“Llamo aquí la atención sobre el carácter blasfematorio que tienen, en el más religioso sentido de la palabra, mis alusiones procaces a la mujer, ya que en ella venero la fuente de la última sabiduría, la puerta de reingreso al paraíso perdido” Juan José Arreola.

Juan José Arreola ha corrido con la suerte de los héroes. Su nombre se ha utilizado para bautizar calles, escuelas y centros culturales; pero no son muchas las personas que lo leen hoy día, salvo por obligación, al estar incluidos algunos de sus textos en planes y programas de estudio de nivel medio y medio superior.

Tengo la impresión de que mis contemporáneos suelen recordarlo más por sus excéntricas apariciones en programas de televisión durante la década de los ochenta, que por su literatura.

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Juan José Arreola en la UNAM.

Este texto es, por supuesto, una invitación a la misma. Aunque la principal razón que esgrimiré para ello no figura entre las que suelen mencionarse. Y ésta es que: Juan José Arreola es un misógino de primera categoría. Al nivel de Oscar Wilde o Arthur Schopenhauer, aunque sin toda esa autoestima. Ya que si bien en sus escritos se hace una sátira de la figura de la mujer, al hombre no le va mejor, puesto que éste suele quedar como una figura ridícula.

En este punto sería bueno que pararan esta lectura y buscaran textos como: “Anuncio“, “Parábola del trueque“, “Eva“, “Una mujer amaestrada“, “Insectiada” y “La Migala“. Hay más, pero creo que con esta antología bastará para que tengan una idea y se enganchen con —o repudien a (faltaba más)— este pilar de nuestras letras. Aunque si deciden lo segundo probablemente están haciendo una lectura apresurada y superficial.

Y no es porque crea que, en este caso, haya que distinguir tajantemente entre la figura del narrador y la del autor, axioma básico para cualquier crítica literaria. Ignoro cómo fue Juan José Arreola en su vida privada; pero es menester reconocer que su obra denota un fuerte componente autobiográfico. Aun así no pienso condenarlo o defenderlo en términos morales. La buena literatura no está reñida con los vicios y las opiniones deleznables. Pensar lo contrario es ingenuo. Ejemplos abundan.

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BAJO LAS FAUCES DE LA HEMBRA

Hijo de una cultura católica, machista y pueblerina, Juan José Arreola se ocupa de la mujer porque le fascina, intriga y teme. En sus textos ella es la pecadora; la devoradora de cuerpos; la cónyuge que absorbe la vitalidad, la traidora.

En su mundo, establecer relaciones armoniosas entre los géneros es inviable, ya que los sexos están en guerra. Sin embargo anhela la comunión. Pero cuando ésta se muestra imposible, entonces acepta morir bajo las fauces de la hembra, en una fantasía freudiana que lo devuelve de forma brutal al seno materno. Lean por favor nuevamente “Insectiada” y “La Migala” y vean cómo en ellos hay una pulsión de muerte tremenda.

A Juan José Arreola le apasionaban las mujeres, las deseaba, pero no las entendía. En varias de sus intervenciones televisivas se notaba embelesado por la belleza femenina. Quería ser querido, temía ser rechazado o herido (como sin duda lo fue, como sin duda lo hemos sido todos). Y ante la sola idea de ello reaccionaba activando el impulso tanático de autodestrucción en su arte. Entonces blasfemaba sobre el objeto (sí, objeto) de su adoración.

Aunque, por otra parte, sus “insultos” hacia la mujer continuamente se vuelven contra los protagonistas masculinos a fuerza de reducciones al absurdo. Las víctimas de sus cuentos misóginos son hombres que caen presos del terror, el embaucamiento y la soledad. Miedosos, tontos y solitarios, éstos viven una existencia atormentada y llena de patetismo.

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“Una mujer amaestrada”  —quizá el texto más feroz y cáustico de Juan José Arreola— condensa todo lo dicho. En él se insinúa de manera muy sutil el establecimiento de un triángulo amoroso entre el narrador, la mujer y un saltimbanqui polvoriento que la somete simulando violencia física. Mientras que el enano del tambor vendría a ser algo así como el hijo monstruoso de la pareja, fruto de todo ese sadomasoquismo. Hay en este cuento una crítica mordaz hacia la actitud sumisa de una mujer; pero también una burla directa hacia el protagonista que interviene torpemente en una relación enferma, al verse conmovido por la situación.

Caigo en cuenta de que si para estas alturas no han leído los textos, tal vez piensen que la literatura de Juan José Arreola es oscura y tenebrosa. Y así es, pero en un nivel profundo, porque lo que resalta en ella a primera vista es el humor y la capacidad para crear artificios formidables. En este sentido, sin exagerar, me parece que está emparentada con la de otros fabulistas geniales, como: Franz Kafka, Jorge Luis Borges o Italo Calvino.

Y es por ello que los invito a quitarle el polvo a sus libros, que por otro lado no son muchos y se leen de un tirón.

Romeo LopCam

Romeo LopCam

Estudió la licenciatura en Estudios Latinoamericanos en la UNAM. Colaborador de varios medios libres, ha tratado de cambiar la realidad sin mucha suerte. A pesar de lo anterior odia a los hippies y la trova. Ha trabajado como redactor, editor y administrador web en lugares donde le pagaban bien pero le chupaban la vida. Ahora es freelance, o lo que es lo mismo, un vago.

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