A toro pasado todos resultamos bien conocedores. Sobre todo cuando se trata de gente muerta. Es bien fácil subirnos al tren del mame, como yo con la muerte del wey de The Fall, porque seguro más de uno no topa al Mark E. Smith por su nombre, sino por su música o ni lo conoce. Tampoco toparlo te hace más chingón o te hace tener la riata más grande dentro de  la escala de conocedores musicales. Sólo es cosa de gustos, como los reguetoneros y su música de culo sudado.

Lo que pasa es que hay gente que merece escribir de ellos. Mark E. Smith es de esa banda. No descubrió una vacuna contra el cáncer, pero sí fue un puto alcohólico y todo lo demás. Alguien que salió del molde, que su arte fue, es y será inspiración para miles de músicos británicos. No dejó pasar su vida detrás de un escritorio, no fue un empleado que solo sacaba para “su coquita” de fines de semana. Mark E. Smith se fue a lo grande, no, no tengo idea si tuvo lana, una buena nave, si su casa tenía muebles de diseñador, si tenía su refri lleno de cosas light. No tengo ni puta idea si tenía un perro genial. Ni siquiera sé si Mark E. Smith fue feliz.

Ahí está su música para acompañar tu rabia, porque espero que la tengas. Aunque sea por ahí escondida dentro de tu ropa de diseñador, en el chip de tu tarjeta de crédito, en tu iPhone de última generación o en tu Spotify Premium. Ahí está la música de The Fall para imaginar que somos tan sólo un poco contestatarios. Ponte tus audífonos para que no molestes a tu compañero de trabajo, sube todo el volumen. Deja que la voz aguardientosa del arrugado Mark E. Smith caliente tu sangre. Imagina mandar todo a la mierda, pintarle pito a ese compañero lambiscón con los jefes, imagina por un momento soltarle un putazo a ese patrón pasado de verga. Imagina, sólo imagina no tener que pasar tu vida detrás de un escritorio para pagar la renta.

Sólo por un momento hazme caso, ponle play a sus rolas, sólo por un momento deja que la rabia te consuma hasta que te den ganas de sacar por la ventana de tu oficina ese enorme culo sudado para dejarlo vivir.

Mark E. Smith está muerto. Hay que ahorrarnos su historia porque acá la puedes leer. Nos quedamos con el buen Thundercat, con los tenis de Kendrick Lamar. Nos quedamos con la genialidad de Jack White y su compadre el Kanye West. El post-punk está muerto, es hora de prepararnos para el post-rap, post-trap, post-reggaetón y su legado. El punk y sus derivados buscaron enfrentarnos con el sistema, hacernos autosuficientes, cuestionar la moda, las masas y su sociedad.

Manchester y el mundo extrañará a The Fall.

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