Por Mario Castro (@LaloCura__)

Fotos cortesía MUTEK

Hace tres años que no asistía a un evento del MUTEK. Aquella vez estaba embarrado gracias a un ácido en el Subterráneo de Guanajuato mientras Alva Noto nos volaba las cabezas, que al final se movieron en un tremendo rave. Mis expectativas este año para nada fueron bajas, aunque pensaba que no superarían por mucho aquel Cervantino. Y vaya que lo lograron. Era sábado 24 de noviembre.

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Lucrecia Dalt

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Amartin

El escenario: la enorme caja de luz, bautizada como Foto Museo Cuatro Caminos, construida por el maestro Pedro Meyer, sirvió como recinto para las sesiones llamadas FMCC 1 y 2.  En un acto sin precedentes, y gracias a la colaboración con Boiler Room (la plataforma mundial de streaming dedicada a la música electrónica) entre otras instituciones, se logró abrir el panorama de tan sólo un par de actos a quince, distribuidos en tres salas que contaron con una curaduría mayúscula.

Durante la sesión FMCC2 la banda bulló de todos lados con ciertos outfits que los identificaba: trendys onda Polanco, gafas de pasta con barba atascada directo de la Condechi, banda más ñera de quién sabe dónde y varios, muchos, iniciados en el electro. Los curadores sabían a lo que le tiraban y de alguna forma ofrecieron espectáculo para todos.

Más que un recuento de las actividades, les presento una selección de los actos más relevantes o finos de la noche según el stage que les tocó.

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Superstudio

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Paula

SALA A: UNDERCURRENT HUES

He de confesar que esta sala llamó mi atención desde un inicio, pues su responsable fue el Boiler Room (del cual soy fan). Cumplió sus expectativas, aunque al final las demás lo noquearon con un par de buenos putazos. Dedicado al techno en su máxima expresión, aquí aparecieron actos como los italianos Voices From The Lake, con un viaje que transitó de lo más sensitivo hasta el atascón de beats repetitivos que llevaban al alucine expulsando cualquier pensamiento: puro cuerpo vibrado, sin necesidad de hacer otra cosa (quizá darse un pipazo o chingarse una traca); AtomTM&Tobias, que siguió en la línea del baile trabado, mandíbulas que no cerraban y movimientos repetitivos. Como diría un carnal: los orcos tecnosos atiborraron el lugar. Otros no tan orcos pasaban lista porque, claro, el Boiler es tendencia y no había que perdérselo: la sala mainstream, pues, aunque bien es cierto: no todos llegaron a pasar lista para tomarse selfies.

Atom&Tobias

Atom & Tobias

Tale of Us

Tale of Us

El cierre fue distinto: Tale of Us concentró una narrativa a lo largo de sus actos. Más allá del beat repetido, jugó con esos ritmos que te movían de un techno clásico al nu disco, sin dejar de lado el deep house: pura frescura que sube, te baja y explota de vez en cuando dentro de la cabeza, acompañada de unos visuales multicolores finos, color verde, distintos al ruido visual de pantallas sin transmisión y estrobos cegadores que acompañaron a los primeros actos. Cerraron la fiesta del MUTEK a eso de las cuatro de la mañana o algo parecido, porque nadie, ni los que tocaban, entendió el cambio de horario y que chingón: más fiesta, muchos yacían torcidos en el vestíbulo y otros aún liaban porros y bebían chela al ritmo de estos italianos.

SALA C: GRAVITY’S RAINBOW

Como su título lo dice, esta terraza fue para levitar sin beats fiesteros. Espacio dedicado a la ambientación a partir de postales sonoras o ritmos híbridos que bien podías disfrutar de pie, sentado o acostado. Una exploración sensitiva a través del género audiovisual antes que musical, aunque éste último nunca fue abandonado.

Lee Bannon abrió la sala con una mezcla que fluía del hip hop hacía un electro fresco casi tecnoso con mezclas de drum & bass; por momentos devenía en viento eléctrico mientras el ambiente se poblaba de humo y luces azul-verde-morado que ocultaban al hombre detrás de la consola. De pronto, el alucine visual se rompía para continuar a lo tumbado del drum, y de nuevo a la tranquilidad sonora. Un ejercicio de fracturación sónica ligado tal vez al sube-baja de las emociones humanas.

Manrico Montero fue un viaje bien distinto, más íntimo que los anteriores. Un sinter y una guitarra eran sus herramientas sonoras, además de la compañía de un sax tenor. Su ejercicio se concentró en la ambientación plena: recostarse en el suelo para escuchar el mantra eléctrico similar a olas, inundarse de visuales azules, aclarar la mente. Aunque al principio de su carrera hacía drum & bass, el paso del tiempo guío a Manrico hacia la experimentación más formal y contemplativa: el paisaje sonoro. Chequen su Soundcloud para darse un rol por manglares imaginarios.

SALA B: DISTORTED FIELDS

Una tela en forma de prisma triangular inundando la sala. Esa, literalmente, fue la primera impresión que tuve de Lumisokea, un acto hartamente sensual que no se preocupaba por producir fiesta, frenesí, ni mucho menos hacer que orcos bailaran sin cesar. Una atmósfera que permitía que los que andábamos en químicos nos rushearamos más, los que se echaban su gallo se pusieran más relax y los que bebían disfrutaran su chelita, vodka o whisky.

Entre cambio de atmósfera la tela se sublimaba cada vez más. Muchos jugábamos a tocar la luz, atravesar el paño blanco que aparecía sobre nuestras cabezas o introducirnos en los tubos poligonales de luz. Otros, pocos, giraban la cabeza para observar las figuras proyectadas en la pared trasera. Ligados al techno y al house pasaban de uno a otro, generando puentes noise por lo que clasificarlos es innecesario, aunque bien podríamos hacerlo con un oxímoron: ruido armónico.

Sintetizador y batería eléctrica formaban a Takami Nakamoto & Sebastien Benoits, con un encuentro dinámico entre un bajeo intenso, una fila de leds que respondía según la frecuencia dominante en el recinto, que en aquel momento se encontraba ligeramente  hasta la madre: si entrabas era un pedo salir. Quienes lo hacían iban en busca de alguna bebida que les quitara la sofocación. A pesar de esto, el dúo francés no faltó de público que disfrutara su experimentación entre IDM y ambient, mientras los primeros estroboscopios aparecían para no irse durante el resto de la noche. Una de las actuaciones más nutridas.

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Takami Nakamoto

Lotic fue de lo más viajado y chingón de MUTEK. Con una sensualidad atascada, además de un baile provocativo, se embarró  poco a poco en el ambiente a través de ritmos dub,  tribal, bases de reguetón, rhythm and blues y pop, mientras gozaba de la consola, daba vueltas en el escenario y vertía sudor a la banda que transitábamos en el buen rush. Todo en pocos minutos, encerrados en una red de reflectores azules y verdes: el efecto que producía este carnal texano, que reside actualmente en Berlín, fue incesante y tan dispar que era imposible mantener control en los movimientos. Algunos se sumergieron en un trance tal que parecían cerca del colapso.

Tras algunas pausas para pedir una chela a cualquier alma dadivosa, Lotic continuó con su desenfreno hasta que se dio cuenta (o le dijeron de una manera sublime) que ya era tarde, sólo para echarse un encore de unos pocos minutos. Extasiados, salimos del último acto de esta sala.

Lotic

Lotic

El contorno de una cabeza en la pantalla, en ocasiones un ojo gigante parpadeaba dentro de ella, unos estrobos intensos duraban un segundo más para iluminar de blanco total el ambiente, y cegar nuestras pupilas dilatadas. Un güero británico tras el sintetizador y la consola, láseres en la pantalla se interponen a la cabeza. Un deep house leve, fino, inundó la sala y nos hizo flotar sobre la alfombra sin importarnos las bachas, el chingo de botellas desperdigadas. De vez en vez una guitarra sonaba en las bocinas. IDM del bueno.

Las luces se volvieron más estruendosas. Al fin encendí ese porro: era el momento justo para que todo explotara, para volarme los sesos. Clark me respalda.

clark

Clark

De pronto el beat cambió por mero ambiente sonoro. No tardó tanto para dar paso a un bajo ensordecedor que incitaba a levantar el puño, acompañar al trash, agitar el cuello cual pinche frenético. Bien oscuro el desmadre, las cabezas en pantalla cambiaban de relleno de manera constante, ruido visual; sello de garantía aprobado y auspiciado por el cyberpunk. Basura electrónica, electro sucio que liberó el ambiente. Una meticulosidad en cada frecuencia. Hacia el final y con pleno reconocimiento por su calidad, volcados en aplausos, aullidos y demás estruendos observamos su nombre en el escenario. Un articulador de la máquina digital, encaminándonos a sus altibajos.

Sin duda Clark fue EL puto amo del FMCC2.

Una experiencia nueva de MUTEK, que en su doceavo año se posicionó como uno de los grandes festivales de música y experimentación electrónica. Uno que no busca que sus participantes se droguen y escuchen beats a lo pendejo como en cualquier antro mirrey al puro estilo EDC, sino que procura explorar la escena electrónica fina, traer a monstruos con más de quince años de carrera o aquellos que apenas se abren paso frente a las consolas. Antes me quejaba de que el SONAR no llegaba a México. Ni falta nos hace: acá tenemos una institución. Gracias MUTEK.

YACONIC

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