La primera ocasión que pasé por aquella plaza, donde hoy se ubica LATA (Laboratorio de Arte y Trabajo Alternativo), fue porque erré la ruta, desviándome a un sitio que no conocía. Realmente no me di cuenta que ahí había una explanada: sólo cajas de trailer y un grupo de árboles alcancé a observar mientras apresuraba el paso, pues la Cuchilla era (en el fondo aún es) la sección más ñera de la H. Gabriel Ramos Millán (Ramon Miller pa’la banda), colonia insignia de Iztacalco, famosa por un nivel de inseguridad alto (aunque a estas alturas parece que no hay sitio seguro en nuestra Ciudad Monstruo).

Fue hasta hace un par de semanas que decidí lanzarme a un evento de LATA (y de paso conocerla bien) por una sencilla razón: Mad Professor, productor y referencia dentro del dub ochentero, quien también remezcló el Protection de Massive Attack, aparecía como el nombre más importante de su cartel de quinto aniversario. ¿Cómo se irá a poner el barrio? ¿Cuánto humo se logrará juntar? ¿Habrá la pelea clásica entre dos vatos por alguna razón estúpida que podría terminar en campal ALV?

Llegué bastante temprano. En ese momento parecía una postal sabatina más de cualquier colonia, salvo por una docena de tíos que grafiteaban las paredes de las escuelas contiguas con permiso de por medio, una forma más de enriquecer la plaza que minutos antes había sido reinaugurada. La mayoría de estos grafiteros llevaban máscara anti gas y lata de chela, mientras alguno que otro se daba, de vez en vez, su descanso para echarse las tres de sus bondadosas pipas.

Dos de ellos me dijeron que no eran defeños sino del Estado de México, uno de Chimalhuacán y otro del rumbo de la Ciudad de los Dioses (Teotihuacan). El de Chima me confesó que andaba en chinga porque se le hizo tarde y su razón para moverse a LATA, además de echarse un grafo, era cotorrear con el dub de el Profesor Dañado. El otro, más sereno en su actitud, le preocupaba que su rata quedara bien plasmada en la pared y cuando se enteró que el Mad iba a tocar temprano no se sorprendió como la mayoría y se limitó a exclamar un llano: “Ah huevo”.

Andaba en esas cuando al escenario treparon a un morrillo de unos 15 años a echarse su primer Dj Set que en realidad se trataba de su graduación del Taller de DJ. “¡Ah chingá! ¿Existen talleres de esos?” Ante mi sorpresa me enteré que aparte de ese dan otros por el estilo, como uno de graffiti o uno de rockabilly.

Dando el rol platiqué con la banda encargada de este lugar. Cuando arribaron, mencionan, la plaza era el punto de reunión de los dealers de la zona, lo que hacía que los chavillos que iban a la escuela fueran vulnerables a meterse cualquier madre al salir de la primaria o secundaria. Además, eligieron el inmueble porque descubrieron que aquello que funcionaba como simple bodega delegacional contaba con dos salas de cine y espacio suficiente para hacer un centro cultural.

Es sabido, por demás, que la cultura y los jóvenes son temas que pasan de soslayo para las instituciones de gobierno, tal vez porque piensan: “Al fin que el hambre y las ganas (de lo que sea) se van con un poco de thiner en la cabeza”. De cualquier forma, a finales del 2012 se lanzó LATA como un proyecto que mamara un poco de ayuda del gobierno pero que sería gestionado, y nutrido en su mayoría, por la chamba de colectivos independientes ayudados por unos cuantos patrocinios. Hoy presume un reconocimiento de la UNESCO por ser un proyecto autogestivo y comunitario bien logrado.

A eso de las 3 de la tarde aparecieron los primeros humos entre el público que comenzaba a congregarse y a moverse al ritmo de Unidub Stereo. Las gorras con motivos marihuanos y las banderas jamaiquinas, además de los primeros dreadlocks, emergieron y comenzaron a reemplazar, tenuemente, el aroma de la pintura en aerosol por el “petate quemado”.

Una de las funciones que LATA se propuso desde el comienzo fue que los más chavos no se conviriteran en dealers o se cegaran en las drogas, pero sin aventarles a la policía o señalarlos. Quizás por eso, la presencia de polis era casi nula y la revisión se limitaba a que la banda no entrara con armas pero si con una porción de latas de chela y hasta pulque en bolsa. La maconha (hierba) entraba “bajita la baisa”, igual que los bongs portátiles, tal parece que las broncas con ella son pocas porque en toda la tarde no hubo nadie detenido por fumar mota.

 

LATA también se encargan de prevenir embarazos no deseados o ETS ofreciendo información. ¿Y que tiene que ver el Mad en esto? Básicamente que sin estas campañas el Mad no hubiese llegado pues fue gracias a la oficina de AHF México (organización que lucha contra el Sida) y al colectivo VIH No es una Banda de Rock que arribó como embajador musical. Este colectivo trabaja de la mano de la Señora Kong, grupo basado en el funk que comenzó a prender más los ánimos de los asistentes que cada vez eran más: la hierba se multiplicaba lo mismo que las latas de chela y alguno que otro pulque embolsado.

El espíritu callejero parecía hallarse por todos lados. Camino al baño, el clásico cubierto por tags a todo lo ancho, un par de tíos al verme con cámara no dudaron en ponerse a rayar paredes si les tomaba un par de fotos. “Nosotros no rayamos allá afuera no porque no quisiéramos sino porque nos gusta lo ilegal, llegar y empezar así na’más, lo mismo si son tags o bombas”. Un señor nos veía con cara de “pinches morros” mientras se hacía una “sesión improvisada”. “Esto es arte, igual que allá afuera” decía el Paco Dock, tinta en mano, mientras evitaba reír al pronunciar “arte”.

Igual de callejero y, a primera vista, improvisado me pareció el show de Flor Amargo, chava de cabello chino y encrespado a quien no conocía pero que llevaba un séquito de seguidores, morrillas en su mayoría, e incluso existía mercancía oficial. “¿No mamen que no la topan?” Nos dijo el amigo de un compa horas después. “Esa morra tocaba en el metro y como se pone bien crazy cuando lo hace alguien la grabó y se volvió viral”. La locura era notoria mientras maltrataba su teclado Casio al son de la Llorona. Después de un par de rolas se despidió pidiendo bendiciones a Dios para los presentes, bajó y una marabunta de medios (independientes todos) se abalanzó sobre ella. 

Ante un retraso evidente, los actos previos a Mad, es decir Flor Amargo y El Poder del Barrio, grupo de ska que fusiona cumbia y otros ritmos (a la onda de El Gran Silencio), que homenajeó lo mismo a Celso Piña que al buen Manu Chao y que inició los primeros slams, tocaron escasos 30 minutos. La banda ya enfiestada bebía sus tragos afuera del mini cerco de ingreso, al principio algo extraño pues habían dejado pasar cualquier bebida sin vidrio pero ahora ni bolsas ni nada. “Dicen que unos weyes se pelearon y por eso se pusieron más intensos en la revisada”.

Al ritmo de Tangananica Tanganana versión Monómanos acabamos nuestro six y nos la  ingeniamos para meter uno. Justo en el momento en que pasamos la revisión un Mad Professor sexagenario tomaba el micrófono y comenzaba a conectar y desconectar plugs de su equipo cien por cien análogo. Nubes verdes trepaban a los árboles mientras el atardecer aparecía.

“Los Calacas Jazz Band y los Triciclos Circus Band se la rifan, pero que toquen después que Mad se me hace una grosería” me dijo mi valedor Aftab quien no escuchó entre el tumulto himnos como No No No de Dawn Penn (con todo y versión drum & bass) , Disco Devil de su maestro Lee Scrath Perry o el Jamming de Marley, porque no tuvo con quien dejar el six que no le dejaron pasar. Mientras, adentro, la banda rolaba hitters, porros, bongs y cuanta parafernalia pacheca se pudiera tener en un ambiente dub hasta la médula, nada de mala vibra, puro dancing. Según pusieron a esta hora al Mad para que aquello no se convirtiera en un fumadero, pero nada de eso vario.

Mad en el escenario, invitó a un par de músicos a echarse el jam, ya fuera una voz, la guitarra de la Señora Kong o algún metal del Poder del Barrio. La gente aplaudía a quien estuviese arriba: el caso era escuchar un dub fino, aunque el set variara poco de los que se pueden encontrar en YouTube, pero ¿qué se puede comparar el sonido saliendo de unos audífonos o bocinas comunes al mezclado en vivo, conectando y desconectando plugs de una consola análoga, las vibraciones trepando placenteramente a los oídos?

Quizás no fue la presentación más memorable del Professor Demente en nuestro país, ni mucho menos la única (apenas el año pasado tuvo varias, algunas también gratis). Pero como pretexto para echar la chela enlatada, darme las tres de aerosol con grafitti incluido y topar qué diablos es LATA fue un buen cotorreo.

Mario Castro

Mario Castro

Latinoamericano verborreico. Fotógrafo. Escribidor de debrayes. Corrector de horrores lingüísticos. Editor en veces. No alimentar con tristezas a este sujeto.

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