Por Mixar López / @nomenclatura

Representas las agallas, el periodismo, la literatura y la música (todo lo que he querido ser). Viajaste hasta el fondo y te acurrucaste ahí, justo en el ojo del huracán, en el nido del riff de una guitarra eléctrica, en los ecos de un tambor vudú y en la química de la droga. Hundiste teclas en insólitas máquinas de escribir, como hundiste dientes en los traseros redondos de las chicas; hundiste letras en los diarios, en las revistas de música (la Rolling Stone fue toda tuya); hundiste letras de tinta oscura que después se tatuarían esas mismas chicas en los traseros redondos; hundiste teclas en la mente de un par de generaciones y en el costado de los hombres libres.

Cronicaste la música, el rock, el viaje, el sexo y la vida, a perpetuidad, sobre cementerios que no se conocían hasta que comenzaste a escribir. Entonces surgió el oficio, el periodismo musical, la euforia, la palabra, la verdadera palabra, la efusión, la magia, la soltura, la rabia, la crítica y la letra. La palabra escrita no volvió atrás. Si todo pudiera explicarse mediante la palabra, tarde o temprano hubieras acabado con el mundo. Tus palabras son la más potente droga utilizada por la humanidad.

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Lester Bangs / Foto: Charles Auringer.

Todo empezó con el Kick Out of the Jams de MC5, ¿recuerdas?, aquella banda de Detroit fundada en 1964. Se trataba de una columna que enviaste a la Rolling Stone de Jann Wenner y Ralph S. Gleason. En ese momento comenzó a escribirse la historia. La estabas redactando, la leyenda del rock and roll en una cutre y bélica revista de música. Una historia que ellos quisieron mutilar en el 73 por un comentario que hiciste en referencia a la banda Canned Heat, de John Lee Hooker; Wenner pensó que “desprestigiabas la carrera de los músicos” con tus letras y te echó.

Posteriormente te mudaste a “La Ciudad del Estrecho” (Detroit), donde hundiste de nuevo la tecla para Creem de Tony Reay, la revista creadora del concepto “punk rock”, en la columna Looney Tunes. Comenzó ahí tu leyenda como tal. El tatuaje empezó a crecer y crecer en la piel de los lectores y los oídos avisados de los escuchas. Ahí colocaste la letra, el grabado, la marca, la existencia, la sangre. En esa piel, así como en Penthouse, Playboy y The Village Voice, aquel magazine de Nueva York fundado por Ed Fancher y Norman Mailer, en el que publicarían, entre otros, Katherine Anne Porter, Ezra Pound y Henry Miller.

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Creem Magazine.

Adquiriste un estilo parecido al de Burroughs, dicen, “enfático y confrontacional”, para llevar a tus entrevistados a lugares recónditos; una entrevista intelectual, ampulosa, reflexiva y aforística.

¿Recuerdas a Joey Ramone? Fundaron Birdland en 1979 y en junio 23, en los estudios Electric Lady, grabaste Birdland With Lester Bangs, una banda influenciada más por el jazz que por el punk, afectada directamente por Charlie Parker, tienes que recordarlo. Vendría después ese chapuzón en la alberca de la anarquía que fue The Delinquents, una banda de Austin, Texas, formada en 1970 y cuyo primer material discográfico fue Alien Beach Party. Cuando pasaste a formar parte de esa banda, se rebautizó a Lester Bangs And The Delinquents, y grabaron así Jook Savage on the Brazoslester-bangs-1

Hiciste el mejor gonzo del planeta; el mejor periodismo vérité, mejor aún que el gonzo original; la mejor primera persona jamás escrita; el mejor texto desde el fondo de una botella de whisky, parado en el mástil de una guitarra o en las cuerdas de un bajo insatisfecho. Hundiste teclas como hundiste los dientes. Las marcas de esas mordidas persisten aún, en el interior de nuestras mentes y en el origen de nuestros dedos, en los que principia la escritura.

Morirías cobijado por el valium en 1982, no tienes por qué recordarlo.

Editor Yaconic

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