

Las curadoras Ana Álvarez y Valentina Rojas Roa, y los museógrafos Luis Rodríguez y Nils Dallman, organizaron la exposición en trece puntos que cubren los principales periodos y momentos de la bicicleta y el ciclismo, desde la concepción en Francia del Celerífero del Conde de Sivrac en 1790, los cambios culturales que trajo consigo, su utilidad en el desarrollo económico y social de Alemania, Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos, China y México. Son 52 bicicletas pertenecientes a 18 coleccionistas, la más antigua es una Victor de 1895 y las más actuales son dos marcas nacionales: Bamboocycles, de Diego Cárdenas, y Básica, de Eli Acosta y Jesús López. Pueden apreciarse, por ejemplo, una réplica en madera de la Draisina, el modelo con el que inicia la expo, cuyo diseño fue obra del alemán Karl von Drais en 1817 para sustituir al caballo durante una hambruna en la que los equinos fueron sacrificados para comerlos. También hay una Penny Farth o Highwheeler, la bicicleta que diseñó el inglés James Starley en 1870 con una rueda delantera más grande. Otra bici que llama la atención es la militar plegable BSA utilizada para mover a las tropas en la Segunda Guerra Mundial. Pueden admirarse bicicletas de transporte, trabajo y carga, modelos deportivos, de competencia y diversión, infantiles, femeninas y clásicas que distinguen ciertas épocas, como las primeras que se fabricaron en México durante la década del 50.

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Las gráficas, carteles e imágenes pertenecen a la Colección Pryor Dodge y a los archivos fotográficos nacionales, los textos que narran los pasajes de la bici fueron bellamente ilustrados en las paredes del museo. Además de las bicicletas antiguas que ha reconstruido Rogelio García-Mora Pinto, pueden apreciarse los videos de Agustín Martínez, las bicicletas del legendario fabricante Valerio, las fotografías de Aarón Borrás, las instalaciones de Eli de Bicla y Jesús López, una belleza de bici suspendida en partes, Bici Explotada, y el simulador para pedalear por la ciudad. Y el proyecto Bibliocleta de los Bicitekas, una biblioteca rodante con libros como Diarios de Bicicleta, de David Byrne; El Zen del Ciclista Urbano, de Sandro Cohen; Por Mi Ciudad en Bicicleta, de Ruth Pérez; y Las Bicicletas y sus Dueños, de quien esto escribe.

NO MÁS CICLISTAS MUERTOS

Pero mientras las autoridades de la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal, del Museo y los invitados de honor como la Embajada de los Países Bajos y organizaciones internacionales como el ITDP y la DCE inauguraban La vuelta a la bici, más de 2 mil ciclistas salieron de Bellas Artes para iniciar la rodada No Más Ciclistas Muertos que hizo su primera parada en el Museo.

El día previo se convocó a rodar por Rafael Guerrero, el ciclista que murió atropellado el domingo 25 de enero por Francisco Javier Gutiérrez, quien conducía en estado de ebriedad en la Glorieta de Vaqueritos, al sur del Distrito Federal. Se trató del primer juicio oral en la ciudad de México. Inició el proceso y el inculpado alcanzó una fianza de 334 mil pesos para continuar el juicio en libertad (el caso sigue hasta el momento de redactar estas líneas). La preocupación y el malestar entre los ciclistas es que tan solo en enero de 2015 fueron cuatro los ciclistas muertos: José Antonio Vázquez Gutiérrez, atropellado por un microbús; Luis Manuel Villa Cárdenas, golpeado por la puerta de un carro que lo arrojó a las llantas de un tráiler; Eduardo Gómez Perea, arrollado por un autobús; y Rafael Guerrero, embestido por el conductor ebrio al rodar con miembros del grupo Guepardos.

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Se convocó para salir de Bellas Artes, quizá por lo repentino de la convocatoria y la nutrida asistencia se percibía desorganización en el contingente, se convocó a las seis y a las ocho nadie sabía decir con claridad qué procedería. Algunos querían ir al Tribunal Superior de Justicia, otros al lugar del atropellamiento a poner veladoras (las bicicletas blancas ya no alcanzan), unos más querían ir a la casa del conductor a buscarlo (publicaron en las redes una fotografía de una tarjeta de circulación), otros proponían bloquear calles y avenidas, otros ir a la PGR y a las oficinas del Gobierno del Distrito Federal… A las ocho y media, en un sonido rodante, el organizador Ali Goper y la esposa del ciclista, Lorena Mendicuti, dirigieron un mensaje acompañados de Areli Carreón y Berenice Zambrano de Bicitekas. Hablaron, exigieron y unificaron criterios. El grupo rodaría al Zócalo y luego al lugar del atropellamiento. Pero antes se pasó al Museo Franz Mayer para exigir a las autoridades justicia para Rafael Guerrero, seguridad para los ciclistas y el cumplimiento del Reglamento de Tránsito y la Ley de Movilidad que nadie respeta… ni siquiera los ciclistas. Entonces alguien corrió el rumor y algunos empezaron a gritar que Miguel Ángel Mancera estaba en el interior (lo cual era falso) y querían encararlo. Algunos pegaron mensajes a la entrada del Museo y otros se plantaron en la puerta para exigir la presencia de las autoridades. Los elementos de seguridad del museo se pusieron tensos.

En ese momento, la secretaria de la SEDEMA, Tanya Müller, pronunciaba en el interior un discurso con cifras alentadoras sobre el uso de la bicicleta en el que, por supuesto, el Gobierno del DF y la secretaría que ella dirige eran los campeones de la movilidad sustentable ante los medios, los organismos y patrocinadores que hicieron posible la expo, los colaboradores y los socialités que nunca faltan a estos eventos por pose o moda. Pero afuera dos mil gargantas gritaban “No más ciclistas muertos” y ese era el fondo sonoro para el discurso oficial. Algunos activistas que tenían invitación y participan en la exposición, aprovecharon la presencia de Müller para sacar incómodos letreros con el hashtag de la protesta.

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¿Cómo conciliar las fuerzas del ciclismo que confluían en ese momento en direcciones aparentemente opuestas? Tanya Müller ignoró a los ciclistas. En su lugar tuvo que salir el director del museo, Héctor Rivero, quien se comprometió a llevar las demandas ante las autoridades. El conflicto tuvo una salida fácil, momentánea, porque el problema persiste: autoridades que no ven ni escuchan a los ciudadanos, tampoco hacen cumplir las leyes, e insisten en manejar el ciclismo urbano como un medio de imagen electoral y personal. El contingente siguió la ruta acordada hacia el Zócalo y la Glorieta de Vaqueritos. Crearon la comunidad No Más Ciclistas Muertos para denunciar y dar seguimiento a éste y otros casos. Sin embargo, los grupos y ciclistas no logran ponerse de acuerdo, por lo que cada uno trata de imponer su criterio y liderazgo. Las discusiones y descalificaciones continúan no sólo en este tema, sino en otros tantos. La inauguración de La vuelta a la bici tuvo un buen final. Lo mejor de todo es que la exposición continuará abierta hasta el 19 de abril, el Día Mundial de la Bicicleta :

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Rogelio Garza

Rogelio Garza

Escritor, publicista y ciclista. Durante más de 10 años escribió la columna Zig-zag en revista La Mosca. En 2008 editó y publicó Las Bicicletas y sus Dueños y en 2014 apareció Zig-Zag, Lecturas para Fumar, una compilación de sus mejores debrayes en la revista del insecto y otros medios.

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