Entrevista con Diana Garay

Mi amiga Bety

Por Abia Castillo

Mi amiga Bety es un documental que narra la historia de Beatriz, una joven condenada a 30 años de prisión por el asesinato de su propia madre. A partir de los testimonios de las personas que la conocieron desde la infancia, Diana Garay, directora y amiga cercana, se plantea la pregunta: “¿Qué hace que yo esté aquí y Bety allá?” Esta película intenta comprender las circunstancias por las cuales Bety perdió su libertad. La cuestión es más compleja de lo que podría pensarse.

Mi amiga Bety/ Diana Garay/ México/ 2012/ 87 min

“Mira: hay días en que yo pienso que me voy a ir pronto de este lugar y que allá afuera voy a ser muy feliz. Y hay días en que digo no, creo que me voy a quedar aquí para siempre y nunca voy a salir hasta después de que me toque terminar mi condena. Y eso me agobia, porque no sé qué voy a hacer durante tanto tiempo. No puedo concebir que me voy a envejecer en este lugar sin aprender, sin crecer, sin ver que el mundo crece y yo me quedo atrás y atrás y atrás.”

-Bety-

-Recientemente leí que Mi amiga Bety nació hace 4 años como un trabajo escolar ¿cómo fue el proceso de convertir ese trabajo en una película de 87 minutos?

Fue complicado. Al empezar a grabar la historia me di cuenta que no podría entregar un cortometraje de 30 minutos, como lo establece el programa académico del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). Fotografié otros proyectos de mi generación y en la escuela, aunque seas fotógrafo, existe la posibilidad de dirigir. Yo no soy directora pero siempre tuve claro que si un día dirigía una película tendría que resultarme fundamental realizarla: la historia de Bety siempre estuvo en mi cabeza y supe que la quería hacer; la historia pidió más y más yo tuve que continuar ese proceso por mi cuenta, con mi cámara y mis amigos (el CCC me ayudó con el sonido). Y así resultó un proceso de 4 años.

-En los últimos años el documental tiene una tendencia muy particular y es que los creadores cuentan historias que están demasiado ligadas a sus círculos afectivos más cercanos (pienso en Intimidades entre Shakespeare y Víctor Hugo de Yulene Olaizola y Cat Fish de Henry Joost y Ariel Schulman). ¿Cómo lograste crear una versión crítica de la historia de Bety a pesar de tu amistad con ella?

No quería detenerme únicamente en la anécdota criminal, en si Bety era inocente o culpable, no quería dar una visión definitiva del hecho. Me interesaba hablar del destino, de la infancia, de la clase media por medio de los recuerdos en común.

Fue una decisión muy difícil aceptar que yo misma debía ser otro personaje de la película. Creo cuando planteé que Bety es mi amiga y salí con ella a cuadro todo fue más orgánico, aunque aún me cuesta verme en pantalla. Así me sentí con más claridad de plantear las cosas como: “Bety es mi amiga, pero en su historia existen estas circunstancias”. Bety es un ser humano complejo, lleno de matices, con cosas buenas, cosas malas. Se trataba de contar la historia de Bety a partir de su identidad para de ahí llegar a su intimidad.  Un personaje y sus circunstancias que me son cercanas y hasta cierto punto personales. Se puede contar la historia de la clase media de un país partiendo de una historia personal; contar la historia de una generación, eso creo.

-¿Qué fue lo más difícil para ti a la hora de filmar este documental?

Muchas cosas. Lo más difícil fue encontrar la estructura narrativa, llegar a un punto justo y respetuoso hacia Bety, ser honesta conmigo misma. Tratar de no adoptar una postura con respecto a su culpabilidad o inocencia y que el espectador tuviera su propio juicio. Además fue muy duro asimilar una historia tan trágica a lo largo de 4 años. También fue difícil terminar el documental, poner un alto al levantamiento de imagen y a la edición, trabajar con pocos recursos. Al principio fue difícil ir a la cárcel, conocer este otro mundo, aprendí a no juzgar a la gente. En conclusión el documental, por lo menos en mi caso, se hace para cambiarte la vida, y a mí me cambió la vida.

Mi amiga Bety comienza como una historia centrada en un pequeño círculo de personas, sin embargo avanza hacia un tema muy sensible en este país: la impartición de justicia. ¿Cómo fue esta transición de lo particular a lo universal?

En la infancia y en las historia de escuela todos tenemos en común los apodos, la crueldad infantil, ahí está el proceso que puede hacer que el espectador se sienta identificado y puede digerir más cercanamente un proceso judicial que le es ajeno, dar la sensación de que todos podemos ser parte de ese proceso si estamos en el lugar equivocado en el momento equivocado. La impartición de justicia y la recreación del crimen eran necesarios para situar la historia en un  contexto, sin embargo, la empatía se da porque entendemos la vulnerabilidad a la que todos estamos expuestos. Bety podría ser la amiga, compañera de escuela, o vecina de cualquier persona que contemple la película.

-En la sinopsis planteas la pregunta “¿Qué hace que yo esté aquí y ella allá?”  Con la película a punto de estrenarse, ¿cuál es tu respuesta?

Siempre me pregunté sobre el destino, qué significaba. Después de ver y leer, creo que el destino lo vamos haciendo nosotros mismos, que es el conjunto de decisiones que tomamos en la vida lo que nos va llevando por los caminos que transitamos. Probablemente sea eso lo que a veces me ronda por la cabeza; si acaso Bety ya tenía escrito un final trágico por la característica de sus circunstancias.

-Bety es un personaje entrañable y muy complejo ¿te sorprendió lo que encontraste a lo largo de estos 4 años?

Me sorprendieron muchas cosas, en primer lugar el cambio que tuvo Bety en ese tiempo; ha crecido y ha madurado. Lo que encontré en la cárcel no lo esperaba, para empezar uno siempre está más acostumbrado a la realidad que tiene a la mano. La cárcel suena remota, es como la luna, sabes que está ahí pero no tienes ni idea de cómo es. Es un imaginario lejano. Hasta que tienes una circunstancia cercana a ella sabes de qué se trata. Conocer no sólo a Bety si no a la población de Santa Martha Acatitla te abre una realidad mucho más vasta y compleja. También me sorprendió lo trágico y lo profundo de los secretos familiares de una clase media que en apariencia está equilibrada pero con conflictos latentes.

-¿Bety ha visto el corte final de la película? ¿Le gustó?

Ya lo vio. Por teléfono me dice que me quedó bonito y que lloró mucho. Ver el documental fue muy fuerte e intenso para ella, le removió desde sus recuerdos infantiles más viejos hasta lo más duro de su proceso judicial. Por ejemplo, la foto en que aparece la mamá de Bety la conseguí a principios de año y se la llevé en abril, tenía 8 años de encierro sin ver una foto de su madre y casi no la recordaba. Al final la estás confrontando con su situación.

-Hace unas semanas Mi amiga Bety se llevó el premio DOCSDF a Mejor Largometraje Documental Mexicano, además que se hizo acreedor al Premio José Rovirosa 2012 al Mejor Documental Estudiantil ¿Qué viene para ti en el futuro?

Lo que nos interesa con este documental es que la gente lo vea, que siga su camino. Hay proyectos e ideas por hacer, un par de documentales que apenas están en mente. Me he dado cuenta de lo difícil que es generar y acabar proyectos. Colaboro junto con mi productor Alejandro Durán y con otros amigos que están haciendo sus películas, nos ayudamos. Creo que con las circunstancias de este país es importante ayudar en la medida de lo posible, desde prestar una cámara, una carpeta o dar algo en especie, hasta un consejo quizás, para que la gente como yo acabe sus proyectos con pocos recursos.

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