Por Gerardo Mora / @regandul

UNA NUEVA DROGA

Hace algunos años, de las cocinas de crack en Atlanta, surgió una nueva droga que se esparció por todos los rincones del mundo: el trap. Precedido por el crunk y el dirty south, el sonido del Roland 808 inundó calles y clubs para crear un movimiento de rebeldía musical que buscó darle voz a una generación de jóvenes sedientos de poder, lujo y riqueza. Y, sobre todo, inmersos en un entorno hiperviolento. Si bien el contexto en el que emergió el trap no fue muy diferente al del gangsta rap noventero de la Costa Oeste, la ferocidad de una época conectada a un click de distancia hizo que fuera mundialmente conocido de forma inmediata.

que es el trap

Young Thug.

La nueva generación de raperos que se envolvió en el trap no fue la más hábil a la hora de escribir rimas. Tampoco contaba historias para generar un cambio positivo en la comunidad. Su objetivo era más banal: armas, drogas, dinero y strippers. Lo cual no le restaba peso al mensaje, fiel reflejo del sueño americano en el que un sector desprotegido de la población encontró refugio de las balas. Al trap hay que apreciarlo como un aperitivo; un género que gracias a las facilidades de la época (una computadora, Ableton crackeado, micrófono y conexión a internet) se pueden producir tracks en serie que se convierten en algo desechable.

Pero, ojo, su corta fecha de caducidad y su frivolidad no son necesariamente defectos. Por el contrario, estos atributos brindan al consumidor de trap un efecto placentero inmediato y adictivo: el trap es para tirar fiesta, escucharlo mientras vas en el Uber o cuando seduces a una chica. Su modelo responde a las necesidades de una sociedad globalizada que se topó de frente con un movimiento musical crudo y original. Y cómo resistirse, se preguntaron muchos, cuando una de las primeras mutaciones del trap y el pop fue presentada por Katy Perry.

EL TRAP A LA MODA

Detrás del trap, de su trasfondo lírico y musical, está la sociedad aspiracional. Así como las ciudades se elitizan, la música también sufre ese proceso de tomar un género despreciado, darle una pulida, ponerlo de moda y venderlo como un producto de lujo. La hegemonía cultural ejercida por Occidente, Estados Unidos en especial, marcó tendencia e hizo que los artistas asociados al mundo del hip hop, y por consiguiente los traperos, se convirtieran en los símbolos de la alta moda y cultura.

Los hypebeast se convirtieron en un referente de la cultura digital pautada por el mundo del streetwear que, en recientes años, dio el gran salto a las pasarelas de los diseñadores más importantes del mundo de la moda. El caso más sonado fue la colaboración entre el gigante (¿del skate?) Supreme y la casa francesa Louis Vuitton, que generó un revuelo en redes sociales, y cuyo principal embajador fue Travis Scott. La unión de estas dos marcas es la cúspide de la relación entre el mundo de la moda y las calles, que comenzó con Dapper Dan en el Harlem.

Así fue como los pobres Kaydy Cain y Yung Beef se volvieron modelos de Givenchy y A$AP Rocky se convirtió en la imagen de Dior para su campaña 2017. Otra de las apropiaciones culturales que tomaron los trapers fueron las camisetas con logos de bandas de metal, cortesía de Jerry Lorenzo, y las prendas con el logo flameante de Thrasher, la mítica revista de skate que de un momento a otro se convirtió en un artículo necesario en el guardarropa de los amantes del streetwear.

La tendencia se trasladó a las tiendas low-cost para terminar en la homogeneización del sector joven de la población mundial. Los artistas de trap mutaron en nuevos rockstars. Sobre todo la más reciente generación, que muestra una actitud desafiante ante la acartonada industria musical. Bienvenidos al mumble rap.

Con la voz tuneada, oro en los dientes, al viejo estilo de Lil Jon, y una tonelada de tracks, artistas como Lil Yachty, Lil Uzi Vert y D.R.A.M. se han posicionado como los nuevos chicos frescos del bloque. A estos personajes no les interesa conocer la historia de sus antecesores en la cultura hip hop; tampoco que los puristas del rap los ataquen por no poder mencionar cinco tracks de Tupac o Biggie. Ellos hacen música sin pretensión alguna. Se trata de divertirse y ganar dinero. Y quizá ese cinismo los hace tan atractivos para los oídos modernos.

MEXA TRAP

En México la fiebre tardó en propagarse. Quizá porque el público mexa de rap es muy nostálgico de la llamada época de oro, y se mostró renuente ante un sonido desconocido. O tal vez por el leve parecido entre el trap y el reggaetón, género defenestado por el purismo. Y es que el movimiento de artistas trap en el centro del país se originó a la par del ingreso del reggaetón en las esferas de cultura alternativa de la Ciudad de México.

Por esa razón, materiales como el corto documental TrasEscena, de Noisey, que retrata al trap y al reggaetón, comparte un nombre en común: BrunoOG. Detrás de este productor capitalino se encuentra el imperio del trap azteca, Homegrown. Comandados por Alex Malverde, el win team se ganó un lugar importante dentro del rap latinoamericano. Su graduación fue la pieza “Homegrizzy Boys”, lanzada en octubre de 2016.

Cuando vi el teaser de esa canción, y escuche el “phones, tengo varios phones” de Yoga Fire, me fui con la finta y pensé que era una copia del “2 Phones” de Kevin Gates. Grave error. El trapero de Ecatepec, que lleva más de 10 años en la escena, fue quien aterrizó el trap al contexto mexicano haciendo referencia a  Ariel Camacho, famoso cantante de corridos que ganó popularidad a mediados de 2015 después de su trágica muerte en un accidente automovilístico. “Y ahora todos como Ariel Camacho ya dejamos atrás esa vida ruina” recita el Yoga en una canción en la que mostró cómo es tirar loquera a la mexicana y dejó atrás el purple drank gabacho.

Otro de los sellos underground de trap mexicano es High Life Studios, afincado en la Ciudad de México. High Life es uno de las primeras casas productoras que se volcaron por el trap en el país. En su parrilla cuenta con unos 15 traperos tirando la crema, entre los que se encuentran Titán Tercero, Soda Boy, Kzador, Jpone, Fox Segura, Wax Gvng y Sertero. High Life mantiene algunos vasos comunicantes con otros raperos del juego, y su negocio rebasa el bisne del trap: streetwear, tattoo, painting.

Pero a pesar del trabajo realizado por pandilla como Homegrown o High Life Studios, existe un largo camino por recorrer para consolidar un sonido que dote de identidad al trap mexicano. Sobre todo si este se enfrenta a un nuevo monstruo que se integró al negocio del trap: los reggaetoneros. Ozuna, Anuel, Arcangel y demás homies han adoptado el sonido burbujeante de Atlanta para darle un giro a un género que poco a poco suavizó su sonido con tal de entrar en las listas de popularidad. En ese sentido, uno de los principales detractores del trap latino es Don Omar, quien dejó ver que es un retroceso para el género urbano regresar las letras sexualmente explícitas. De acuerdo con Arcangel, “El Pistolón”, su colaboración con Yaga & Makie fue el primer track de trap latino.

¿QUÉ ES TRAP?

Bajo estas premisas es necesario replantear esta subcultura que emergió de las coladeras. Algunas de las cuestiones que se deben hacer a los escuchas y productores es: ¿qué es trap y qué no es trap?, ¿es el beat o la letra la que hace que una canción sea trap?

Si lo vemos de una forma simple, el trap es el beat con mucho bounce que hace que los bootys reboten el club. Las letras que hablan de sexo, droga y dinero han ido mutando con el paso de los años, hasta llegar a tener canciones de trap romántico. Como la mayoría de los géneros musicales, la efervescencia del sonido hace que la espuma de la superficie saque a flote a los actos con mayor pobreza artística. Es necesario hacer un diggin muy cabrón para topar a los artistas con la propuesta artística más fresca.

Es inevitable detener el curso natural del trap, un movimiento cultural que lucró con la dureza de las calles y ayudó a fortalecer económicamente la industria del hip hop mundial. El trap vino a adornar la fachada de un rascacielos que fue cimentado con las cenizas de los barrios pobres; esos que, con mucho esfuerzo, crearon una cultura que sirvió de refugio para miles de personas a nivel mundial. Los trapers son los juniors del hip hop.

Editor Yaconic

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