EL POETA RÍSPIDO DE PERÚ

Lizardo dice que se siente como la posibilidad de un incendio: tan sólo es una cabecita de fósforo; pero que con una chispa, ésta puede incendiar la pradera.

Lizardo Cruzado

Por Rolando Vieyra Solares / @VieyraSolar
Ilustración Abia Dina Díaz

Me emociona ir a una biblioteca tanto como a otros les emociona ir a los clubs de nutrición. Existen dos motivos para ello, ambos tienen que ver con mi infancia: 1) En mi casa había muy pocos libros. 2) En la primaria a la que asistía, ir a la biblioteca fue considerado siempre como un premio —el más grande— y entre mis compañeros había una satisfacción colectiva por ese lugar.

Suelo frecuentar bibliotecas y fue en una de ellas que me encontré no El libro salvaje de Juan Villoro, pero sí otro libro que me esperaba para ser leído y liarse en mi vida de la misma forma en que a otros les ocurre en la sangre con la heroína: Antología de la poesía Latinoamericana del siglo XX, compilado por Julio Ortega e impreso por la editorial Siglo XXI. El primer poema que figura es Para M.M. y tiene un epígrafe explicativo que hace poco más de 15 años me parecía peculiar: (O sea, para Marilyn Monroe; para Mi Madre). Al terminar de leerlo pensé en Andy Warhol; en los readymades de Duchamp; en la teoría edípica de Freud; y también, por supuesto, en mi madre.

Leía la antología cada vez que podía y siempre volvía al primer poema. Me parecía el más provocativo no sólo porque utiliza la palabra “mierda” en un sentido tan justo y deprimente a la vez, sino porque la voz del autor pone al mismo nivel la muerte de Marilyn, tan trágica y misteriosa, como sabemos, y su nacimiento. Y es aquí donde me pregunté: ¿quién es Lizardo Cruzado?, ¿cómo fue que Julio Ortega lo encontró?, ¿qué ha pasado después de esa antología?, ¿tendrá alguna relación con los otros poetas de esa misma antología? Me respondió: La verdad es que desconozco cómo. Después de ello no pasó nada, que yo sepa. De hecho, ni siquiera poseo un ejemplar de ese libro. Y no tengo contacto con escritores de mi generación o de ninguna otra.

Al leer la respuesta recordé otro epígrafe que viene en el libro Bartleby y compañía de Enrique Vila-Matas, que dice así: La gloria o el mérito de ciertos hombres consiste en escribir bien; el de otros consiste en no escribir. El autor es Jean de La Bruyère. Vila-Matas les dice bartlebys a esos seres en los que habita una profunda negación del mundo; rastrea este síndrome en la literatura y clasifica a escritores que teniendo una conciencia literaria muy exigente han dejado de escribir. Encuentra a Rimbaud, Juan Rulfo, Wittgenstein y muchos otros. ¿Lizardo Cruzado les hará compañía?

Hace dos meses llegó desde Perú el libro de poesía de Lizardo Cruzado, Este es mi cuerpo, y lo recibí como otros reciben las llaves de un auto nuevo. La portada tiene el diseño de una lata insecticida de Baygon —de nuevo Warhol— con su respectiva cucaracha y la advertencia: Manténgase alejado de los niños. Luego le pregunté si era su único libro impreso o si había más. Sí, es mi único libro de poemas. De hecho yo no quería publicar sino que anduve muy dolido en esa época de adolescente y quería dejar de escribir: publicar fue como quemar mis naves. El editor fue un amigo que al poco tiempo también murió…Lo que pasa es que yo escribí por esa época: mi adolescencia. Supongo que ya llegará otra epoquita. Nunca tuve oficio, solo improvisé.

El editor al que se refiere es Tomás Ruiz Cruzado y la época son los 90, en Perú. Bajo el sello Camión Editores (muchos han dicho que era mítico) se publicó la serie Los hombres duros del 90. Uno de esos hombres era Lizardo; sin embargo, en el prólogo, Beto Ortiz —¿polémico periodista peruano?— le quita ese carácter de duro para ponerlo como un auténtico hijo de mamá: Lizardo distaba mucho de ser el Jim Morrison de la poesía peruana. Se peinaba con raya al costado, parecía haber sido primorosamente vestido por su mamá (con el ropero de su papá) y en su cara de chancón, de acolito o de lorna no quedaba espacio para más granos.

Ese supuesto hombre duro que describe Ortiz tenía 15 años de edad, odiaba a César Vallejo y empezaba a postularse como creador de una nueva corriente poética: el realismo chistoso. No, César Vallejo en mi adolescencia fue el tótem víctima de todo parricidio adolescente. Pero la adolescencia pasa, como todo, y sería necio negar su magisterio. Mario Vargas Llosa es un novelista que he frecuentado, claro que sí, y admiro su obra. Ah, yo he trajinado muy poco la poesía, lamentablemente, yo quería ser narrador pero no me alcanzó para eso. ¿Influencias? La verdad que yo he imitado a todos los que leía en esa época pero no recuerdo quiénes. 

Lizardo: ¿La poesía es un acto de esnobismo? ¿Los poetas sólo piensan, creen y leen a los poetas? ¿Consideras que leer se ha vuelto un lujo? ¿Cómo evitar el tema del clima y los lugares comunes en la poesía? No. No es un acto de esnobismo pero todo puede volverse esnob, por otra parte, ¿no? No es malo serlo, en mi adolescencia me horrorizaba pero también lo fui, a mi modo. ¿Leer es un lujo? No, pero sería bueno leer más. No veo por qué evitar los temas comunes, a fin de cuentas todo se repite de un modo u otro, la novedad también se repite. 

La pregunta anterior la hice aludiendo al final de uno de sus poemas: bah/ cuando los poetas hablan del clima/ es/ porque no tienen ya nada de qué hablar. Quizá por eso después de publicar Este es mi cuerpo Lizardo dejó de escribir para dedicarse a la medicina, así como Rimbaud se dedicó a comercializar con esclavos o Thomas Pynchon a redactar fichas técnicas de aviones para la aeronáutica Boeing. Soy psiquiatra. En la circunstancia en que me tocó ir a la universidad, eso fue lo que me tocó, no la literatura sino la medicina. Además yo siempre he sido demasiado pusilánime para dedicarme a un oficio con pequeños riesgos como la literatura.

Pese a ello, y a más de una década de la aparición de su libro, Lizardo propuso nuevas realidades; expandió el léxico poético a territorios poco explorados que apenas hoy se recorren de manera tímida. Su poesía, sin duda, es heredera del más duro espíritu de las vanguardias pero se aleja de su horizonte utópico; es verosímil y plausible. Lizardo la considera inactual. Inactual porque ya pasaron años de eso, ¿no? La actualidad literaria radica en los últimos cinco minutos o en ser un clásico.

“La actualidad literaria radica en los últimos cinco minutos o en ser un clásico”.

El aire incierto apesta es un poema de Lizardo que me recuerda a los artefactos poéticos de Nicanor Parra, pero también a una nueva corriente de análisis literario que se llama afterpop, propuesta por Eloy Fernández Porta y secundada por Agustín Fernández Mallo.

Le pregunto cómo clasificaría su poesía y también si se han hecho estudios o análisis de ella; si su obra habrá entrado a la academia peruana; y a qué tipo de lectores se dirige. Discúlpame, pero yo no sé cómo se hacen esas cosas que mencionas, lo lamento. Qué va a haber entrado en la academia, por favor. Nunca pensé en ningún tipo de lector específico. Probablemente sólo quise caerle simpático a todo el mundo.

El aire incierto apesta a coliflores

las malaguas sonríen

a todo lo largo del

verano

qué divinos los querubines jugando entre los perros

ya eres un hot-dog

embarrado de mostaza

 

y alguien que toque la puerta

al otro lado de los pájaros      no lo toques

déjalo soñar y que cante

que muera atravesado por la lluvia

 

un escorpión más       dorado entre los sueños

(strip-tease frente a la realidad)

En otra de sus piezas, Como diminuto incendio…, Lizardo dice que se siente como la posibilidad de un incendio porque tan sólo es una cabecita de fósforo; pero que con una chispa, ésta puede incendiar la pradera. Uso esa metáfora para preguntarle si se puede incendiar la literatura con un solo poema. No. Pero hay poemas inolvidables. Ahora no recuerdo ninguno. 

La ironía, figura retórica que afecta la lógica de las cosas, de los textos, es una peculiaridad en Lizardo. Así que le pregunto por qué la utiliza, qué tiene de atractivo y cuál sería la mejor forma de usarla. La ironía es un rasgo de mi personalidad. Es una forma pasiva de agresión. 

“Siempre he sido demasiado pusilánime para dedicarme a un oficio con pequeños riesgos como la literatura”.

 

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