Por Scarlett Lindero / @scarlettlinde

Imágenes: MAM

“No apto para niños” es lo primero que leo en el cuaderno de comentarios de la exposición Monstruosismos del Museo de Arte Moderno (MAM). Lo monstruoso, apunta Daniela Tarazona —curadora de la muestra—, comienza al cruzar un límite. Se trata de lo que está afuera: expulsado, descoyuntado, deforme, anómalo. Más allá de los umbrales, y también en la intersección de ellos, el monstruo señala nuevas formas de realidad.

El monstruo habita en el arte y la literatura desde antaño: “Entonces vi surgir del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas; sobre sus cuernos tenía diez diademas, y sobre sus cabezas nombres blasfemos. La bestia que vi era semejante a una pantera; sus pies eran como los de un oso, y su boca como la de un león”. Esto lo dice el capítulo 13 del Apocalipsis y la frase ha sido colocado en un muro de la muestra.

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Las 64 piezas que componen Monstruosismos representan lo “anormal” en el arte medievo, la cultura pop, la religión católica y en fotografías como “Nuestra señora de las iguanas” de la mexicana Graciela Iturbide. La idea de la exposición es dedicar a la memoria y a la mirada un paseo por las variantes artísticas que hacen registro de la representación de los engendros en el arte, desde el siglo XVII hasta el XX.

Además de Iturbide, los artistas reunidos, de visiones “perversas o estrafalarias”, son Lourdes Grobet,  Xavier Esqueda, David Alfaro Siqueiros, Julio Ruelas, Leonora Carrington, Francisco Toledo, Germán Venegas, Henri Cartier-Bresson, Rafael Coronel y Manuel Álvarez Bravo.

Animal-hombre. Hombre-animal. Monstruo-animal. Hombre-monstruo. Cuál es la similitud. Hay una posible respuesta en una pared del MAM: “Toda deformidad es anunciada por un animal. Un bicho punza con un aguijón la frente de un hombre, otro quizá haga una revelación. Hay un pleito de perros. Aparecen seres duales, híbridos: la cabra serpiente, un gato-pájaro en rojo o los gemelos, animales consumados cuyas intersecciones revelan espacios nuevos de significado. Lo monstruoso desdibuja lo que se lee en los cuerpos.”

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El MAM eligió a Tarazona, ensayista y editora, como curadora de la muestra por su novela fantástica El animal sobre la piedra (Almadía, 2008), que cuenta la metamorfosis de una mujer en reptil. Daniela dice en su texto curatorial: “Ante nuestros ojos aparece lo que era invisible o inmaterial, y la fantasmagonía de los deformes se disuelve.”

El monstruo, continúa Daniela, nos revela los secretos del cuerpo y avisa su devenir. El camino conocido se desdibuja y surge la oscuridad: allí las inquietantes criaturas nos esperan con sus cuerpos abyectos.

Pienso en otros seres metamorfoseados, como los devorados en un violento acto sexual de Picasso, en el mundo oscuro y árido dibujado por Alfred Kubin, en Francis Bacon y sus desnudos deformes e incoherentes, sangrientos y deshuesados, en el mundo caótico y viscoso de David Lynch, con esas criaturas que fluctúan cambiando su anatomía.

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Monstruosismos se divide en cuatro núcleos temáticos. El primero, Naturaleza, instinto y disfraz, muestra, a través de máscaras y rituales, el encuentro con identidades ocultas. Da pauta a lo bestial en la naturaleza y las culturas populares. Aquí se exponen las famosas fotografías de luchadores de Lourdes Grobet. En Metamorfosis: el animal y yo, hay deformidad y dualidad entre lo hombre-animal. “Nuestra señora de las iguanas” de Iturbide y algunas piezas Cartier-Bresson pueblan esta serie.

El tercer bloque, Religión, ritual y purificación, aborda la religión y el sacrificio. Lo monstruoso se ha suspendido del suelo, como si los propios animales se ofrecieran en un rito de purificación. En la parte final, El disloque, los cuerpos padecen, hay violencia y dolor; la vida se oscurece y las figuras explotan o se desdibujan, se desmarcan y se fugan.

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Figuras descompuestas, desviadas e insólitas. La muestra, escribo en el cuaderno en el que leí la advertencia “anti infantes”, no es apta para mentes sensibles que se inmutan ante el horror y la belleza en ese horror.

Me quedo con una idea de Monstruosismos sobre nuestros cuerpos: “Los cuerpos indican el mundo más allá de sí. Las calaveras toman su lugar y aparece un osario. Se ve el rostro que escurre su propia identidad desviada, abyecta, corrompida. Al final, el hombre vuelve a enfrentarse a sí mismo.”

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Monstruosismos se presenta en el Museo de Arte Moderno hasta el 16 de abril de 2017.

Editor Yaconic

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