Expo Sexo y Erotismo, esa celebración capitalina en honor a la `cachonderia` que de vez en cuando toma una parte del Palacio de los Deportes, se animó a explorar una demarcación vecina: el Estado de México.

El evento transcurrió los días 1, 2 y 3 de junio como primer paso para poder llevar esta iniciativa a otras ciudades de la República como: Guadalajara, Tijuana y Monterrey que están en la mira.

Más que ofrecer cosas novedosas, resultó un reducto – por las dimensiones del lugar – de lo que se ha visto en sus ediciones en el también llamado Domo de Cobre. Pero esto no demerita la iniciativa de salir de una zona de confort en pos de seguir confrontando tabúes y exaltando la libido colectiva.

Algunos apuntes sobre el primero de junio, su primer día en el Estado de México. 

I

Más que cuerpos voluptuosos y ropa interior diminuta; más que condones y dildos coloridos; más que parejas swingers y sillones de posiciones; más que striptease y pezones; más todo eso, lo que aquí se ve son manos sosteniendo celulares.

Parece un ritual: llegar frente al escenario, buscar un sitio que deje ver la piel ajena, sacar el móvil, sostenerlo por encima de todas las cabezas y apretar el botón.

Los que quieren pasar por discretos eligen la grabación para moverse taciturnamente. El resto se deja llevar por el frenesí: clicks ininterrumpidos a cualquiera sobre la tarima.

Las chicas saben que son el objetivo y por ende posan de todas las formas no permitidas en un retrato familiar: se agachan y abren las piernas, se empinan mientras otra las nalguea, se juntan con otra y comienzan a besarse, se aprietan los senos mientras hacen muecas de gozo, asoman los pezones.

Flash, flash, flash.

¿Para qué tantos retratos? Lo aparente: la presunción con los amigos respecto al evento. Lo verdadero: masturbación nocturna.

II

Apolonia Lapiedra hace una mueca de desencanto cuando un tipo de barriga y papada prominentes sube a la tarima; él pagó por una foto a su lado y ella tiene que corresponder. Pero hábilmente evita un mayor disgusto: en lugar de colocarse sobre él en una posición sugerente, se sienta e invita al tipo a hacer lo mismo frente a ella para abrazarlo de espaldas.

Lleva varias horas así, recibiendo a desconocidos que desembolsan más de cien pesos para tener el recuerdo junto a “la reina del porno español”, como días atrás la presentaban en la conferencia de prensa.

Apolonia tiene 26 años, el cabello negro, una estatura que no la hace destacar respecto al resto de la camada erótica extranjera y un porte bien torneado pero no tan voluptuoso. Lo que cautiva de ella es su rostro: rasgos finos y juveniles, mirada inocente y labios carnosos. La lolita ideal.

Samantha es el nombre que consta en las credenciales oficiales de la nacida en Albacete. Lo de Apolonia lo tomó de El Padrino: Apollonia Vitelli, la esposa de Michael Corleone que se va de la historia gracias a un coche bomba. El Lapiedra lo adquirió de su relación con el director porno Ramiro Lapiedra.

Tras su debut (14 de febrero de 2015), Apolonia escaló rápidamente al grado de ser acreedora de varios premios Ninfa (el Oscar dentro del porno español) y, en 2017, resultó ser el término más buscado en PornHub, la reconocida plataforma de contenido tres-equis.

Por eso Apolonia está aquí, como cabeza de cartel en la Expo Sexo, recibiendo a extraños por más de cien pesos.

A veces hace muecas, a veces ríe, a veces conversa con un tipo que parece ser su manager, pero, sobre todo, mueve el cuerpo a ritmo de trap. De alguna forma tiene que mantener la cadencia que la erigió monarca porno.

III

Hay un escenario semivacío.

De las cuatro plataformas (una en la planta baja y 3 en la parte superior) que exhiben cuerpos deseables, una se mantiene sin tanta gente: la que ocupan las chicas trans y los varones.

Al ver al grupo de actrices trans, de inmediato llaman la atención sus atributos: senos y traseros enormes, cual sandias, que no hacen dudar de las operaciones. Además, casi todas manejan una actitud más desfachatada que el resto de las estrellas xxx.

Pero pocos tipos van frente a ellas buscando impregnarlas en sus pantallas.

Por eso es fácil pensar que, a pesar del tremendo volumen y buen carisma, aptitudes y actitudes que las ponen por encima de muchas otras que aquí se exhiben, las trans aún intimidan a la vista pública; de ser un espacio más privado, varios de esos que despectiva y erróneamente emiten comentarios como “no mames, qué tal si me cogen” o “vas a hacer un Salcido (recordando al seleccionado nacional que tuvo un encuentro con una escort trans)”, no dudarían en posar e incluso llegar más lejos con las damas.

Aún dentro de un evento para romper tabús se mantienen algunos.

Respecto a los varones: este día hay pocas chicas. Ojalá mañana resulte mejor la asistencia femenina.

Pero, mientras llega otro día, hoy hay un escenario casi vacío: debido al qué-dirán y a la escases de mujeres.

IV

 Hay dos personajes que se han vuelto iconos para esta convención: Mujer Luna Bella y el Negro de WhatsApp.

“Dejé la putería pero no la verga”, decía durante la conferencia de prensa Mujer Luna Bella respecto a esa ironía que es su rompimiento con los vídeos porno mientras mantiene una participación constante en eventos como este.

 Ahora, tras años de haber irrumpido en el panorama erótico-morboso del país con un vídeo haciendo stiptease en el metro de Monterrey (2012) que la llevó a ser noticia con Loret de Mola, Verónica Meléndez, el nombre que consta en sus actas, se dedica a concientizar a la gente sobre el uso del condón mientras realiza shows ocasionales de pole dance.  

Pero pocos olvidan que ella fue la primera videoblogger nacional que se volvió icono por hablar de penes, clítoris y masturbación. Además, esas escenas que aun rondan en sitios pornográficos mantienen el recuerdo de una Luna Bella carnívora; deseosa de `putería`, como ella le dice a las desbocadas ansias de falo.

Tras un muy corto periodo como ejemplo cristiano, Luna Bella recapacitó: volvió a mostrar su cuerpo pero sin coito de por medio, solo con fines de concientización. Porque la verga es la verga y Luna Bella nunca dejará de rondarla, aunque sea protegiéndola.

Otro que atrae las miradas es un tipo de tez oscura que lleva sombrero de pescador y una toalla a la cintura.

Ese, al que le viene bien lo de “se te perdió la playa”, es el Negro de WhatsApp.

Este personaje cobró relevancia gracias a los memes y vídeos dónde exhibía – exhibe –  un miembro genital enorme.

El revuelo que causaron sus apariciones digitales lo proyectó como icono erótico, y Fernando Deira, productor de la Expo Sexo, vio en él una atracción rentable.

Por eso El Negro va de tarima en tarima meneando una toalla que se supone oculta un pene enorme, aunque se ha puesto en entredicho si su miembro no es realmente una prótesis montada con cinturón.

Pero, con pene real o falso, El Negro se divierte, baila, parece el tipo más feliz del mundo. Y puede que lo sea: no a cualquiera le pagan por menear una toalla y arrimarse con las actrices porno del momento.

V

Además de los escenarios, hay otros stands.

Los que dominan son los de productos sexuales: dildos, bolas chinas, anillos vibradores, cuerdas para shibari, esposas, sillones de posiciones, disfraces, antifaces y lubricantes son algunas cosas que se encuentran dentro de la mayoría de los paneles.

También  hay comida: algunos foodtrucks que ofrecen promociones en sus hamburguesas de pollo y tortas de milanesa. ¿Las opciones veganas? Aquí la carne manda en la boca.

Hay una zona que se promueve como swinger pero no hay más que 6 parejas sentadas dentro de una tribuna. Sin dinámica, ni pena ni gloría.

Pero hay uno en especial, uno que ya ha hecho de la Expo su casa: el de las apuestas. “¿Te regalo un juego por cortesía, va?”, dice el tipo frente al tablero. Pero no, gracias. Y, aunque promete grandes premios, es mejor retirarse: son constantes los casos de participantes que dejan ir lo que bien podrían invertir en 3 o 4 cervezas (casi cien pesos el vaso grande) sin obtener algo a cambio.

VI

A las siete de la tarde el calor ya es factor dentro del domo. Por eso, además del sudor en las frentes, las “prendas” – pedazos de tela apenas perceptibles –  comienzan a estirarse en las manos de las actrices para asomar otras partes de sus cuerpos.

Algunas, como Helena Danae, se sientan por momentos al borde de la tarima para descansar. Otras, como Calia Qadehs, parece que se acaban de incorporar por su efusividad. Spunky y Mr. Spunks, la pareja webcamer, conversan con Eva Davai: ojalá sobre alguna futura escena. El ritmo se mantiene.

Mientras tanto, Fernando Deira, el organizador, se pasea por todos lados para monitorear el funcionamiento. Siempre atento. Pocas veces se le ve abstraído ante los espectáculos.

Del público son varios los que tienen periódicos baratos en la mano: traen las exuberantes contraportadas para recibir autógrafos.

Sobre las mesas ya se ven algunas torres de vasos de cerveza. Entonces, cuando el animador anuncia que dentro de una hora habrá casting para hombres que quieran “volverse estrellas porno”, el regocijo en forma de aplausos inunda el ambiente.

Pero es momento de retirarse.

Admirar la sensualidad, voluptuosidad, regocijo, diversión y cachonderia en este tipo de eventos nunca es suficiente, pero hay otros aspectos que merman: el gasto monetario, el ir y venir de los pies, las distancias que se recorren para llegar-volver y, sobre todo, el saber que, de todo eso que quieres, te tendrás que conformar con una foto, una mirada, un “Muchas gracias” y hasta un beso. Pero nada más.

Porque ahí radica el sentido de la Expo Sexo: provocar y acercar el deseo mientras se lucra con él.

Aunque no es un adiós: nos volveremos a ver.

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Yair Hernández

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Hago muchas cosas y gano poco varo.

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