Ángel Espa / @angelespa1

TRÓPICO DE CÁNCER

Un hombre maduro con facciones orientales pedalea su bicicleta sobre el río Sena. Miles de luces de todos colores acompañan el barullo de una multitud de estudiantes que, vibrantes, salen a las calles de París. ¿Qué celebran? Seguramente la vida, el amor, la juventud. El hombre maduro se para en medio de la multitud; no deja de llenarse los ojos de realidad. Máscaras, túnicas y pelucas son el vestuario de ese festejo que en algunos años desaparecerá en medio de las botas y suásticas. Es el París que mataría el fascismo; es la ciudad que se iría para no volver, pero que Henry Miller nos regala en Trópico de Cáncer.

Hace ochenta años, en 1934, Henry Miller —norteamericano de ascendencia germana— publicó por primera vez, en francés, Trópico de Cáncer. Una novela polémica, satírica y misógina que nos recibe de esta manera: “Vivo en la villa Borghese. No hay pizca de suciedad en ningún sitio, ni una silla fuera de su lugar. Aquí estamos todos solos y estamos muertos”. Es, sin duda, un libro que enciende el fuego de la conciencia; que te abofetea, y te muestra una realidad más allá de las ideas establecidas. Inclusive para nuestro tiempo.

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Una vez publicado en París, Trópico de Cáncer se enfrentó en Estados Unidos a la mojigata ley de pornografía, y durante casi tres décadas no pudo salir al mercado. Fue hasta 1961 cuando vio la luz en inglés al igual que su secuela, Trópico de Capricornio.

En Trópico de Cáncer vemos a un Miller que sobrevive de las buenas personas. Inclusive se turna los días para sablear a distintas amistades, que con gusto le tienden la mano. Un día está viendo a las prostitutas en el café parisino; en otro momento el destino lo arroja a situaciones que le alimentan el alma. Caminos que se bifurcan y que lo llevan a otras profundidades. Lo persigue el Sueño Americano, pero el escritor no ve en éste más que un espejismo: lo compara con la promesa de un proxeneta a una muchacha inocente.

Miller es un ser totalmente sexual. Te lleva a contemplar a la dulce mujer de color de la vida galante. Te la muestra negra y sensual, como una pantera, lista para atacarte. Te lleva ahí para que la contemples. Te invita al festín del libertinaje.

paris henry miller

París durante los treinta

(Es Miller quien teclea con fuerza la máquina de escribir viéndose a un espejo; el que se asume como escritor; el que vive al día esperando que no le quiten el asiento para escribir; el que ve a las niñas ricas norteamericanas comer un pastelillo en los cafés más exclusivos “con la cartera llena pero nada de talento”, mientras él, con el estómago vació, vaga por Notre Dame; el que todo el día se la pasa sentado en el parque esperando a que cambie su suerte porque en ese París siempre hay esperanza para que alguien te tienda la mano.)

En Trópico de Cáncer, Miller se describe a sí mismo como “un hombre que lleva a la diosa botella, un criminal arrodillado delante de la inocencia, un monje que mea sobre el mundo, un fanático que saquea las bibliotecas en fin de encontrar el verbo”. El autor define esta etapa de su vida como la apertura de una vida más apacible. Su novela es el “balbuceo divino”.

TRÓPICO DE CAPRICORNIO

Trópico de Capricornio, que fue publicado cinco años después que su antecesor (1939), resulta más ordenado y cómodo. Miller se centra decirnos por qué abandonó Nueva York: esa ciudad tan fría por momentos, con sus rascacielos, sus barrios de podredumbre, su Metro vivo toda la noche, que al más rico lo hiciera sentir miserable. Para Henry Estados Unidos y la revolución industrial son un montón de letrinas esperando a que alguien jale la cadena. El amor es una mentira que jamás se toma en serio, ya que si lo hubiese hecho, se habría ahorcado o hecho matar.

henry miller

Foto: Larry Colwell/Anthony Barboza/Getty Images

Miller es un muerto en Nueva York. Todo es incierto. El empleo lo carcome. En algún momento contrata negros, lisiados y todo aquel que pueda repartir un telegrama; sin embargo, su naturaleza es siempre sacar provecho de la situación. Conoce perfectamente el ambiente y como un toro embiste con energía; se apodera de la situación y rápidamente pasan tres años de ver el mundo pasar por su escritorio.

En Trópico de Capricornio Henry nos cuenta también como se gesta la idea del escritor. Sus amigos y conocidos, y su mujer incluso, lo alientan a dejar este sueño estéril; pero él sabe que lleva dentro esa llama y nos dice: “Tenía que aprender, y no tardé en hacerlo, que has de abandonar todo y no hacer otra cosa que escribir, que has de escribir, escribir y escribir, aun cuando todo el mundo te aconseje lo contrario, aun cuando nadie crea en ti.”

henry miller tropico de cancer tropico de capricornio

Otro actor en esta etapa de su vida en la ciudad es la locura. Ésta envuelve, desde la mujer que se vuelve loca por la pérdida de su familia, hasta el ex convicto con índices de esquizofrenia. La humanidad va en picada y hace tiempo empezó la cuenta regresiva. Henry nos convoca, de alguna forma, a aceptar ese destino. Para él Nueva York es un ente que asesina y corrompe; reza porque un terremoto acabe con los rascacielos; pero es entre estas moles de hierro y concreto en la calle 14 que se reúne con un viejo amigo, que le retrata la Europa mágica y le siembra la semilla de viajar.

Miller está atrapado en medio de la ciudad, entre una mujer que lo odia y lo ama; atrapado en la angustia de no poder escribir y en su naturaleza bovina: “un capricornio siempre llega al final con su carga”. Nos deja claro que piensa huir antes de que este monstruo de concreto lo asesine; tiene miedo de morirse en vida. Viajará entonces para siempre con ese estigma inscrito  en la frente de ser “Americano”, a pesar de se considere en parte chino. Pero sobre todo ciudadano del mundo.

henry miller

Henry Miller murió el 7 de junio de 1980 y hasta el final de sus días fue un romántico. Emma Goldman, Henri Matisse y Anaïs Nin, son sólo algunos de los personajes que conoció. Escribió más de 50 obras, algunas puestas en escena. Es sin duda unos de los más grandes escritores del siglo XX. Influenció a toda una generación de escritores alrededor del mundo. Su vida fue llevada al cine en 1990 por el director Philip Kaufman en su cinta Henry and June.

 

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