ENTREVISTA A SUSANA VARGAS CERVANTES

Por Rolando Vieyra Solares / @VieyraSolar

¿Cuántos de nosotros hemos dicho que Mujercitas es la novela más rosadita de la literatura gringa? Y de alguna manera lo es, pero gracias a Carlos Zamayoa, director editorial de la revista Alarma!, este título decimonónico tomó un giro lingüístico lleno de picardía, de machismo y de violencia en las páginas de esa revista, con la publicación de una serie de reportajes entre 1963 y 1986 sobre los “mujercitos”, hombres vestidos de mujer que fueron detenidos en varios estados del país durante esos 23 años.

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Mujercitas fue escrita por Louisa May Alcott en 1868. La novela narra la transición, el crecimiento, de cuatro adolescentes, casi niñas, que sufren los estragos de la Guerra Civil en los Estados Unidos, mientras tratan de seguir las reglas de conducta que se les imponían a las mujeres de su edad (y parece que algunas de estas normas aún siguen en boga), además de desprenderse de ciertos vicios morales (¡pecadoras!) hasta llegar a “convertirse” en mujeres por medio del matrimonio.

Zamayoa pervirtió el diminutivo castellanizado de “littie women” para generar un binomio a la medida de su línea editorial: mujercitos/hombrecitas. En esta última corrupción de lo sustantivo, mujer/hombre —que pasa a ser diminutivo para después terminar en su contrario genérico—, existe una carga de sentidos que solo se puede entender una vez que se observan o se leen las descripciones de las personas a las que designa (con lo que también se puede volver adjetivo).

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Lo singular de este acontecimiento fue investigado por Susana Vargas Cervantes, quien logró reunir 286 casos de mujercitos. Posteriormente, en 2014, parte de esas historias (sobre todo las fotos) fueron publicadas por la Editorial RM en un volumen de 96 páginas, con prólogo del crítico de arte Cuauhtémoc Medina. Susana Vargas me concedió una entrevista para escuchar y entender más sobre su libro. Esto fue lo que me contó: 

Los términos que acuña Carlos Zamayoa, “mujercitos/hombrecitas”,  contienen esa referencia literaria; pero, en este caso, ¿cómo entender su estructura lingüística, literaria y periodística?

Alarma! se caracteriza por el juego gramatical de los títulos en sus noticias. Ésta es una de las características de la revista, y de la nota roja. Alarma! definió nota roja como un género de crónica de violencia muy particular en México. Por ejemplo, tiene el famoso título de “Violóla, matóla y sepultóla”. Botellita de Jerez lo tomaría hacer una canción, que después retomaría Café Tacuva y se ganaría un Grammy.

Cuando entrevisté al director de Alarma!,  Miguel Ángel Rodríguez (quien falleció en 2014 a los 50 años), y le pregunté por qué estos títulos, me dijo que en realidad era por una coincidencia. Al poner el artículo después del sustantivo se guardaba un espacio. Entonces, fue una decisión que tomó Carlos Zamayoa para ahorrarse caracteres. Finalmente eso fue lo que le dio un distintivo a la revista, que después copiarían otras publicaciones de nota roja.

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También es muy característico el humor en la construcción de esos títulos. Y se ha visto reflejado recientemente, por ejemplo, en titulares como “Sopa de zetas”. O cuando murió Michael Jackson: en la fotografía se mostraban dos piecitos con zapatos negros y calcetínes blancos, y el título era “Ya bailó”. Mujercitos continúa con esa tradición de nota roja. No estoy segura si [Zamayoa] hubiera pensado en esta novela tan famosa de Mujercitas. ¿Puedo? (Susana extiende su mano para tomar mi libro) Está mejor escrito aquí: “el término mujercito es feminizante –no por el sujeto gramatical si no al sujeto a quien se le ha asignado el sexo masculino al nacer”.

Y en diminutivo…

Sí, para hacerlo chistoso. Porque Alarma! juega… No sé si necesariamente es burlón, pero sí como comedia.

En todo esto hubo un juego de miradas —tú lo mencionas—, de engaños, porque los mismos reporteros fueron seducidos… Eso me hace pensar en esta idea de que la sexualidad está solo en los genitales. Mencionas que los mujercitos seducían a los reporteros, atraían a los hombres y después resultaba que era feo el fulano. De sexys pasaban a ser feos. Esto también me lleva al dicho “Los hombres son feos, fuertes y formales”; en este lenguaje popular se esconde mucho, se va destramando el machismo…

Justo lo que a mí me intrigaba de estas notas y fotografías era ¿qué era lo que se criminalizaba? ¿Por qué estaban siendo detenidos? ¿Cuál era el delito por lo que los estaban llevando a la cárcel? La prostitución en México no es legal pero sí es despenalizada. Eso quiere decir que en ciertas zonas está permitida y tolerada. Entonces, tal vez, no estaban cometiendo algún delito…

Porque nunca hacen mención de ello en las notas…

No. Me di cuenta justo de eso. Mientras están hablando de Alejandro —y como tú lo mencionas, estamos acostumbrados a que un hombre sea fuerte, feo y formal— como sujeto masculino fallido, feo, degenerado, pervertido, en un lenguaje homofóbico, transfóbico, denigratorio, humillante y violento, Alejandra es la más sensual, tiene unas piernas que ya quisiera cualquier mujer, unas piernas más bonitas que una estrella de cine.

Existe esta yuxtaposición. Es lo que también vemos en los textos. Mientras que el lenguaje escrito criminaliza, el visual permite la subjetividad femenina que el texto denigra u oculta. A eso le llamo juego de seducción o juego homo erótico, porque quien hace el texto, quien está escribiendo es el mismo que saca la fotografía. Entonces, el mismo fotógrafo se permite ese deseo homo-erótico en la foto; pero después, como vivimos en una sociedad machista, y Alarma! es una publicación muy conservadora, tiene que bajarle el tono a la híper sexualidad que retrata a Lorena y poner que Alejandro es un pervertido. Así, se convierte en víctima por haber querido desear a un hombre vestido de mujer, pero ya desea a una mujer, ya no desea a un hombre.

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A partir de este encuentro de textos, uno visual y otro fotográfico, se esconde a plena vista el deseo homo erótico que se permite la fotografía. Los que tienen el código para descifrar entienden que es un mujercito y no una mujer. Y lo pueden desear.

Me parece interesante que los mujercitos fueron vinculados con la industria televisiva, de cine, de la música, del estrellato. Posan como si fueran estrellas. ¿La cámara imponía ese discurso?

No, creo que era porque los mujercitos se proveían de una identidad a partir de la fotografía. No de lo que eran ni de lo que estaban pasando en ese momento: estaban siendo detenidas, criminalizadas, pero  en la fotografía viven en una realidad diferente.  Si va a haber una cámara, voy a tomar el control de mi persona en la fotografía y de cómo me retrata, en vez de ser una mujer detenida o un mujercito detenido me voy a convertir en Dolores del Río y voy a posar como una estrella de cine. Digo, eso lo vemos ahora hasta en las selfies. Muchas chicas que se sacan selfies en Instagram y lo veo más peligroso…

¿Por qué?

Porque Beyoncé está performando en un escenario, se baja y tiene guardaespaldas y puede vestirse como… Pero tiene ciertas posturas y movimientos para arriba del escenario y otros en su vida diaria. Cuando las chicas se ponen estas posturas para su vida diaria emulando a Beyoncé y tienen trece años es diferente.

¿Por qué ya no es la estrella?

Por la hípersexualización. Beyoncé se está hípersexualizando a sí misma como una marca. Su marca es “Beyoncé”; entonces, si tú eres tan hípersexual como yo y tienes unas piernas increíbles, y estás tan 90-60-90… Con esos estándares de belleza vas a ser una mujer independientemente económica, y vas a ser empoderada. Ese es el feminismo del que habla Beyoncé. Bueno, ya súper alargué…

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Bueno, para regresar, ¿la pose también está haciendo que los mujercitos, como esta niña que quiere emular a Beyoncé, muestren otra realidad? Es decir, ¿la fotografía puede hablar de una ficción? 

¡Exacto, exacto! Exactamente, la pose la leo justamente como un acto performático porque es por voluntad y es intencional. Se están proveyendo de una identidad, no de la que son sino de lo que les gustaría ser a partir de la presencia de la cámara.

¿Y ya no importa la calidad fotográfica, el encuadre, el método?

No, ahora nosotros pensamos que es por la selfie, pero en realidad lo vemos también con estas fotos de Alarma! de los años sesenta.

Ahora también el Alarma! se ha elevado tanto hasta convertirse en una de las bellas artes, ¿no?

Sí, por las fotografías de [Enrique] Metinides, específicamente.

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¿Y en este caso, con estos fotógrafos de mujercitos cuáles son los puntos de relación, aparte de los que ya hemos platicado, que pueden tener con las bellas artes?

Es algo fortuito y subjetivo, como el arte y el mercado del arte, más que objetivo. Dependiendo qué galería, quién lo compra, el precio del mercado varía. No de acuerdo a la técnica y lo bien que está hecho el trabajo. Por ejemplo, Pierre Bourdieu habla de la distinción social a partir del gusto; argumenta que el gusto existe, es un invento de las clases altas para legitimar su poder. Entonces, hablar de si la nota roja pertenece o no pertenece a la cultura alta o a las bellas artes me recuerda a esto de Bourdieu. Y es totalmente subjetivo.

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