Por Raúl Campos / @snarulax

Cuando un vainilla (palabra que designa a las personas que sostienen sexo “convencional”, en el argot del sadomasoquismo) escucha el término bondage, lo más probable es que su mente se inunde de escenas en las que una dominatrix, enfundada en cuero negro, clava sus tacones de aguja en la espalda de su esclavo, que a gatas recibe latigazos en las nalgas, alguien sujetado a la cabecera de una cama con esposas rosas afelpadas o, en el caso más jodido, una horda de ´ñoras jariosas portando playeras con la leyenda “sumisas” haciendo fila para ver 50 Sombras de Grey.

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Y puede que generalmente sea así, pero entre la surtida oferta de prácticas eróticas a disposición, existe el shibari, arte japonés de las ataduras eróticas cuyo estilo, estética y efectos en sus ejecutantes la han hecho sobresalir del resto; a tal grado que se insertó dentro de la escena del arte contemporáneo y la moda.

El shibari nació en el Japón feudal (1603, aproximadamente) como una técnica exclusiva de los samuráis —denominada hojōjutsu— para someter, torturar y castigar criminales utilizando exclusivamente cuerdas; y los amarres se hacían de tal forma que el prisionero terminaba inmovilizado y en una posición humillante. Los samuráis presionaban puntos de dolor, dificultaban la respiración y generaban una pobre circulación sanguínea en la víctima. Todo sin causar daños permanentes.

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Con el tiempo estos amarres adquirieron una connotación más sexual y erótica. Y no fue hasta 1928, cuando el artista japonés Seiu Ito —a quien llamaban “el pintor de la perversión”— publicara el primer libro fotográfico de kinbaku,  una forma artística de bondage inventada por él que convertía al hojōjutsu en amarres dirigidos a estimular zonas erógenas. El libro se llamó Seme no Kenkyu (Investigación sobre la tortura), y fue prohibido casi instantáneamente.

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Posteriormente, tras la apertura hacia Occidente que se dio en Japón tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, conceptos como los del Marqués de Sade e íconos pop como Bettie Page, y revistas como Fuzoku Soushi, y Kitan Club (en las que colaboraba Seiu Ito), hicieron que en 1950 se popularizara el kinbaku, que tras ser exportado a Occidente en los noventa, comenzó a ser llamado shibari.

Las fotos de este reportaje son del acto de la nawashi o maestra de las cuerdas, Saki Kamijoo, la segunda más veloz del mundo, y la modelo June St. Paul, durante su visita a México.

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Redacción Yaconic

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