Por Abia Castillo

Persia no sólo fue uno de los imperios más poderosos en la historia del mundo, si no también uno de los más humanitarios. Fundado por Ciro El Grande en lo que hoy se conoce como Irán, su esplendor terminó con la conquista de Alejandro Magno en el 331 A.C. Ciro era el monarca ideal según el historiador griego Jenofonte yel ungidosegún la Biblia (algo así como el Mesías). No es difícil adivinar: si algo caracterizó a la civilización persa fue su profundo respeto a la diversidad religiosa y cultural de todos los pueblos. Persépolis, su capital, fue una ciudad moderna y cosmopolita, una de las más bellas del mundo antiguo. A 2500 años, es fácil suponer que el glorioso pasado dista mucho del Irán de nuestros días.

Marjane Satrapi

La revolución islámica de 1979 marca el inicio de Persépolis, la novela autobiográfica escrita e ilustrada por Marjane Satrapi (Rasht, Irán. 1969). Con un humor casi naive y un dibujo sencillísimo, siempre en blanco y negro, narra su vida de los 10 a los 25 años, una vida marcada por los cambios y la crueldad de la guerra. Hija de una familia acomodada, descendiente de la dinastía Qajar, Strapi ahonda en su relación con Dios y en cómo, a pesar de las exageradas reglas impuestas por el régimen de los ayatolás, se intentaba llevar una vida “normal”: los adultos se las arreglaban para dar fiestas y los jóvenes buscaban imitar a Michael Jackson. Sin embargo, como escribió T.S. Elliot, “no soportamos un exceso de realidad”. Desde pequeña, Satrapi entendió que una plancha podía ser una tortura efectiva contra los presos políticos y fue testigo de cómo Teherán fue desolándose con el paso del tiempo, sobre todo durante la guerra con Irak. Perdió amigos, familiares y vecinos.

Marjane Satrapi

Como muchos (aquellos que podían costearlo) Marjane emigró a Austria, donde la vida fue agridulce. Ella misma describiría su primer periodo en Europa como el más oscuro de su vida: después de un rompimiento amoroso que la destrozaría, desapareció durante dos meses. La encontraron en la calle, a punto de morir de bronquitis. Satrapi es profundamente honesta al hablar de su difícil paso a la adultez, de sus intentos de suicidio, de la vergüenza que sintió con su familia al regresar a Irán siendo una don nadie. En realidad no pertenecía a ningún lugar: una oriental en Europa, una occidental en Irán. A lo largo de Persépolis, quizás los momentos más emotivos sean los que pasa con su abuela, de cómo ella se ponía flores de jazmín en el brassiere y en la noche, cuando se desvestía, las flores volaban hasta caer al suelo.

Marjane Satrapi

Marjane Satrapi regresaría a Europa, a París, donde radica hasta el día de hoy. Influenciada por Art Spiegelman, incursionó en el cómic con un éxito apabullante: Persépolisha vendió millones de copias alrededor del mundo y su versión cinematográfica obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2007, a pesar de las quejas del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad. Satrapi fuma sin parar y su carrera en el cómic sigue cosechando reconocimientos y seguidores con obras comoThe Sigh, Chicken with Plums y Embroideries. No ha vuelto a pisar Irán desde 1995.

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