Por Adán Ramírez Serret / @AdanSerret 

Hay escritores que son mejores mientras existen en carne y hueso; algunos, que su humanidad impulsa a sus libros; que haberlos visto y haber escuchado lo que piensan, cómo visten y cómo hablan, da vida a su literatura.

Pero hay otros, que necesitan morir para vivir, para que su literatura brille, quiero decir. Que su muerte y todos los mitos que la acompañan, son fundamentales para lanzarlos a la fama. Pienso, por ejemplo, en el genial Raymond Carver, en su muerte acompañada por el halo destructivo y romántico del alcoholismo; en Roberto Bolaño escribiendo con un pie en la tumba, viendo cómo se acercaba a pasos vertiginosos a la fama y la muerte. Y, por supuesto, en Lucia Berlin (1936-2004).

lucia berlin, manual para mujeres de la limpieza

Lucia Berlin.

Aunque, es cierto; ya decía Ricardo Piglia que “la verdadera legibilidad es siempre póstuma”. Lo cual sin lugar a dudas legítimo, pues una vez muerto el autor la obra ya está, si no cerrada, al menos concluida y, comienza entonces, a leerse en otras dimensiones.

Lucia Berlin escribió 77 cuentos y, como narra en el prólogo de Manual para mujeres de la limpieza (Alfaguara, 2016Lydia Davis, gozó de algo de prestigio en vida, incluso ganó en Book Award en 1991 para después volver a la sombra. Fue necesaria su muerte para que se comenzara a leer en una dimensión diferente, para que la crítica estadunidense, siempre en crisis, le diera el lugar de literatura de culto.

Entiendo las razones por las que esta obra pasó desapercibida, pues la literatura norteamericana, monstruosa y dividida en nichos, en tópicos específicos, no se lleva bien con los escritores un tanto inclasificables y menos con los diletantes.

manual para mujeres de la limpieza lucia berlin

Cierto que Berlin tiene marcadas influencias y se puede ubicar como heredera de varias autoras estadunidenses, pero esta clasificaciones vienen desde la academia más que desde el mercado. Basta echar una mirada a la segunda de forros para descubrir que además de escribir se dedicó a muchas cosas que no tenían que ver con la literatura pero sí con sus cuentos. Se dedicó a criar y mantener a sus hijos trabajando como mujer de la limpieza, enfermera en urgencias, recepcionista en hospitales, profesora y varios oficios más.

Manual para mujeres de la limpieza es una brillante compilación póstuma de Stephen Emerson. Se trata de una certera antología sobre Lucia. La edición me parece fantástica porque Emerson escoge los cuentos que le parecen imprescindibles. Desde Miguel de Cervantes, se sabe que no siempre los autores son los mejores lectores de su obra. La edición de Emerson nos pone en una posición privilegiada, pues nos ofrece todas las ventajas de la compilación. Me pregunto qué sería si pasara esto con muchos autores que su obra se pierde en gruesos volúmenes.

Tenemos, por lo tanto, una antología parecida a un buen disco de rock que se vuelve compañía imprescindible. Se entra a un ritmo de lectura particular. En los primeros cuentos se lee con sorpresa la vigencia de Lucia. Pues la estética ahora un tanto hipster de interesarse por México, por Juárez y sentirse más identificada con este lado, con el latino; parece escrito por una neoyorkina de la era post Trump. Dice, “Por supuesto que aquí también soy yo misma, [en México] y tengo una nueva familia, nuevos gatos, nuevas bromas… pero sigo tratando de recordar quien era en inglés”. Hay ciertos escritores, ciertos libros o ciertos cuentos, que la moda debe alcanzar.

La relación con el idioma español se debe a que Lucia Berlin vivió en Chile durante su adolescencia, de hecho ubica algunos cuentos aquí. Quizá fue a partir de este momento que consideró al español, y luego a México como parte fundamental de su vida y de la temática de sus narraciones.

manual para mujeres de la limpieza lucia berlin

En el increíble relato breve “Mi jockey”, ofrece una amorosa descripción de un pequeño hombre mexicano, de su belleza encarnada en un cuerpo miniatura y en una piel morena y compacta. Berlin, una mujer blanca, pone su atención en ese otro un tanto olvidado deliberadamente por la cultura estadunidense: el español y el mexicano. Y lo que me parece en verdad valioso de esta autora, es que no los ve cómo víctimas o mártires, si no como personas de carne y hueso que son parte de ella.

Pareciera que hizo de sus cuentos, de su literatura, ese otro lado de su vida. Pareció reconstruir desde la ficción, es decir desde la imaginación como cualquier autor, sus experiencias de vida. Por lo que Manual para mujeres de la limpieza, no es un recuento de su vida sino una reinvención de ella, de sus hijos, de su familia, de quienes se enamoraba, de su alcoholismo, de lo que leía y en general de todo lo que la hacía sufrir y todo lo que la hacía feliz.

Editor Yaconic

Editor Yaconic

Previous post

UNA VUELTA POR EL MUSEO DEL CÁÑAMO Y LA MARIHUANA DE MÉXICO

Next post

'TONIFICA MI ALMA', EL LIBRO DE POESÍA PERRONA DE JUAN CIREROL