Cada octubre recibe a un viejo conocido entre los festivales de música de chilangolandía: Mutek MX. Sin embargo, dado que la tragedia del sismo ocurrió apenas un mes antes de que el aceite corriera por el sistema nervioso de los asistentes, se decidió suspenderlo brevemente.

Muchos temíamos lo peor, aunque al final los músicos (que pudieron) reagendaron fechas pues cómo se iba a dejar a la audiencia sin la dosis anual de tantos y tan variados beats y visuales lisérgicos (sin necesidad de cuadros ¿o no?). Así que el festival de creatividad digital más importante de la ciudad ocurrió la penúltima semana de noviembre con la llegada del frío.

Fotos: Cortesía MUTEK

Por lo general lo más clavado es la música, pero esta plataforma (porque no es sólo un festival) podría definirse a partir de las artes visuales, ya que se preocupan lo mismo por una curaduría sonora que por una de las animaciones, los efectos visuales, las atmósferas y los espacios. Tomando estos últimos como pretexto, tuve el chance de lanzar y buscar un viaje visual a partir de los escenarios y atmósferas creados en las presentaciones.

Antes que nada, estimado lector ocioso, diré que esto fue más una exploración visual que una jornada de fiesta electrosa auspiciada por el legado de Albert Hoffmann y que posteriormente narraría. No niego que la sustancia con que se “trató” a muchos veteranos de guerra enloquecidos no corriera en algún momento por mi sistema límbico (o en el de los creadores de las piezas y música), pero esos fueron hechos colaterales que poco importan, aunque sí influyeron en las imágenes que aquí ponen los editores.

Más que una reseña uso estas líneas como mera explicación sobre las fotos que hice (aunque también lo considero innecesario): “retratos” no sólo de los artistas que hicieron vibrar los distintos suelos que pisamos, sino también de los escenarios y las atmósferas audiovisuales.

Fotos: Cortesía MUTEK

LOS AMBIENTES PRELIMINARES

La fiesta audiovisual, y mi debraye fotográfico, empezó en el bosque de Chapultepec con el A/Visions 1 que se presentó en el Domo Digital. Aquella pantalla esférica proyectó Hyperform de Max Cooper & Maotik, construcciones que generaban fractales a partir de líneas, o bien, figuras voluminosas que se deformaban hasta crear masas con texturas y tonalidades distintas que moldeaban figuras perfectamente ilusorias.

La segunda proyección fue Liquid Architecture de Ewerx y Wiklow que llevó hacia un viaje profundo por una ciudad con árboles enormes y fosforescentes, edificios grises y catedrales centelleantes.

Después de la primer sesión (y de las primeras cortesías de alcohol), las atmósferas se tornaron sonoras durante Ambience, en el que aparecieron Rafael Anton Irisarril, Tim Acker y The Orb. Esta vez fue el BlackBerry el que se tornó sombrío, con unas luces rojas que pocas veces se apagaron, salvo en el caso de Tim Hacker cuyo acto fue completamente a oscuras con un bajeo profundo.

Las redes rojizas cubrieron las atmósferas que fluían en beats, que se diseminaron por los rincones mientras la gente bebía de su chela o del cognac patrocinador (ay wee), un ambiente de calma en el que nadie se veía trabado ni con la pupila dilatada; cabe mencionar que todo era muy oscuro…

Fotos: Cortesía MUTEK

The Orb cerró la noche con un cambio de las atmósfera sonoras a sonidos más bailables y con harto amor sobre el escenario, mostrado con bromas pueriles, además de un florero típico de las calles mexicanas acompañado de un globo coronado con leds, el de moda, el de novedad. Todo en calma y serenidad previó al derroche de frenesí y baile que siempre acompaña a los Nocturnos del Mutek.

Fotos: Cortesía MUTEK

LA FÁBRICA: EN EL MORTECINO FRÍO DE TLALNEPANTLA

El asunto no era querer ir sino llegar. De por sí el Foto Museo Cuatro Caminos está muy al norte, pero moverlo hasta más allá del cerro del Chiquihuite era mucho. El cambio de sede no fue bien recibido por casi nadie, pero algo producía expectativa: una fábrica abandonada, al menos en teoría.

Quizás, como me dijo una amiga que topé durante un Nocturno, la idea nació después de la NEAM 2015 que se hizo en la Ex Fábrica de Hielo de la Viga. Sea como sea, al final la idea fue acertada: una nave industrial enorme donde había sólo un escenario pero en la que podían caber, sin broncas, dos.

Además, a un costado se encontraba la sala B que desde fuera parecía pequeña, aunque resguardó sin falla actos muy esperados como el de Thomas Fehlmann, quien se presentó en solitario durante el Nocturno 2 para dar una cátedra muy distinta a la que ya había orquestado con The Orb noches atrás.

Aquí podría dar un reseña de los actos que se presentaron en ambos Nocturnos, por cierto todos muy chingones, pero describir con palabras la fiesta que armó la bella Kelly Lee Owens con aquel atuendo platinado, el techno maquinalmente orgánico de Elektro Guzzi (un trío cabronazo de bajo-batería-guitarra), los ritmos espaciales de Squarepusher (que parecía sumergirte en los bits que componen cualquier videojuego clásico), los embrollos visuales de No Light & /*pac (un trío mexicano que jugaba con las miradas y mentes a través de secuencias lumínicas), la frustración de Nina Kraviz al inicio de su set (que terminó en un acid house súper cremoso) o el acto wicca de Upgrayyed Smurphy  (que no fotografíe pues un cigarro ilegal y un trago me lo impidieron), sería complicado.

Así que, utilizando el cliché más cliché de la imagen y las muchas palabras, decidí tomar los efectos visuales que traían o creaban cada artista, porque narrar mi experiencia o la de quienes estaban alrededor no fue anormal o extraordinaria: mucha banda en ácido (cuando menos), vasos y vasos de alcohol, pláticas sobre cómo las artes visuales sorbían los sesos mediante gafas VR.

Nada anormal tomando en cuenta la cantidad de drogas que se percibían dentro de aquella nave azulada, un tono que acrecentaba el ambiente refrigerante para  nuestro vaho. “¿A qué otra cosa se viene a estos lugares?” nos preguntaba una chica poco antes de que se comiera un cuadro, que cuando menos era “pa’comenzar”.

Una pregunta similar me hice mientras tomaba mi primera cortesía de la semana en el Domo Digital “¿Por qué no comí elesede?” Pues bueno, Mutek cumple cuando habla de ambientes inmersivos. Para eso hay cognac y la hierba corre por tu cuenta, aunque también puedes prescindir: todo está en la ondas, lumínicas y sonoras. Energía. Beats.

Fotos: Cortesía MUTEK

Mario Castro

Mario Castro

Estudió Letras Hispánicas en un arranque por pertenecer al mundo profesional, aunque lo suyo es ver, hacer, hablar y escribir sobre fotografía. También le interesan la literatura, el teatro y el cine, pero líbrese de hipsterear. Gustoso de echar el verbo, la chela o dar el rol sea en la ciudad o por terracerías.

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