Por Emiliano Escoto

Fotos: Los Larva

Elige la vida, elige un empleo, elige una carrera, elige una familia, elige un televisor grande que te cagas, elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos (…) elige tu futuro, elige la vida. Pero ¿por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida, yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? ¡No hay razones! ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína? Irvine Welsh en Trainspoting.

—¡Maldita piedra!

Grita La Golfa cansado de tanto tocar. Varios de los que estamos en el lugar reímos al verlo con la panza sudorosa y la respiración entrecortada. La seriedad de su comentario me asusta un poco. No sé si es una broma o si realmente comienza a sentir los estragos provocados por fumar crack. ¿Fumar piedra, así, como si fuera cualquier cosa? ¿Por qué no?

La Golfa es el que toca el bajo de la banda; un tipo de más o menos 1.70 metros de estatura, tez morena, cabello negro lacio y voz ronca, más que ronca, aguardientosa. Según me han contado, estudió en el Tec. de Monterrey y tiene una extraña habilidad con las mujeres: siempre tiene alguna novia extranjera. Por varios años ha compartido casa en la Condesa, sin pagar casi un peso, con sujetos que llegan de intercambio desde diferentes partes del mundo.

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El ensayo ocurre en una enorme casa que funciona como estudio de grabaciones en la calle de Monrovia #516, cerca de la estación Eje Central de la línea 12 del Metro de la ciudad. Junto a la entrada del lugar, una mesa redonda con varias sillas de plástico funciona como descanso para las bandas. Está justo afuera de la oficina administrativa en donde venden cervezas, sándwiches, hot dogs y otros refrigerios. En esa mesa nos acomodamos todos: la banda conformada por Alo, La Golfa, El PericlesIván y los amigos-groupies-agregados: la francesa (guapísima), la novia de La Golfa (aún no sé si realmente son novios o si todo es una broma) y yo.

Después de meter varias ampolletas de cerveza a nuestros organismos, El Pericles anuncia muy emocionado que alguien apodado el Bambam (o algo así) les consiguió la oportunidad de tocar junto a Seguimos Perdiendo, uno de los representantes más importantes del punk mexicano de los recientes años. La última vez que tocaron en el mismo cartel con esa banda llegaron más de dos mil personas, según calcula La Golfa. Con el recuerdo de ese concierto comienzan, uno por uno, a relatar diferentes historias de diferentes tocadas.

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Pericles es el que toca la guitarra y el último que se unió a la banda. Es un tipo con una postura cínica y burlona. La vida parece un juego cuando uno está cerca de él. Se intuye imposible quitarle la sonrisa, aunque sus ojos, vivos y directos, permiten imaginar a un tipo que ha vivido cosas duras, que le han enseñado a estar al tiro todo el tiempo. En algún momento de la charla, Pericles recuerda sus épocas de monoso y piedroso. “Sólo fueron como tres años los que fumé piedra y me metí monas”, cuenta entre risas. La Golfa hace memoria con una expresión de asco y vergüenza, algo raro en él (lo de la vergüenza).

—¿Y se acuerdan cuando Alo fumó coca de cien pesos en una lata? –continúa Pericles uniéndose a la banda.

—No mames, por cien pesos claro que no era coca –responde Alo en su defensa.

ALO

Alo es el cantante de la banda. Lo conocí cuando yo tenía más o menos 15 años. Llegó un día a un taller que mi papá daba de periodismo, le encantó el rollo underground y contracultural que tiene Generación, la revista independiente que mi padre publica desde hace 27 años. Inmediatamente se volvió parte de la familia. Mi papá lo tomó como un segundo hijo: su hijo intelectual y de desmadre. Con el paso del tiempo, Alo y yo nos hicimos buenos amigos, hemos formado una hermandad extraña. Pareciera que nos unen esas ganas de hacer las cosas a nuestra manera y de gritar bien fuerte lo que sea que tengamos que gritar.

En alguna ocasión Alo me invitó a verlo en una tocada en el Pasagüero, antro ubicado en la calle de Motolinía, entre Madero y 16 de Septiembre, en el Centro. Al llegar escuché una voz que me parecía conocida, me acerqué a la parte trasera del lugar, donde son los conciertos, y vi a mi amigo con su figura regordeta, sus cabellos chinos y sus inconfundibles bermuditas haciendo pruebas de sonido.

—Todavía no vamos a empezar porque va llegando mi amigo –gritó Alo en el micrófono.

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La batería sonaba muy acelerada. Los tambores retumbaban en mi cabeza como el martilleo de un taladro contra la pared. Imagino que ésa es una de las razones por las que el punk no es para cualquiera. Una fuerza particular entra en todo tu cuerpo y poco a poco te pone a bailar: primero la cabeza se mueve de arriba abajo, de un lado a otro. Luego los antebrazos se columpian hacia adelante y hacia atrás al ritmo de la tonada. Por último, el cuerpo entero comienza a brincar mientras los brazos y la cabeza se mueven para cualquier lado. La energía de este movimiento llega a ser tan fuerte que, invariablemente, chocas con la gente a tu lado. Gente que, casualmente, está haciendo exactamente lo mismo que tú. Comienza el slam, mejor dicho, el pogo: todos chocando contra todos, golpeándose muy fuerte. Una lluvia de puños y patadas cae desde cualquier parte. No hay una razón para seguir esta inercia absurda, es la lógica salvaje del pogo en una tocada de punk: el pogo no tiene ninguna razón, no la necesita.

SAYAVEDRA

Los Larva evocan diferentes tocadas, en diferentes lugares, mientras seguimos bebiendo en Monrovia. Recuerdan aquellos Halloween en el condado de Sayavedra, uno de los primeros conjuntos residenciales de lujo del Estado de México, famoso en los años setenta. Ahí pateaban botes de basura, espantaban niños, provocaban peleas. Se metían todo tipo de drogas y bebían cerveza hasta quedar tirados. Incluso llegaron al límite de que un grupo de patrullas los escoltara fuera del condado.

—Somos buscados en Sayavedra –dicen con orgullo.

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Ya ninguno vive ahí. Los únicos que permanecen en ese lugar son los padres de La Golfa y la madre de Iván. Iván toca la batería, es el mejor de todos y nunca pierde el ritmo. Incluso de pronto hace solos conectando cada golpe de bataca de maneras impresionantes: los tambores se conectan con los pedales y los platillos siguiendo un orden exótico y salvaje pero agradable al oído; un ritmo violento que invita a bailar frenéticamente, ese ritmo tan particular del punk que incita a perder la cabeza.

LOS INICIOS

La banda comenzó cuando Alo y La Golfa se conocieron en la secundaria, una escuela de Lomas Verdes que se llama Anne Sullivan. Escuela clasemediera, fresa y estricta a la que, por lo menos Alo, odiaba bastante. Se conocieron porque La Golfa, con algunos amigos, formó un grupo que se reunía para patinar e ir a tocadas de punk rock. Veían bandas como Hulespuma o Los Imposibles, entre muchas otras.

Para la prepa, cada quien se fue a una escuela diferente, Alo terminó en una llamada Carol Baur y La Golfa en el Tec. En el segundo año La Golfa empezó a tocar la guitarra en un grupo que tenía en la batería a Iván, un vecino suyo con el que patinaba desde niño y con el que iba a la prepa. En el bajo estaba un tipo apodado El Gordo, al que conocieron un par de meses antes de que lo corrieran del Tec. La banda se llamaba Rejilla sin Luz y querían ser anarcopunks del Chopo aunque ensayaran en Condado de Sayavedra.

Alo estuvo toda su infancia en aquella escuela de Lomas Verdes junto a otro personaje llamado Kike. Con él compartió también la prepa, las tardes de patinaje y las tocadas punk. Después de un tiempo de ir a escuchar los ensayos de Rejilla sin Luz, Alo y Kike intentaron también armar una banda. Después de un par de intentos se terminaron fusionando con las Rejillas. Formaron una cosa que al principio se llamó Pura Fiaka y después se convirtió en Los Larva. Por ese entonces los integrantes de la banda eran Kike, la Golfa, el Gordo, Ivan y Alo.

Rejilla sin Luz tocaba algo un poco denso. Sus influencias eran Eskorbuto, Masacre 68 y The Casualties. Luego, en Pura Fiaka y Los Larva, cambiaron de estilo y comenzaron a tocar rock punk al estilo argentino siguiendo la influencia de Seguimos Perdiendo. Sus referentes eran una mezcla de lo que siempre escucharon, bandas como Attaque 77, Flema o Dos Minutos, con bandas que conocieron después como Cretinos, Embajada Boliviana o el trabajo de Juan Novoa. La música de Los Larva siempre ha tenido un estilo cercano al punk rock con la baja calidad que no pueden evitar y que por momentos disfrutan, disfrutamos.

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El Gordo fue el primero en salirse. Dejó de tocar porque pasó de ser anarcopunk mugroso, con mohawk de 30 centímetros, a llevar el pelo a rape y a juntarse con tipos radicales que seguramente conoció en el Chopo. Se puso a hacer ejercicio y a llevar una vida distinta. Él le llamaba “educación castrense”. Comenzó a autoproclamarse facista, a llevar un montón de estampas racistas y antisemitas y al parecer se llegó a reunir con Salvador Borrego, famoso escritor fascista mexicano. Los Larva nunca conocieron bien a su amigo facho ni saben mucho de eso; pero a Iván, que era el más “blanquito” de la banda, lo intentó convencer de formar un grupo de RAC (Rock Against Communism). En medio de todo eso dejó la banda y, hasta donde saben, se involucró con un grupo neonazi o fascista más de lo que pudo controlar y cuando intentó salirse tuvo que alejarse de la Ciudad de México. En algún punto se dio cuenta que había tenido un desplante juvenil exagerado y ahora vive una vida tranquila junto a su esposa y dos hijos.

La salida de Kike se dio a partir de varias coincidencias. Todo comenzó en el momento en que los demás se aburrieron de la calma y empezaron a intentar algo más acelerado, como el hardcore melódico que escuchaban en la secundaria: Bombshell Rocks, Rancid, NOFX y demás bandas que conocieron en los Punk O’Ramas, pero sin dejar por completo lo que ya tenían. Así como aceleraron el ritmo, aceleraron el desmadre: se emborrachaban hasta vomitar y eran medio lacras. Formaban parte de una especie de pandilla bastante grande de amigos gandallas. En las fiestas algunos robaban celulares y carteras, otros se metían en peleas por cualquier motivo y los que menos, taloneában, se emborrachaban y hacían tonterías. A Kike nunca le gustó nada de eso, sólo la música, y durante una muy larga temporada, los ensayos y las tocadas, eran sólo pretextos para todo lo demás.

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La gota que derramó el vaso se dio en un cumpleaños de Kike en el que fueron a jugar futbol: Iván, La Golfa y otro amigo que se llama Duque. Se robaron el celular de otro amigo, del cumpleañero, y además estrenaron una pistola de Gotcha pintando la casa y los coches de los invitados. En aquello años los celulares eran menos desechables y en una reunión tan cerrada era obvio a quién se iba a señalar. Ellos lo negaron hasta que se revisaron las cámaras de seguridad. Eso fue lo que más emputó a Kike. A partir de ahí se alejó de Los Larva. Sin embargo siguen en contacto; de hecho, en diciembre pasado, volvieron con él al estudio después de casi diez años, y como ahora es fotógrafo, tomó algunas cosas que quieren usar para un video.

DEMOLER, DEMOLER

Los Larva tocan enérgicamente en este ensayo de Monrovia. Como si estuvieran en vivo y con público. Llama mi atención que tanto La Golfa como El Pericles están sin playera. Nunca supe si lo hacen porque así se sienten más rebeldes, porque así están más cómodos o porque sudan menos. No importa la razón, ellos no necesitan razones.

—¡Pausa para fumar!

Alo deja el micrófono, Pericles la guitarra y La Golfa el bajo. Salen a una terraza por el lado izquierdo de la habitación. Se amontonan para fumar un porro. El único que no sale es Iván. Él se queda sentado en su batería golpeando suavemente los platillos, entrando en un trance que poco a poco comienza a cobrar fuerza hasta construir un solo muy potente que llega a un punto máximo de energía para luego bajar lentamente y convertirse en un ritmo cumbiero tropical.

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“Esta noche sin rumbo, esta noche sin rumbo, esta noche sin rumbo”. Se puede sentir la falta de rumbo en la voz que combinaba perfectamente con la batería. “Vamos a reventar sin pensar en el mañana que tal vez nunca vendrá. El tiempo no da vuelta atrás, hay que vivir a máxima velocidad”. Parece que al cantar vomita las palabras, sus mejillas se ponen rojas, su espalda se encorva hacia adelante y cada palabra es como un pedazo de mierda que sale con fuerza por su boca: “DEMOLER/ DEMOLER/ DEMOLER DEMOLER”.

Termina el ensayo y todos estamos cansados. Entra un pelón a apagar los equipos y El Pericles pregunta en cuánto saldría hacer una grabación. “No hay problema con el precio, el Tohue paga”, dice. Resulta que el mezcal que hemos estado bebiendo es el nuevo negocio de La Golfa. Quieren una grabación con máster chingón y equipo mamón. “See you in hell”, dice la playera del pelón y pide que le cuenten concretamente qué quieren hacer.

—Grabar unos videos, salir en MTV y vivir junto a Snoop Dogg –responde La Golfa sonriendo como siempre.

Los Larva están por grabar su segundo disco de estudio. Después de una producción muy modesta en uno más pequeño y con cuyas rolas no se hizo gran cosa. Este segundo disco se grabó en Estudios Noviembre, que es el negocio de un muchacho que grabó el primer demo de la banda con su compu, en el cuarto donde ensayaban hace más de diez años. Piensan presentar este disco pronto, pero seguro antes de eso sabremos más de ellos.

Los Larva presentan su nuevo disco en La Pulquería Insurgentes este jueves 12 de mayo a las 10 pm. Checa la información AQUÍ.

Editor Yaconic

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