Hechos. Si bien la serie de conciertos en México consolidó el maridaje de Muse con el público mexicano los alcances son mucho mayores. Un equilibrio absoluto entre la propuesta musical, un show audiovisual impresionante y el factor humano. Lo que se vivió en el Domo de Cobre es una legendaria clase maestra, la perfección escénica.

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Por Pablo A. Anduaga
Fotos Fernando Aceves
Muse es una banda de Rock, el pasado fin de semana no quedó duda. Si bien las generaciones pasadas en México no pudieron disfrutar de la legendaria Queen, la de hoy puede sentirse bendecida con la leyenda que va forjando el trío inglés. Y sí, la analogía entre ambas bandas no sólo es permisiva sino necesaria.

Sobran los casos sobre bandas que vienen a nuestro país a dar conciertos “exclusivamente musicales” o se presentan modestamente cumpliendo con lo mínimo (primera visita de Smashing Pumpkins, último concierto de los Red Hot Chilli Peppers), pero Muse no sólo se entregó completamente sino trajo el impresionante show para su gira The 2nd Law, nada se guardaron los británicos.

Desde el inicio hubo amarre con el público, la soberbia pirámide cónica de cinco niveles que estaba suspendida en el domo de cobre se transformó en cada canción, ya sea como pad´s electrónicos, lienzo, televisores… 22 diferentes animaciones que sus pantallas led Full HD deleitaron cada momento, y no es exageración.

Muse ama tocar en vivo y su preparación es meticulosa. Su escenario en media luna para que el público los rodee completamente fue ya una invitación de amigos. Todo el escenario estaba cubierto también por pantallas leds en coordinación con la pirámide, unión entre cielo e inframundo con tres genios en su centro. Un escenario pulcro, impecable sin cables o monitores que estorbaran, la casa limpia para recibir al ser querido.

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Bellamy y compañía cumplen 20 años de tocar juntos en 2014, son buenos amigos y mejores anfitriones, si bien Unsustainable fue una cálida bienvenida, fue Supremacy e Hysteria las que desataron la magia. Sin embargo no se quedó en el frenesí propio de una banda generadora de excelente música y hartos radiohits, demostraron ser unos genios en el manejo energético, y dicha genealidad poco tiene que ver con el azar, es puro trabajo.

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No sólo fue el detallado concepto en cada tema, sino la forma de irlos llevando, como el pequeño interludio de bajo y batería tras Animals, que preparó Explorers para enfilar la primer gran catarsis llamada Time is running out. Hubo otras, como en Madness y básicamente el final del concierto. Muse es un ejemplo maestro sobre manejo de las posibilidades musicales. Hubo dos sets más íntimos donde Dominic Howard tocó pads electrónicos y Bellamy descansó su lira mientras un fantasmagórico cuarto músico disparaba samplers, tocaba teclado y hacía las segundas guitarras; Christopher fue un bastión en sus futuristas bajos con trastes leds.

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Muse no sigue fórmulas, la variedad en su set list regala momentos, todos intensos, algunos de carácter épico como con Follow Me y Survival, o bien potentes con todo el Palacio de los Deportes rebotando con New Born, Uprising y el majestuoso cierre de Knights. La gente cantó, brincó, lloró y bailó de la mano del trío, la emoción fue pareja pues hasta el taciturno y mesurado Wolstenholme irradiaba energía. La banda atendió a todo sector del público, ya sea con un seguidor de luz disfrazado dentro del escenario donde Matt saludó las zonas más retiradas, o los temas que, literalmente, le cantó a la gente detrás del escenario. Nadie se sintió ajeno pues incluso los lásers sirvieron como redes que acercaban las más de 18 mil almas que colmaron el inmueble, nadie se sintió en deuda con lo que pagó por verlos, lo único reprochable fue el inicio del primer concierto con un audio bastante dudoso, sobre todo en las guitarras de Bellamy y que se corrigió hasta la segunda mitad del concierto. Fuera de eso la banda dio cátedra, pocos conciertos son tan redondos, un balance idóneo entre calidad musical, un set list pensado en hacer una montaña rusa de emociones y momentos para el público, un show perfectamente diseñado para potenciar la música, no cubrir sus carencias. No hubo un solo momento flaco, la voz de Bellamy voló en cada una de sus interpretaciones, tan es así que si bien Butterflies and Hurricaines fue la gran ausente el tema no hizo falta, Muse es mucho más grande que un solo hit y su discografía e historia lo demuestran. Su carrera es ya histórica para la música popular inglesa, por ende para el mundo entero. Bendecidos quienes han presenciado a Muse en vivo, sino lo has hecho no lo dudes, hay garantía de una experiencia que marcará tu vida.

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