Andar bajo el sol, viajar bajo tierra y caminar entre decenas de sueños inconclusos, amoríos rotos y una profunda soledad, es el día a día de Doña Flor (Adriana Barraza), mujer que ha visto a través de sus ojos tantos rostros y profesiones que alcanzarían a llenar un mar entero de hojas con sus nombres escritos en ellas.

Todo lo demás aborda a profundidad la soledad de Doña Flor, una mujer de 63 años, atrapada en la dura rutina forjada por tres décadas y media como empleada en una institución del gobierno y, donde es la responsable de recibir documentos personales de solicitantes interesados en tramitar su identificación oficial como ciudadano. De forma lírica se descubrirá su día a día y el complejo sube y baja emocional por el cual cruza.

La fortaleza actoral mostrada por Adriana Barraza vuelve a la pantalla grande en una ligera y delicada cortina entre su papel y el espectador. Pocas intérpretes pueden convertir a su cuerpo entero en su herramienta de trabajo, igual a un instrumento musical, todo en ella se vuelve melódico y acompaña de pies a cabeza al metraje entero. La verdadera naturalidad a cuadro es difícil de encontrar en el séptimo arte mexicano, y en el instante en cual Barraza te observa a través de Doña Flor, sabes inmediatamente la valía y te encuentras ante un trabajo sobresaliente, uno que agradeces.

El argumento ideado por Natalia Almada se balancea de un lado a otro, la creación del personaje protagónico es humanamente bello, su elegante y femenina personalidad jamás fue sobajada por los años al viajar en transporte público o sus tres décadas trabajando como empleada del gobierno mexicano. Las pequeñas cosas que la delatan llegan en forma de un lápiz labial siendo untado en sus débiles labios mientras busca reavivar su rojo abrasador o en su oportunidad de ir al tocador revisa su antiguo peinado para ser retocado sutilmente con sus cansados dedos humedecidos.

La inconsistencia del balance dentro del argumento recae en los acontecimientos utilizados para conocer al personaje central, el paso del tiempo deja esclarecida la vida de Flor, comprendes su vida rutinaria, sin embargo el arco histórico jamás muestra un giro capaz de capturar al espectador. La fórmula utilizada para dejar clara la soledad en la cual vive la película se entiende en perfección, pero cae en una insípida repetición, por lo tanto la atención del público pierde fuerza al dotar en demasía de hechos intrascendentes acompañados de metáforas irrelevantes.

El desenvolvimiento de Natalia Almada como director denota su innegable talento, tiene pensamientos claros para mover la cámara junto a sus personajes y mantener un sentir nostálgico y reflexivo, sin embargo el ritmo dado a la cinta termina por subrayar los defectos orgánicos presentes en su guión y volver complicado el avance de la película.

Mientras existe dicha carga conceptual e histórica, la percepción visual del cinefotógrafo Lorenzo Hagerman comenzó una revolución de colores, ángulos y encuadres capaces de romper esa ligera cortina entre el público y Doña Flor, vuelve la historia intrapersonal y de un instante a otro acompañas a la dama protagonista en cada una de sus andanzas, bailas, ríes y lloras junto a ella. Así de fuerte se convierte la propuesta de Hagerman.

Todo lo demás cuenta con su propio brillo cinematográfico, uno audaz dentro del arte mexicano. La construcción de Doña Flor recupera sentimientos ocultos del espectador, esto mientras la nominada al Oscar, Adriana Barraza, desborda energía física a través de los pocos diálogos dentro de la cinta y así otorgar una interpretación que ve más allá de los convencionalismos. Toda la película tiene pesadas cargas poéticas y líricas, las cuales al usarse en exceso detuvieron el avance natural de la historia y consiguen desconectar por momentos a su espectador, sin embargo el metraje entero logra mantener la emotividad y recae en una obligada reflexión personal acerca de la vida y el modo en cómo la disfrutas.

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Uriel Linares García

Uriel Linares García

Periodista y fotógrafo en la fuente de cine de @ControlTotalMex y crítico cinematográfico en @Yaconic.

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