Por Bernardo Barrientos Domínguez / @_trafico_

para Trucas Caballero
…los momentos de sensualidad nacen por sí mismos
y de la misma manera se disuelven en la nada,
la costumbre y la indiferencia. Sándor Márai

―¡Queremos ver el King Kong!

―¡Qué bien te mueves, bizcocho!

―¡Pelos!

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Pasitos laterales, moviendo la cadera, abriéndose el saco, enseñando acá. Ahí mero, de espaldas al público, redoble de nalgas, trrrrrrrrrrr, pantalones abajo. Se deshace de la chaqueta como si ésta estuviese ardiendo, pero es él quien rezuma fuego, beibi. Luego se desabrocha los tirantes y enseña sus pectorales tamaño Extra Large. Al tiempo que las doñas y los pocos compadres que encienden la habitación; exigen a gritos histéricos que muestre “el-que-no-debe-ser-mencionado”, él se da media vuelta y los deja con la babita colgando cual rosario de madera o cruz de oro.

―¿Cuánto?

―¡Quiero!

―¡Dame!

Nada está perdido. No, señor. Mientras tuerce lujuriosamente los labios, muérdeme, sexy, Latin Lover se toma los senos con ambas manos como si estuviese palpando melones o mangos en la recaudería. Con los ojos como estrobos parpadeando de manera lasciva, desliza sus manos delicadas hasta sus calzones blancos y ahí las detiene como dándole un último golpe de suspenso al baile.

De pronto se apagan las luces/

Unos segundos más y quedará al descubierto su ¡Ay, papá!

Se enciende un reflector/

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Latin arquea su cuerpo como poseso; se arrastra como felino alrededor de la pista. Cuando entra la salsa guapachosa, salta como tigre, grrrrr, hace temblar sus chichis y al final se desprende de la prenda más festejada por la clientela.

Latin Lover debe su éxito a la obscenidad en todas sus posturas. Quienes regentean el lugar dónde asienta el vicio innoble de las petacas, ven en él a un chamán del sexo.

De Monterrey hasta sus pantaletitas, Víctor Reséndiz Ruiz debutó en la Arena Solidaridad, allá por 1992, cuando tenía 25 años, un poco rucón. Claro, mi gallo, tenía que debutar como Latin Lover. Si no, ¿cuál otro? Se subió con tapa, decisión que a muchos sorprendió, pues cómo quien iba nutrir el patrimonio erótico del nalgódromo iba a estar enmascarado. ¡Pero no se preocupen! Tan sólo la incógnita le duró medio año, pues Sangre Chicana y El Sanguinario les pusieron una putiza (a él y Polímero Espacial) en una lucha de cabelleras contra máscaras. Lo impactante, ay, cabrón, increíble, es que para ese entonces (¡seis meses!), Victorcito ya le había ganado la mata al Sanguinario, a la Pimpi, al Winners, al Fabuloso Blondy, a Rick Patterson, a Crazy 33 y a Stuka… Movidito, el chavo…

Poco tiempo después, movió ese tambo suyo, ficticio para muchos, meta, metota pa’ los demás, en el Consejo y otro tanto en el circuito independiente; nuestro Latin Sex’o Lover todavía no se hallaba; pero dudosamente, ya se había ido fijando un rumbo y todavía era muy temprano para dar marcha atrás: un par de años más tarde, en 1994 para ser más exactos, la AAA le daría la oportunidad que estaba buscando…

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De ahí pal’ real… Sus figuras redonditas, macizas, de agasajo, junto a su sonrisita de bebé y esos movimientos lambadasescos, le granjearon un lugar asignado en el corazón de las aficionadas y pronto, Latin se convirtió en objeto de sueños mmmojaditos. Y sí, le gustó. Le fascinó que lo anduvieran mirando como embrujadas, como si las hubiese mordido una víbora muy sensual; tsssss.

Le dieron unas cuantas friegas pa’que no estuviera de adornado, de fresa, de chillón; la cabeza le tañería un buen rato como si dentro se alojaran todas las campanas del infierno. Aun así, ganó un par de campeonatos; el de Parejas, el Nacional de Peso Ligero, Rey de Reyes, Campeón de Campeones AAA, el de Pesos Pesados y un par de cabelleras, entre las que destacan las del Signo, El Baby Face, Pirata Morgan, Misterioso, Héctor Descanza en Paz Garza, y Chessman, pero lo que más importa, son las victorias que obtuvo de la empanada de bacalao.

En el 2005 vende sus carnes al diablo de “Cantando por un Sueño”, el programa “Muévete” y sí, lo mejor, al de “Sólo para Mujeres”. Pues sí. En vez de que un luchador le ande agarrando sus cositas, mejor un cotarro de chuladas; sí, sí, aunque tengan una manzanota de Adán, de Pedro o de Federico en el cuello. A finales de ese año, error del destino humano: se hace caca su rodilla (otra vez) y se retira un ratito, chiquito nomás. Pos sí: removió el guisado, montó una buena y salió huyendo y lastimado.

¿Quién te mandó ser bonito y tener esas caderotas? No es sino hasta el 2008 que vuelve al ring, a su casa, la AAA, pero una vez que has empezado con eso de mover la cintura, papi, y enseñar el mondongo, es muy difícil parar. ¿Ah, sí? Pues coja sus luchitas, hágalas bolita y métaselas por donde el aire es de dudosa calidad…

Igual y ya no quería quesito sino salir de la ratonera, ¿no? Ni peiper, el muerto al pozo y nosotros al teibol. También Víctor, con sus tanguitas de corazones, quien prefiere morir acariciando una muerte chiquita que una vida llena de dolor, de sufrimiento, de amor por la lucha libre mexibroder.

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De pronto se apagan las luces/

Unos segundos más y quedará al descubierto su ¡Ay, papá!

Se enciende un reflector/

Bombín girado, más nalgas que vanidad, busto erecto, lengua de anzuelo, manos que confiesan hotelucos de malos piojos; ay, mi pájaro y nalgón, un atributo muy codiciado en un país con titipuchales de complejos…

Los embistes que hace con la cadera están llenos de promesas y de excitantes planes pa’ lo oscurito. ¡Vuelta! ¡Vuelta! ¡Vuelta! Pasito pa’delante, pasito pa’trás; a parar los glúteos de come, rasca, rompe, y a rozarse el pezón, circunferencia pal’ deleite visual.

Ah, chihuahuas, se desabrocha, no, ¿quieres? te va lentamente… que ladren.

―¡Queremos ver el King Kong!

―¡Qué bien te mueves, bizcocho!

―¡Pelos!

En seguida comienza a girar como rumbero ciclónico apoyado por el solo de congas que magnetiza el ambiente. Las mujeres gritan desenfrenadas, los hombres sufren amagos de desfallecimiento. Ay, ay, ay, mi Latin Lover, qué fortuna: tu calzón seguirá ruborizando eternidades…

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BIBLIOGRAFÍA:

MÁRAI, Sándor. 2006. La mujer justa. Trad. de Agnes Csomos. Barcelona: Salamandra.

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