De la sección Nuevos Ruidos

Por Berenize Rosales / @BereizeconZeta
Fotos: María Fernanda Muñoz

Para A shelter in the desert la música es un oasis en el desierto; un refugio que reconforta. De ahí que banda integrada por Alex Rodríguez en la batería, Anuar Rodríguez en las cuatro cuerdas, Declan Berdella en la guitarra, Erick Fryman en el piano y Oscar Rodríguez en la otra guitarra, decidiera transmitir y canalizar ese mood a través  de la música instrumental; del post rock.

Es complicado describir las sensaciones que te produce una canción. Los acordes se pueden repetir, pero cada persona puede interpretarlos a su modo. He ahí una de las magias de la música. Y A shelter in the desert lo sabe, desde su debut en 2012 con el disco Maze of memories, y con su más reciente producción, el EP Pequeñas Hiroshimas.

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El quinteto nativo del DF llegó a colocarse en 2009 en la pequeña escena del post rock del país. Aquel subgénero que emergió a mitad de los 90, que fue bautizado por el crítico de música inglés, Simon Reynolds, y que tuvo entre sus primeras bandas a Mogwai, Sigur Ros y GS!BE, ha tenido su eco en México desde hace algunos años, y grupos como DDA (Déficit De Atención), Sateliza, ET, Hombre Gris, entre otros, lo llevan en la sangre.

A shelter in the desert decidió hacer rock instrumental, “más que una decisión, fue por la influencia de lo que escuchamos, y por la manera en que comenzamos a componer, dice Declan en entrevista con Yaconic en el Rococó Café Espresso.

Oscar agrega: “Cuando hay letra, la canción es más digerible para el público porque éste entiende lo que se canta y listo; pero cuando es instrumental obligas a tu alma a buscar un significado en ese momento. No es sólo lo que pueda significar para el músico, sino lo que significa en el instante para quien escucha”.

A decir de la banda, cuando comenzaron en 2009 había pocos grupos intentándolo, pero con el paso de los años y el apoyo se ha ido formando una escena más consolidada. “En la escena independiente encuentras muchas cosas. Yo digo que lo complicado es el país como tal, porque aunque es multicultural y el Distrito Federal es un lugar a donde llega de todo, aún así la gente está muy clavada en las ondas mainstream, y cuando les presentas un género nuevo, sólo una o dos de cada 10 personas te ponen atención; las demás dicen `¿eso qué?´”, agrega Erick.

La música de A Shelter in the Desert es un refugio para escapar, un viaje de introspección que mezcla estructuras de música clásica, jazz y la fuerza del rock. Maze of memories es un laberinto de nostalgias que podría ser utilizado como un soundtrack de remembranzas; un retrato particular del estado por el que atravesaba el quinteto.

Declan lo explica: “De alguna manera retratamos lo que pasa y compartimos en nuestras vidas, por eso Maze of memories se hizo en un punto en el que teníamos ciertas dificultades; en un sentir melancólico. Y en Pequeñas Hiroshimas vimos todo desde un nuevo punto. Una de las cosas que influyó mucho es que tuvimos la oportunidad de ir a un festival [el Aloud Music Festival] de rock instrumental en España. Un gran logro para nosotros”.

Pequeñas Hiroshimas llegó tres años después de Maze of memories. El nuevo EP, de cinco canciones, cuenta con la colaboración de Heidy Casares, una amiga cercana del grupo, que fungió como traductora para poder plasmar en poéticas palabras el concepto de los cinco temas que conforman el álbum.

“Hicimos un proceso muy interesante. Estuvimos platicando con Heidy todas esas cosas que nos pasaron y lo que pensamos cuando compusimos las canciones, también en lo que ella pensaba al escucharlas, y luego nos dimos a la tarea de comparar. Quizá no decíamos exactamente lo mismo,  pero algunas cosas nos acercaban conceptualmente”, recuerda Anuar.

A principios de abril de 2014, cuando A Shelter in the Desert viajó a España —viaje en el que se integró Declan a la banda— conocieron a una señora de aproximadamente 60 años a la que nombraron “la abuelita post rock”. Entre risas cuentan el episodio: “Sabía muchísimo de música, era un gurú del post rock. Nos decía: ‘Es que me recuerdan a Royal Circus’ y a bandas que nosotros conocemos de no hace mucho, y que es más común que los chavos conozcan y no una señora grande”.

—Además de abuelitas rockers ¿qué tipo de público asiste a sus conciertos?

Declan: Puros frikis sin amigos, así como nosotros [risas].

Anuar: No hay un target específico, ni de edad ni de gustos, pero creo que, sobretodo, es la gente a la que le gusta el indie rock.

Hasta ahora el quinteto se ha presentado en lugares como el Foro Alicia, la Biblioteca Vasconcelos y hasta en escuelas como los CCH´s de la UNAM y en la UAM.

“Está muy chido porque el género y la música también se prestan para ese tipo de espacios, mucho más culturales. Tocamos en la inauguración de una exposición en el Museo Carrillo Gil; durante el coctel estábamos tocando y había mucha gente, artistas y escritores, muy interesados. Está chingón no limitarse a bares o fiestas”, dice Declan.

Actualmente A shelter in the desert se encuentra trabajando en lo que será su próximo álbum, que esperan grabar a finales de año.

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Acá te dejamos las piezas poéticas que Heidy Casares escribió para cada track de Pequeñas Hiroshimas. Sigue a A shelter in the desert en sus redes sociales: Facebook / Twitter.

1.- “Otra explosión se avecina” // A contrarreloj, el viaje se vuelve una postal eterna y casi siempre indescifrable a pesar de su cartografía. Hay poemas que no saben de palabras… Hay silencios que dejan de ser poesía cuando un pulcro piano comienza la travesía mientras se integran los tambores, las cuerdas y un bajo: juego de seducción, de desafío, de serenidad, de remembranza; de eso que —como el amor— comienza con cautela y culmina con finales —a veces— no pensados. Otra explosión se avecina: la del alma entregada que riega con enérgicas lágrimas ese suelo del que han de salir, otra vez, más flores…

2- “La vida no tiene cura” // La vida no tiene cura. Las nubes se llenan de añil, de años perdidos y eso se convierte en un relato que inverna en lo que sabemos que es un paraíso amordazado por la melancolía. Las lágrimas salen a pasear pero deben estar en casa antes de que la lluvia arrecie y equivoquen su camino; antes de que se mimeticen y se ahoguen en charcos que casi siempre desaparecen… “Ésta es una loca canción de cuna pero es mía” y comienza con un principio donde todo, hasta el amor, es una invención y un juego donde jamás se podrá olvidar nada; incluso Hiroshima y esas pequeñas postales que aún detonan en los ojos y en el entrañas.

3- “Y dormir, por primera vez, con el alma al lado” // Sigilo y denuedo. Polvo luminoso y voluntades a la mitad de un camino en el que se sugiere espera, sorpresa y petición para que las noches sean más largas –así como las que Penélope pidió a Atenea al regreso de Ulises a Ítaca- y que el eco de una pieza sonora no deje de ser compañía y se transforme en lúcida fuente donde los peces de colores iluminan a la misma luna, haciendo espirales en el ansia de que les sea regalada una canción de cuna y dormir, por primera vez, con el alma al lado.

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Fernanda Muñoz

4- “Todo podrá estallar, pero siempre habrá una adelfa que nacerá de entre los escombros” // Ojos de agua con sal… y en todas sus posibles combinaciones otra postal me convierte en introspección: la de la siesta de lo perenne que reprime lo incoloro, lo insaboro; dotándole de espíritu autónomo, casi como pirotecnia en los ojos que hace que el corazón tiemble y le recuerde a la prófuga sonrisa que todo podrá estallar pero siempre habrá una Adelfa que nacerá de entre los escombros. Eso: pi-ro-tec-nía… luces azules y rosadas y blancas donde la iridiscencia es el umbral de los sonidos.

5- “Healer” // Por último Healer y respiré… reuní del suelo la mayoría de mis pedacitos y, antes de pegarlos, les acaricié y con una sonrisa les prometí que sanarían… Healer, entonces –y para entonces- fungió como una promesa ya no al vacío sino a eso que llena el corazón de recuerdos de algo que aún no sucede pero, seguramente, vendrá. Healer es, así, la síntesis de una encomienda de sus ejecutantes que sanan con cada nota. Healer se volvió postal de un azar y de una coincidencia, de una cita con el alma.

 

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