Por Scarlett Lindero Cortés / @ayapocosi

Imágenes: Cortesía Galería José María Velasco

Escritura con luz. Así definía Héctor García (1923-2012) a la fotografía. Pata de perro, bracero, flâneur, fotoperiodista, García comenzó a cultivar su obra desde las entrañas de una Ciudad de México en blanco y negro. Tiempos en los que se inauguraba la Torre Latinoaméricana y el nuevo mercado de la Merced; la ruptura estaba a flote, como los asaltos con cuchillo en mano. Eran los cincuenta.

Las fotografías de García son reconocidas como una de las crónicas gráficas más vibrantes de la ciudad de medio siglo; fotos en las que la calle y sus vericuetos son los grandes protagonistas. Héctor decía: “Preferí la realidad, la vida y me convertí en un testigo del acontecer social del país. La calle me pareció, con mucho, un escenario más amplio donde sucedían más cosas, con personajes de la realidad más ricos en vida, en concepto y forma”.

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Parte de esa realidad que García fotografió se exhibe en La dolce vita: Héctor García y la Ciudad de México, en la Galería José María Velasco de Tepito. La dolce vita recoge dos series temáticas: Sucedió en los años 50, integrada por 44 imágenes, y Siqueiros. Artista ciudadano, 10 piezas que Héctor tomó al muralista en 1960, cuando éste fue recluido en la siniestra carcel de Lecumberri acusado de disolución social, debido a su activismo sindical.

Héctor nació en la colonia Candelaria de los Patos en 1923. La marginación del barrio donde creció detonó en él su curiosidad entre las calles del centro de la capital, materia prima para su trabajo. Insaciable, recorrió una urbe que comenzaba su imparable expansión.

Sobre la época, Jack Kerouac escribiría en En el camino: “…de pronto pasábamos por por delante de cafés abarrotados de gente y de teatros de muchas luces. Chillaban los vendedores de periódicos. Los mecánicos estaban sentados tranquilamente con llaves inglesas y destornilladores en la mano; y descalzos… El ruido era increíble. En los coches mexicanos no hay silenciadores. Se puede tocar la bocina todo lo alto que se quiera.”

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Con el apoyo de su maestro y colega Manuel Álvarez Bravo, Héctor García comenzó a dominar la fotografía urbana. En 1945 ingresó a la Academia de Artes Cinematográficas, donde conoció a los escritores Salvador Novo y Xavier Villaurrutia, y al cineasta Gabriel Figueroa; ellos lo orientaron en la definición de una estética fotográfica que abrevó del cine.

FOTÓGRAFO SOCIAL

“Lo importante de la obra de Héctor García desde sus inicios es su actitud crítica social y la profundidad que de ésta emana […] no es arte purista que pretenda, como muchos insertados en el boom fotográfico, el refocilamiento de los malabares, lucecitas y texturas; busca, eso sí, la máxima expresión humana […] es violento, apasionado y generoso: constantes que se reflejan en su obra fotográfica”, dijo el también fotógrafo Nacho López sobre la obra de su colega.

La sensibilidad y curiosidad, acercaron a García a situaciones cotidianas que enmarcó un toque de ironía. Capturó la convulsión social, como el movimiento ferrocarrilero en 1958, lo que le valió el Premio Nacional de Periodismo.  Lo mismo sucedió con las manifestaciones estudiantiles de 1968, en calidad de profesor del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM. En 1978 fue laureado por tercera vez tras retratar el conflicto bélico en Oriente entre Palestina e Israel.

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Héctor publicó sus fotorreportajes en revistas como Mañana, Siempre!, Life, Time y en diarios como Excélsior y Novedades, a la par de su trabajo en su agencia, Foto Press, que había fundado en 1950. Entre los premios que recabó estuvieron el Premio Nacional de Artes y Ciencias (2002); en tres ocasiones el Premio Nacional de Periodismo (1958, 1969, 1979); y el premio a la mejor cinta etnográfica en el Festival de Popoli en Florencia (1972).

Encabezó más de 65 exposiciones individuales en México, Cuba, Francia, Suiza, España, Alemania, Italia, Colombia y Venezuela, entre otros países, y falleció el 2 de junio de 2012 víctima de una insuficiencia respiratoria causada por una arritmia cardíaca.

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La dolce vita: Héctor García y la Ciudad de México a mediados del siglo XX estará hasta el 20 de noviembre en la Galería José María Velasco, ubicada en Peralvillo No. 55, en el barrio de Tepito; la entrada es libre.

Editor Yaconic

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