Desde hace casi dos siglos una palabra ronda el espectro latinoamericano: modernidad, a tal grado que aún forma parte de los infames discursos de un gran número de políticos en este lado del hemisferio, una promesa que parece eterna. Dicha palabra refiere a la renovación o, más bien, a la transformación tecnológica y tiene en la ciudad su ejemplo más claro.

Durante finales del siglo XIX y principios del XX las urbes comenzaron una expansión furtiva. Sin embargo, en algunos países latinoamericanos no ocurrió lo mismo: inestabilidad política y un crecimiento económico poco esperanzador puso en duda que la modernidad realmente llegó a esta región.

En 1990 fue publicado Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad de Néstor García Canclini, obra en la que se analiza el tránsito de lo moderno en América Latina. Entre sus tesis, Canclini menciona que este término es contradictorio en una región donde la herencia cultural permanece, por lo cual nos encontramos, más bien, ante una hibridación entre ambos modelos. No obstante, dicha fusión no llevó a un término a rajatabla, pues en realidad se trata de un proceso de hibridación por el que América Latina pareciera atravesar permanentemente, en el cual tiempo y espacio son fundamentales.

RICARDO YUI

Lo anterior podría servir como contexto del trabajo de Ricardo Yui (Lima, 1983) fotógrafo y artista visual quien desde 2010 vive en Europa y cuya obra, en su mayoría, tiene como foco principal el espacio limeño pero, sobre todo, el cambio del espacio y el tránsito del tiempo. Para no irme por (sobre)interpretaciones, contacte a Ricardo para que él mismo hablara sobre su trabajo.

MODERNIDAD

¿Por qué enfocarse en el paisaje, particularmente en el urbano?

“Es algo que empezó muy temprano en mi trayectoria. Desde el principio la ciudad de Lima fue el centro de mi obra y aún ocupa un papel fundamental. Mis primeros proyectos coinciden con el inicio de una transformación a gran escala del paisaje en Lima: un cambio no sólo visual, sino también estructural. Forma parte de una reflexión que se amplifica al descubrir (y entender) que la Modernidad, más que un fenómeno social, es una cultura. Mi trabajo habla de esa cultura, entonces, la arquitectura, la ciudad y el paisaje urbano funcionan como referentes.

Sin embargo, no hablo de la Modernidad en un espectro universal, pues me concentro en cómo se define desde este lugar del planeta. Mis experiencias de viaje me han otorgado cierta claridad para entender cómo construimos la cultura de ‘lo moderno’ en nuestra región. Mi trabajo se inspira en la deformación de conceptos fundamentales y en una clara apropiación y adaptación cultural de lo que significa Modernidad Occidental”.

La presencia de personas es prácticamente nula en parte de tu obra ¿a qué se debe que queden fuera aun cuando todas se desarrollan dentro de la ciudad?

“Si hablamos del primer bloque (2002-2010). Pero a partir de La Costa Verde las personas han tomado mayor protagonismo en mis trabajos. Incluso hoy existen personajes fundamentales en el territorio de ficción que intento construir con mis recientes obras en video.

En el primer bloque me interesaba hablar de la Modernidad desde un punto urbano-estructural, la ciudad se constituía como la representación de las voces que le daban forma. Luego, en La Costa Verde y Entropía Limeña aparecen personajes que representan la escala humana en términos de lo que se quiere alcanzar, es decir, el hombre visto desde su posición, en esencia, insignificante ante lo que construye: obras monumentales que sobrepasan la escala [física] humana”.

Para ser preciso, la figura humana dejó de ser la herramienta del cambio para mostrarse como la mente que lo imagina. En todo caso, usando personajes, ahora hablo de la Modernidad desde su aspecto cultural mientras que las estructuras tal vez toman un papel secundario.

Fotográficamente hablando, ¿qué es el tiempo para ti? Es decir, tus series registran la transformación de los lugares durante un período temporal.

“Esta es una pregunta extremadamente interesante en este momento. Así como la Modernidad es un aspecto clave dentro de mi obra, la noción de ‘espacio intermedio’ también lo es. En ese sentido, mi investigación sobre lo que llamo cultura de lo moderno encuentra una fascinación por esa idea de transformación, pero también por las contradicciones y paradojas asociadas a un momento de cambio. Así que es imposible encontrar sentido en lo que hago si no se toman estas dos formas en cuenta: la transformación inherente de las cosas y la Modernidad como una fuerza brutal de transformación.

Mi representación del tiempo ha ido cambiando mucho a través de los años. En un principio con la serie Tiempos Interrumpidos representaba el tiempo de transformación como una elipsis, ante la cual la memoria debería guardar el recuerdo de lo que fue ‘antes’ y lo que fue ‘después’. La Costa Verde y Les Ruines Domestiques indagan en el momento mismo del cambio, intentando coger la transformación de un paisaje o estructura, para interrogar el pasado y el futuro.

Con el uso del video, a través de la imagen en movimiento, propongo la transformación como un fenómeno singular que sucede frente a los ojos del espectador. Mi punto es bastante simple, mi representación actual del tiempo es a través de la noción del ‘momento actual’ o el ‘instante presente’.  Por ejemplo: en mi video Continuidad elementos en la narrativa proponen una serie de ideas que lo refuerzan”.

A partir de las series La Mirada Correspondida y Ruines Domestiques ¿Cuál sería tu definición de espacio?

“Una fricción entre dos estados, al igual que el tiempo. En el caso de La Mirada Correspondida es sobre el aquí y allá. Lo que me interesa de la sombra de la torre es justamente el espacio inmaterial que representa: es decir, todo el espacio invisible entre el aquí y allá.

En el caso de Les Ruines Domestiques es sobre la forma y lo informe. Sobre la posibilidad de que el espacio pueda ser al mismo tiempo dos cosas (o pueda representar dos estados simultáneamente).

Además, en mi serie Les Ateliers SNCF se presentan espacios interiores en sombra, en los cuales la luz del sol que entra por las ventanas dibuja un espacio visible en la imagen. Ese espacio visible es el espacio intermedio, el cual al mismo tiempo habla del afuera y del adentro”.

¿Resulta un cambio drástico, para tu obra, el haberte trasladado de un continente a otro?

“Definitivamente. En Europa aprendí mucho. Especialmente aprendí a mirar el tipo de Modernidad muy particular que tenemos en el Perú (y Latinoamérica en general). Tal vez estar lejos del Perú me da una distancia crítica hacia esa realidad, hacia la naturaleza precaria de esta forma de Modernidad”.

¿Qué proyectos estás realizando o cuáles tienes en mente?

“En este momento estoy en Lima pre-produciendo el video Orthodoxie et Orthopraxie”.

Ser un latinoamericano en Europa es:

“Una ventaja. En nuestros países la realidad es tan desordenada, caótica, desigual, amplia y tiene tantos extremos que finalmente tenemos herramientas mentales para entender un mundo tan complejo y lleno de desafíos como es el actual. Piensa solamente en Elon Musk, él viene de Sudáfrica, que es también una construcción de realidad ciertamente compleja”.

Mario Castro

Mario Castro

Estudió Letras Hispánicas en un arranque por pertenecer al mundo profesional, aunque lo suyo es ver, hacer, hablar y escribir sobre fotografía. También le interesan la literatura, el teatro y el cine, pero líbrese de hipsterear. Gustoso de echar el verbo, la chela o dar el rol sea en la ciudad o por terracerías.

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