Por Philippe Holanada

Qué bárbaro Liam Neeson, qué caletre para romper madres: es como un furioso poema simbolista arropado con todas las artes marciales habidas y por haber. No hay duda de que es un dotado.

A partir de ahora defenderé con ahínco la atrevida e insólita hipótesis de que este Titán de un metro con 93 centímetros de estatura, podría limpiarse el culo con cada uno de Los indestructibles: Stallone, Rourke, Schwarzenegger, Willis, Li y Statham… Como lo oye: con cada uno (al mismo tiempo y por separado). No hay duda tampoco que Neeson pertenece a la vieja estirpe, anterior al predominio del Trueno.

Este nuevo “Destructor de ídolos”, nacido en Ballymena, Antrim, Irlanda del Norte, el 7 de junio de 1952,  ajusta su arte al canon clásico: el crujir de huesos y los alaridos de sus víctimas suenan al oído educado como endecasílabos y rimas gongorianas; es como un Ares indómito, aterido de sed de sangre y hambre de vísceras que aplastara por igual a troyanos y aqueos; o más bien, en su caso, nazis, malévolos agentes secretos, sicarios, proxenetas, gánsteres de Nueva York, y me aventuraré a decir que sobre todo hijueputa género de baja estofa y peores intenciones, como La Federación de Comercio de The Phantom Menace.

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Ya desde sus años mozos mostró aptitudes pugilísticas en su natal Irlanda del Norte, habiendo sido campeón de peso pesado a los 16 años: por aquellas calendas le desmadraron la nariz, aunque nunca el talante, pues a despecho de sus primeras inclinaciones de ser profe de universidad, llegó al mundo de la interpretación estudiando en la Gaiety School,  incorporándose de lleno al teatro por allá de la década de los setenta, colaborando con el Belfast Lyric Player’s Theater y el Abbey Theatre de Dublín.

Me ha inspirado de tal modo que pienso dedicarle, muy a pesar de mis horas de sueño, tantos panegíricos como puedan salir de mi Bic punto fino tinta negra (ajá, de las amarillas); pero también una apología de no menos de 700 páginas que hablen sobre las ocultas virtudes, estéticas y morales, tras cada una de sus pelis: pues en efecto, amén de la ya mencionada euritmia, uno queda verdaderamente motivado, o mejor dicho, moralizado, después de ver al coleto como, por el Canal Cinco (¡empresa socialmente responsable del año!) Unkown y Taken part one y parte dos. Encuentro a su vez en mí, por un lado, la convicción plena de que las reglas de la cinematografía deben sustituirse por la priorización del happening sobre el script, la espontaneidad sobre lo normado, la insinuación, pues, del decurso del rodaje, dando espacio a lo inesperado que supone actuar con gente que no se sabe parte de una filmación y con actores siempre en riesgo latente de cesar de actuar; y, por otro, el anhelo de contactar a cualquier costa a Neeson para venir a filmar a México, pues estoy seguro que con el talento nato de este Sun Tzu de armas tomar y mis ideas, ambos podríamos llegar muy lejos.

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De inicio, le propondría depurar al Estado de México y sus zonas limítrofes con las delegaciones más chungas del DF, de los puterillos inmundos donde la trata es moneda  corriente. Todos los proxenetas de todos los niveles serían eliminados con lujo de sevicia, tal y como lo hizo en Taken one: desde el morenazo en camiseta blanca de tirantes con sendos tatuajes de la Virgen de Guadalupe y de un corazón con las iniciales propias y de la amada en cada brazo, diente de oro y bañado en agua de colonia Sanborns, hasta el obeso mórbido de Cuauhtémoc no sé qué no sé cuál (no quiero acordarme), o los legisladores panistas que constantemente confunden tribuna con púlpito; pero no tienen reparos al echar mano de recursos públicos  para irse a distender después de sus arduas jornadas legislativas a los giros negros de sus archirrivales priístas, como los del Cuauhtémoc antes aludido.

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Y creo que ya en marcha el asunto, y para apegarnos a las normas clásicas del rodaje, podríamos pedir la colaboración del gobierno priísta del estado de Tlaxcala, para ir a rodar a aquella Meca de la esclavitud sexual. Y si después de toda esta epopeya las fuerzas de mi Atila no han menguado, emprenderemos una nueva gesta en dirección norte, esta vez contra otra moneda de circulación nacional: el feminicidio, en su misma cuna, Ciudad Juárez, del estado de Chihuahua. ¡Qué suerte tienen los pobres gobiernos priístas de que a las plagas sociales les guste cebarse en sus estados!

Debido al estado vigente de putrefacción en todos los órdenes de la vida pública, podríamos estar de gira-rodaje en la casi totalidad de las entidades de la República, ora contra cárteles políticos, ora contra bancario/financieros, ora contra industriales/empresariales. En este gran albañal llamado México las posibilidades y combinaciones son enciclopédicas, y sólo alguien con las gónadas de Neeson, es decir, ¡el mismo Liam Neeson!, podría ensuciarse las manos en tanta porquería apenas inmutándose.

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Enfocándolo así, nuestra peli desafiaría la superstición generalizada de que fue una buena inversión del gobierno de Peña/Mancera aquella que hicieron con Spectre, pues a quien considero la quintaesencia del chingadazo le bastará con que los fotogramas puedan capturar sus raudos golpes quirúrgicos. El hiperrealismo que propongo no requeriría transformar el Zócalo, cabecera municipal o cualquier otra sede del crimen organizado en torno a la cual se encuentren establecidos comerciantes formales o informales, pero igual de chambeadores, a los que el cierre de avenidas y calles únicamente puede suponerles mermas irrecuperables que ningún órgano de recaudación está dispuesto a compensar (aunque sí alentar), tal y como costó hacer unos minutitos de la nueva del 007.

Nunca la flema inglesa podrá nada contra el cacumen de un caudillo como el Centauro del Norte, quien décadas  antes supo que el verdadero peligro de la vida es la innúmera cantidad de pendejos, a lo que hoy tendríamos, más que nunca, darle todo el énfasis posible, y agregarle que son los pendejos e-m-p-o-d-e-r-a-d-o-s la pandemia nacional. ¡Si tan sólo Bond hubiese sabido esto! Debiéramos por igual reclamar a nuestra ínclita casta gobernante que el dinero de nuestros impuestos que buenamente destina al apoyo del cine extranjero en detrimento del nacional, fuese mejor usado para traer a güeyes como Liam Neeson, para que depuraran nuestro aire viciado tirando rodillazos en los güevos a mansalva allí donde el largo brazo de la justicia mexicana no puede llegar… (Si alguna alegoría le cuadrara justamente, no encuentro otra mejor que la del Chapulín Colorado, ¡caro personaje del noble pueblo mexicano!).

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Dado el amplísimo espectro teratológico que exhibe nuestro status quo, iré más allá diciendo  que la necesaria intervención de Neeson tendría que ser vista no sólo bajo el indudable beneficio cinematográfico redundante sobre la “Marca México” —es decir, el modo en que algunos quieren que México sea visto allende sus fronteras, aun cuando dicha imagen en poco o nada se parezca al México de Chimalhuacán con todo y su Mazzinger de Sebastián,  o al de Tierra Colorada, o Arriaga… ¡pero también al otro modo en que los mexicanos nos gusta percibirnos a nosotros mismos y que los demás nos perciban: como lo más acendradamente chingón que ha dado la existencia, ante cuya presencia el extranjero ha de experimentar un profundo resentimiento contra sus bajos orígenes!—, sino también político, económico, social, cultural… Nunca, desde cuando el Santo, Blue Demon y Mil Máscaras mantenían el lábil equilibrio maniqueo entre el bien y el mal que ha signado el destino del país más allá del pancracio… nunca, digo, nadie ha hecho tanto. Ni volvamos al cabrón del cero cero siete, quien no dudó en embolsarse el varo que le ofrecieron los dueños de este cotarro con tal que en la peli apareciera con el glamour de Versalles, y ante cuyo espíritu justiciero pudieron más los aplausos y las palmadas al hombro de todos estos empoderados que el deseo de procurarle un bien al loable pueblo que seguía impertérrito cada una de las cardiacas acciones del filme detrás de las vallas… ni agentes secretos europeos… ni político alguno han hecho tanto… ni poco.

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¿Podría entonces considerarse en serio la posibilidad de prospectar para la cristalización de esta idea una pequeña porción de la partida electoral, al menos de los del dos mil dieciocho… digamos, algo así como una quingentésima parte? O sea, cosilla de nada, en relación a lo gastado por todas las formaciones políticas y por las indudables providencias que esta mezcla de Mesías y Jinete Rojo del Apocalipsis podría traernos… Pienso que sería cosa de llevar la idea al Congreso… Mientras tanto, tal vez podría irse adelantando algo con la creación de un hashtag como #SaveUsLiam o #MexicoNeedsUNesson…  Crear algo en Change.org… Qué sé yo…

Si el milenarismo prometido no nos alcanzó ni en el 2000 ni en el 2012, y por tanto, hemos de vernos condenados a este valle de lágrimas ante el que el del buen San Buenaventura parece más bien un Six Flags escolástico, donde a diario desaparecen grupos de gente, mujeres, niños, se extorsiona, viola, secuestra, roba a todos los niveles y trafica con todo lo que se pueda… se depaupera a diestra y siniestra a la población con IEPS y demás chingaderas ininteligibles que ni a los teólogos se les podrían ocurrir, y en general se expropian derecho y revés de cualquier cosa en beneficio exclusivo de quien tiene varo para comprarlo, y nadie, pero absolutamente nadie de quien debiera evitar que esto ocurra, hace nada… ¿es entonces muy absurdo creer fervientemente que Liam Neeson podría venir a hacerlo? Al menos yo estoy seguro que alguien con la experiencia de Caballero de la Mesa Redonda (Sir Gawain, en Excalibur, de John Boorman, 1981), de salvador de judíos en el Holocausto (Oskar Schindler, en La lista de Schindler, de Steven Spielberg, 1993), de un maestro Jedi (Qui-Gon Jinn, en Star Wars: Episode I – The Phantom Menace”, de George Lucas, 1999), o de madreador general en las ya mencionadas Unkown, Taken 1 y 2, por mencionar sólo algunas de sus credenciales, sí podría… Nissi credideritis, non intelligetis (“Si no creéis, no entenderéis”), dijo Agustín de Tagaste…

 

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