Por Juan Carlos Hidalgo / @eternautafugado

¿Qué conexión puede establecerse entre la Isla de Pascua  —situada en medio del Océano Pacífico y prácticamente en la nada— y Brooklyn? ¿Podría aparecer uno de los gigantescos y fascinante Moais en medio de Sunset Park o Williamsburg? ¿Puede una chica ecuatoriana crear una jungla sonora ahí por donde va pasando? ¿Será que una vecina y artista importante pueda ayudarle a sintetizar su pesquisa musical?

Y es que está historia es como un libro sobre viajes que pasa por Lisboa, Buenos Aires y Costa Rica, entre otros lugares. La protagonista fue recabando sonidos y grabaciones ahí por donde llevaba su andar; que incluye esa fascinante isla a la que también se le conoce como Rapa Nuí y que pertenece a Chile. María Usbeck nació en Quito, Ecuador, pero a los 17 años decidió que era momento para salir a recorrer el mundo y ha residido tanto en Europa como en el ilustre condado neoyorquino. Desde ahí comenzó su carrera como vocalista de la banda Selebrities, pero este año ha decidido mostrar sus ambiciones como solista.

maria usbeck

Amparo aparece, cobijado por el reputado sello Labrador, y amplía la relevancia que Ecuador ha tenido a lo largo de todo el 2016 a partir de artistas como Nicola Cruz, Mateo Kingman y EVHA, entre otros. El meridiano del mundo se afirma como una de las escenas emergentes más interesantes de Latinoamérica y Usbeck no deja de representar a su país, aunque se venga desarrollando desde el extranjero —su sonido no deja de evocar su tierra natal.

Me entero de que en la Isla de Pascua existe un único estudio de grabación llamado Nuku te Mango e imagino a María registrando ahí algunos de los pasajes a lo que luego integró a otras partes grabadas en Santiago de Chile, Florida y los lugares antes mencionados. Cuando se dio cuenta, ya tenía todo un arsenal nómada con el que trabajar y para darle forma acudió a una mujer con una carrera en pleno ascenso. Caroline Polachek, conduce al grupo de pop experimental Chairlift (Mouth, su disco más reciente, es un delicia) y también vive en Brooklyn; ella aceptó el reto de encargarse de la producción y la aventura es muy interesante desde el comienzo con “Isla Mágica”, su xilófono y sonidos ambientales de naturaleza detrás.

Lo que hay en Amparo es una mezcla de fino, depurado y minimalista pop electrónico con una buena cantidad de instrumentos acústicos, tanto de cuerdas como de percusión; se escuchan marimbas, bongos, arpas y tambores, entre otros instrumentos, que nutren este collage sonoro. Una tarea nada sencilla para Benjamin Anthony Robinson, responsable de la mezcla.

Pero todo suena prístino y las piezas cuadraron en un rompecabezas arriesgado, que lo es más si tomamos en cuenta que aunque básicamente la intención era cantar en español, María se dio tiempo para incluir aleatoriamente frases en quechua —muy usado en la región andina—, bribri (usado en Costa Rica), un poquito de catalán y, finalmente, rapanui y con ello convierte a “Moai y yo”, en el eje central del disco y en una crónica fiel de sus incursiones. Y no lo es menos el resto, entre las que se encuentran canciones tituladas como “Jungla inquieta” y “Playa escondida”.

Usbeck repasó sus orígenes; de hecho, el disco alude al nombre de su madre y que es el segundo propio. Con mucha contención se filtra la música de su infancia y se funde con un universo estético en donde habitan Psaap, Lykke Li, Tuung y The Knife —en sus momentos más reposados— y, por supuesto, el de sus admirados Chairlift. E incluso el único cover del disco proviene de la elección de una verdadera melómana; de principios de los ochenta regresó a la vida “Tarantula”, original del grupo perteneciente a 4AD, Colourbox.

Con todo y lo citadino del pop electrónico, aquí surge un calidez silvestre; “Camino desolado” posee una gran belleza espontánea y nada pretensiosa que permite recordar al legado musical del continente sin perder de vista el futuro. ¿Sería mucho pedir que más artesanos poperos y popistas exploren esta senda? Tres años le llevó experimentar ese ansiado “quemar las naves” para luego volver a Brooklyn; de ahí partió para explorar el mundo y regresar al Amparo de lo que mejor sabe hacer: componer música.

Hay discos que son un mapa amplio de continentes musicales que los exploradores sonoros se inventan. Aquí hay toda una aventura conducida con suavidad y tacto; un soplo de aires perfumados para impulsar la nave. ¿Se atreven a partir?

Editor Yaconic

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