LA COLECCIÓN DE ARTE MODERNO DE LA UNAM 1950-1990

¿Qué es el arte? ¿Qué es un curador? ¿Cómo se conciben las exposiciones? Para responder a estos cuestionamientos, el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) montó el espacio experimental “Museo Expuesto. La colección de arte moderno de la UNAM 1950-1990” en octubre de 2013. En estos días la muestra se renueva por cuarta vez y aprovechamos para platicar su curador en jefe, James Oles, sobre este primer laboratorio curatorial universitario de México.

 

CCU TLATELOLCO

Por Eduardo H.G. / @altermundos
Fotos: Alejandro Resendi / Yaconic

James Oles camina de un lado a otro. Da algunas indicaciones. Está alterado y es normal: esta noche, el Museo Expuesto, ubicado en la Sala de Colecciones Universitarias del CCUT, se renovará con más de 100 nuevas obras y él es el curador en jefe. Prepara los últimos detalles. Usa lentes de pasta, viste jeans azules, una playera tipo polo y tenis de tela que se ven cómodos. Su edad ronda los 40 años pero su aspecto es juvenil. Observa un ejemplar de nuestra revista. Esperamos un minuto antes de charlar con él.

Oles es doctor en Estudios de Arte Latinoamericano por la Universidad de Yale, curador independiente e historiador de arte. En 2013, después de que el Museo Colección Blaisten (MCB) dejó las salas CCUT, él planteó usar ese lugar como un “laboratorio de diferentes ideas curatoriales, así como en la UNAM hay laboratorios para los químicos y los biólogos”. Nació Museo Expuesto: una exposición abierta, dinámica y experimental sobre cómo se conciben las muestras en los recintos de arte.

El proyecto ha presentado, en tres ciclos, piezas de la colección de arte moderno de la universidad mediante quince conceptos fundamentales para el entendimiento de cualquier exposición: introducción, registro, embalaje, historia, inventario, iluminación, conservación, montaje, artista, réplica, archivo, Cubo Blanco, exposición, cédula, múltiples. La cuarta renovación tiene al arte cinético y el arte popular como ejes. Oles ya está listo y comenzamos la entrevista.

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¿De qué va y cómo nace Museo Expuesto?

—Lo que yo quería hacer aquí cuando se fue la colección Blaisten, era usar este lugar para un tipo de laboratorio de diferentes ideas curatoriales. En esta primera exposición es mi visión; pero en noviembre viene un proyecto con todos los alumnos de estudios curatoriales, y luego otra exposición, probablemente un proyecto sobre Gunther Gerzso, en la que invitaré a jóvenes curadores para jugar con la obra de este artista. Entonces, aunque los proyectos van a cambiar aquí, la idea de Museo Expuesto sigue como un proyecto didáctico, lúdico; como una alternativa a lo que puedes encontrar en la ciudad. También, la exposición sigue presentando o dando visibilidad a obras embodegadas de la colección de la UNAM, que por diferentes cuestiones, necesidades o intereses del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) o de otras instancias de la universidad, casi o nunca se han visto.

¿Por qué la cuarta renovación pone el ojo en la producción artística de finales de los 60 y principios de los 70, en la psicodelia y el arte cinético?

—Por una razón en particular: la mayoría de las piezas de la colección de la UNAM, en cuanto a arte moderno y contemporáneo, forman parte de la colección del MUAC, que es una colección de los 50 hasta hoy. Y bueno, en estos días se exhibe la gran exposición de Desafío a la estabilidad. Procesos artísticos en México 1952-1967 y eso significa que muchas de las buenas obras de la colección que tienen que ver con ese periodo están ahí. So, yo no tenía acceso a esas obras para esta exposición, entonces decidí jugar, o más bien investigar, con piezas de los 70 y 80 porque tengo más libertad.

Una cosa que para mí fue muy importante en cuanto al arte óptico y cinético, el movimiento y estos juegos psicodélicos, es esto: hace algunos años, cuando Daniel Garza Usabiaga —el actual curador del Museo del Chopo— trabajaba en el Museo de Arte Moderno, hizo una enorme exposición de arte cinético, que fue la primera exposición histórica de ese periodo (en México el arte óptico, el arte cinético, es post 68), y me impresionó mucho. Era maravillosa. Entonces invité a Daniel a trabajar con nosotros para ver qué había en la colección de la universidad que tuviera que ver con ese periodo, porque creo que además es uno muy importante que debemos fortalecer dentro de la universidad.

La primera gran exposición de cinetismo en México fue en la UNAM, en lo que se llamaba el MUCA, en 1968, antes de las olimpiadas. El arte cinético, que tiene que ver con la ciencia, tiene intereses en la universidad que van mucho más allá que los estéticos: cuestiones de física, química; tiene mucho que ver con lo que estudian muchos chavos que no están en historia del arte. Arte cinético es algo que tenemos que tener y no tenemos, o sea, tenemos muy pocas obras. Al final decidimos, para esta nueva rotación de Museo Expuesto, no hacer una exposición sobre arte cinético sino yuxtaponer obras, en este caso de artistas contemporáneos que usan el movimiento, con artistas que lo usaron en los 70. Para empezar a ver por dónde tenemos que mejorar y crecer la colección.

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Háblanos de algunos de los artistas y las piezas expuestas.

—Algunas piezas favoritas: tenemos una obra magnifica de Francisco Moyao, pintor abstracto que experimentó con piezas que funcionan entre pintura y escultura. Algunas de sus piezas estaban en el piso y otras en la pared, es muy difícil decir si es pintura o escultura (y pintoescultura es una palabra fea), entonces esto en los 70 es una obra geométrica, óptica, de juegos visuales, elegantísima. Y es una obra que creo no se ha visto desde aquellos años. Otro ejemplo es un video de Claudia Fernández, artista contemporánea, que se llama Caleidoscopio, en el que los intereses de Claudia van más bien por la cultura popular, la calle; pero su manera de imaginar todo eso resulta en una obra donde el movimiento y la presentación hacen eco en obras anteriores de artistas de los 70. Un video que no se ve mucho. Finalmente tenemos una obra magnifica que por cuestiones de conservación no se ve mucho: una bandera de Adolfo Patiño, uno de los artistas mexicanos más importantes de los 70-80, precursor del neomexicanismo, que se llama “proyecto de una bandera para una colonia mexicana en Estados Unidos”, digamos.

¿Por qué definir Museo Expuesto con estos apartados de embalaje, historia, etcétera?

—Lo que yo quería hacer aquí desde el principio era hacer una especie de libro de texto sobre la museografía o la curaduría para un público más amplio, para jóvenes en particular, pero también para la abuela. Uno va caminando por el mundo de arte y tú dices: “¡yo soy curador!” y dentro del gremio todo el mundo sabe qué es eso; pero si tú vas a un kilómetro hacía el norte de aquí y dices lo mismo, van a decir “¿qué eres curandero, qué curas, eres médico o qué onda?”, incluso la misma palabra: curador, embalaje… o sea, muchos de estos términos, por qué a veces vas a una exposición y la iluminación es baja, qué es una cedula y por qué hay cedulas en la exposiciones, incluso qué es un artista, porque a mucha gente va a decir que los artistas son los que hay en San Ángel, en Televisa, pero tenemos una diferente interpretación de qué es un artista.

Entonces, de estas palabras básicas no tenemos unas definiciones en común culturalmente en la Ciudad de México, incluso en el país. Pues ahora hay un espacio para tratar de hacer más educación. So, los libros de texto suelen ser muy aburridos, lo que yo quería hacer es uno en tres dimensiones, con obras maravillosas de la colección de la UNAM, muchas jamás o pocas veces vistas, para animar esos conceptos y generar, espero, más reseñas críticas, urgen, positivas o negativas de este espacio, porque yo no puedo juzgar si está funcionando o no, solamente el público. La gente tiene que buscar eso.

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—En el apartado de Historia se confronta el arte popular y el moderno con la puesta de máscaras Donald Cordry y los cuadros de Arnulfo Aquino sobre el mismo tema, ¿cómo se hace este planteamiento desde la curaduría?

—Porque la estructura de la exposición sigue igual. En Historia recordamos a la gente que cada objeto tiene su propia historia y cuando llega al museo el curador puede generar nuevas historias combinando obras de diferentes maneras. Es exactamente lo que hicimos antes [en la tercera rotación de Museo Expuesto] con Museo Salinas versus Taller de Gráfica Popular, Gabriel Orozco contra Diego Rivera y ahora a Arnulfo Aquino y su serie de diableros contra las máscaras de diablos de Donald Cordry. Lo que yo puedo hacer aquí es confrontar obras que aparentemente no tienen que ver; pero que obviamente sí tienen que ver en cuanto a cuestiones formales, color, fabricación, referencias.

Las 17 mascaras de Donald son muy interesantes porque estas piezas fueron donadas a la UNAM, no al MUAC, en 1982 por la viuda de coleccionista, un antropólogo gringo que vivió toda su vida acá. El chiste de esto es que vemos todavía estas máscaras, si tú caminas por las calles del Centro hay tiendas, vas a la Lagunilla y puedes verlas, y son too good to be true, como dicen en inglés, son demasiado increíbles. ¿Cómo puedes imaginar a alguien bailando con esa mascara de cangrejo?, So, en parte era una cuestión de lucir esas máscaras, de presentarlas como una colección importante, porque sí es una colección histórica; pero no son antropológicamente auténticas. Son artesanías y Cordry estaba buscando mascaras auténticas. Dejó estas cedulas o etiquetas de dónde la compró, quién la hizo,  etc., y en este aspecto parece que los artesanos lo estafaron, inventaron estas máscaras y se las vendían como si fueran cosas históricas, luego el éxito convierte esto en una producción continua hasta hoy; pero no son mascaras utilizadas en bailes.

Ahora: esto se llama artesanía; pero las máscaras tienen autores que trabajaron en talleres y son cosas inventadas, originales. No son aferradas a la tradición, so, ¿cuál es la diferencia, entonces, entre estas máscaras y los grabados de Arnulfo Aquino que son también obras de gran invención, máscaras hechas con madera, grabados en madera?, ¿cuál es la diferencia si Aquino también se inspira en máscaras, por qué esto es arte en el MUAC y eso es artesanía? La gran diferencia para mí es el nivel de educación: Aquino es alguien urbano, educado, sofisticado en ese sentido, contra estos talleres de gente más bien humilde que tal vez no estudiaron en la escuela pública, ¿no?.

EL CURADOR Y EL ARTE

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Se debate si el curador es cada vez más protagónico en las muestras de arte, ¿cómo concibes esta discusión, cuál es el papel del curador, cuál su importancia hoy día?

—Los curadores guían. Son guías que necesitamos. Es gente experta… o debe ser. Gente informada. Yo lo diría así: por un lado, el auge del curador en México es parte de la profesionalización del mundo del arte, la cual ha venido creciendo desde hace 20 años o más. Siempre hemos tenido gente haciendo buenas exposiciones; pero si uno compara la calidad de un catálogo o un libro publicado en la actualidad, te das cuenta que tenemos mejores diseñadores, mejores imprentas, editoriales, revistas. Hace 20 años, cuando yo quería hacer una revista alternativa con un grupo, que se llamaba Curare, era de fotocopias porque sólo había esa manera de hacerla. El curador es el profesional que guía y que supuestamente, en el mundo ideal, puede ir viendo todo.

Yo, por ejemplo, tengo una idea de todo lo que hay en la colección de la UNAM: mil piezas, y puedo de éstas digerir, resumir, decantar, para hacer un punto específico para el público, porque si no la cantidad de imágenes puede ser agobiante. ¿Cuántos artistas contemporáneos hay en México: millones? Todos somos artistas [risas] y bueno, cada curador va a tener gustos diferentes. Uno solo no puede decidir quién es bueno y quién es malo, quién está dentro y quién fuera, sino todos estamos haciendo esto y solamente la historia nos va a decir quién triunfa.

Recientemente vi el tráiler de un documental, El espejo del Arte, en el que se entrevistan a curadores, galeristas, directores de museos, etc., y pocos pueden responder a la pregunta de ¿qué es arte? En algunos casos la respuesta es que es un gran negocio, una actividad contaminada por el mercado, ¿cómo ves este planteamiento?

En primer lugar hay mucho arte. Desde el cuadro de Andy Warhol que se vende en millones de dólares a una sheikha del medio oriente hasta la pintura de tu abuela, y obviamente algunos valoran más unas cosas que otras. Yo trato de ser un poco democrático. Acepto todo. Y eso es lo que puedes ver aquí en Museo Expuesto, hay desde máscaras, fotografías, obra cinética o esculturas raras. Entonces, como curador yo te puedo decir que tan difícil es comprar piezas de ciertos artistas como tan fácil es encontrar piezas de otros artistas. Acabo de ir al corredor cultural Roma-Condesa hace un mes y compré una maravillosa fotografía en mil pesos. No me puedes decir que no hay cosas que uno puede comprar en un dólar no, pero en 100 dólares sí. Hay que ir buscando, hacer lo que los ricos no están haciendo. Incluso con todo el dinero del mundo tú puedes ser Carlos Slim y no comprar lo mejor.

Museo expuesto se exhibe en uno de los últimos recintos de arte y cultura en la ciudad vista de sur a norte, ¿cómo ha sido la respuesta de la gente, por qué se escogió este lugar?

Sí. Bueno, eso es parte de un proyecto político-cultural-conceptual que va mucho más allá de mis intereses aquí en el CCUT de hacer proyectos de calidad que sean iguales a proyectos hacía Polanco o hacía el sur, no solamente para la gente del norte pero pensando en la gente de aquí hasta allá, aunque yo diría que hay gente en Polanco que no sabe qué es un curador o por qué la iluminación es tal cual y así. Este lugar no está pensado como un espacio didáctico porque yo tengo un público menos informado, no, el público en general está muy poco informado y lo que estoy tratando de hacer aquí es dar a este lugar exposiciones de la calidad y la complejidad que cualquier otro museo podría tener pero más allá. Tengo más libertad, como es un espacio un poquito lejos, periférico desde la perspectiva de CU, tengo más libertad aquí y eso, te juro, me da la posibilidad de hacer cosas que en muy pocos museos se pueden hacer.

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