Por Janneth Magaña / @Janneth__jann

En apariencia, Moonlight (2016) es un filme sobre la homofobia desde las entrañas de la comunidad afroamericana. Más adentro, la segunda producción de Barry Jenkins nos pone frente a una historia sobre la identidad, en una ciudad —Miami, los ochenta— hostil, que bien podría ser cualquier urbe del mundo occidental.

Sin panfletos, Moonlight retrata la vida de Chiron (interpretado por Alex R. Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes), un pequeño de padre ausente y madre (Naomie Harris) adicta. Con un ritmo taimado, Jenkins (Medicina para la melancolía, 2008) elabora un drama en el que vemos crecer a Chiron entre el bullying de sus compañeros, la presencia paternal de Juan (Mahershala Ali), un dealer del barrio y una relación en principio velada con su propia homosexualidad.

moonlight barry jenkins

Chiron (Ashton Sanders).

La infancia, adolescencia y madurez de Chiron transcurren entre el miedo y la impotencia. Ante la adicción de su madre, el acoso sufrido debido a su estatura (Chiron es apodado “Pequeño”) y su retracción, busca protección en Juan y Kevin, este último su único amigo y posterior bisagra amorosa.

Uno de los diálogos entre Chiron y Juan revela el borrador del conflicto homosexual de Chiron:

—¿Qué es un maricón?

—Marica es el término que utilizan para hacer sentir mal a las personas gay.

—¿Yo soy gay?

—No tiene nada de malo ser gay y no tienes por qué saberlo ahorita.

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Chiron (Alex R. Hibbert).

Una noche en la playa, Chiron, ya adolescente, tiene un encuentro casual con Kevin, quien lo masturba. La escena es sutil, hay besos, el movimiento es discreto y raya en lo romántico. La experiencia emocional de Chiron, casi nula, es igual a la sexual. El encuentro deviene en un enamoramiento. Pero la historia no deriva en los clichés cinéfilos de parejas gays.

Otro de los golpes viene cuando su madre, sumergida cada vez más en las drogas, busca alimentar el vicio. Imposibilitado, Chiron es despojado de su dinero. El personaje crece y la adicción maternal es perenne. Y es cuando otro momento clave se avecina: uno de los chicos burlones pide a Kevin que golpee en un juego a Chiron. Este lo hace y los compinches del agresor se abalanzan para darle una paliza mayor. La vendeta de Chiron lleva a reventarle una silla al bravucón, acto que lo lleva a la cárcel.

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Paula (Naomie Harris).

Chiron parece ya no ser el mismo una vez fuera de prisión. Ni todo alrededor. El chico tímido ha dado paso a un adulto fornido, otro, que se enrola en la venta de drogas mientras su madre ha dejado de ser adicta. Jenkins teje en Moonlight una historia dura, contradictoria y profunda, en la que el personaje se enfrenta al derrumbe de sus cercanos.

Una llamada de Kevin lleva a Chiron al encuentro y posible redención: el retorno a casa con “el único hombre que lo ha tocado”. Un abrazo lleno de amor franco, sin cortapisas.

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Juan (Mahershala Ali).

Moonlight es favorita y su triunfo en festivales ha sido notorio (Globo de Oro, película del año según la asociación de críticos de Los Ángeles y ocho nominaciones al Óscar, entre otros). Lo vale. Jenkins basó su guión en la obra In Moonlight Black Boys Look Blue del dramatugo Tarell Alvin McCraney. Ambos vivieron en el mismo barrio, Liberty, en Miami, con madres junkies. (Fueron a las mismas escuelas pero no se conocieron). La autobiografía se cuela: el director sabe de lo que habla.

Moonlight ha sido catalogada y descatalogada por la crítica en la etiqueta de “cine gay” o “cine queer negro”. Pero quizá la historia rebasa ese debate y es un retrato profundo de la intimidad de un hombre cuyo lirismo es una búsqueda soterrada de sí mismo.

Editor Yaconic

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