De nuestro impreso número 15 

Debo reconocer que no me gusta el arte que halaga al espectador y lo regresa como si fuera un somnífero a los cómodos reductos de fácil placer estético. No me gusta el arte que sirve para tranquilizar la conciencia, no me gusta sentirme satisfecho en un mundo de tantas carencias. No me gusta gozar si el goce descalifica al dolor, porque he vivido en una sociedad profundamente adolorida, aunque en medio de ese dolor nunca ha dejado de estar presente el placer. Nelson Oxman, Sábado.

nelson-1

 

Por Edgar Khonde / @edgarkhonde
Fotos Nelson: Lourdes Almeida

Me encontraba buscando datos duros que precedieran al punk en México. Por ejemplo: había estado escarbando las formas organizacionales del periodo de las bandas en los márgenes de la ciudad. Cómo habían llegado los niños, adolescentes y jóvenes de la década de los ochenta a conformarse en pandillas como Los Panchitos, en Observatorio; o los Mierdas Punk, en Neza. Ya sé, ustedes dirán que todo se debe a la descomposición social, pero eso no es lo que me interesaba saber. No buscaba las causas. Quería saber cómo lograron organizarse. Y buscando por aquí y por allá, un día simplemente me desvié del tema.

Una amiga, Laura, o digamos que Alexa, o pongamos que se llama Paulina, y que se reivindicó como punk en la adolescencia, y tal vez todavía ahora, me habló de Nelson Oxman y la leyenda escandinava. Ustedes no lo saben, pero les cuento. La Escandón es una colonia ubicada entre Revolución y más allá de Patriotismo, flanqueada por Viaducto y Benjamín Franklin, cerca del metro Tacubaya, conocida por los escandinavos, gentilicio de sus habitantes, como la “Escandinavia”. La leyenda escandinava (Editorial Diana, 1989) es un texto fundacional que escribió Oxman. Cuenta las peripecias de Los Aguerridos y Los Aferrados, dos pandillas que luchan por el control del territorio escandinavo. Todo lo que se puedan imaginar dentro de ese contexto está en la novela: drogas, sexo, rock and roll; corrupción, asesinato, robo; amor, pasión, amistad. El largo recorrido de la ciudad Fantomas, por un grupo delincuencial asaltando comercios, cobrando derecho de piso, desvalijando automóviles y aterrorizando a los transeúntes.

nelson-2

¿Tú sabes lo que es rolar en la ciudad Fantomas a las cuatro de la mañana esperando que suceda la explosión que la borre del mapa?

Si José Emilio Pacheco en el 81, con Las batallas en el desierto, había de alguna forma sugerido un panorama idílico de la niñez; ocho años después, Oxman, con La leyenda escandinava, relataba el verdadero furor de la juventud: “La violencia es la bomba que nos borrará del mapa. Todo esto que estoy viviendo no es más que la carnal ternura, y lo que estoy escribiendo es el cariño recuperado en el lenguaje. Este pensamiento es apenas una reverberación de la verdad”. Sí, si se lo preguntan, Oxman narra su autobiografía; al menos un fragmento. Algo que vivió muy de cerca. En el relato aparece él mismo escribiendo líneas y párrafos, describiendo acciones, reflexionando sobre lo que vive y cuenta de la Escandinavia.

Pero regresemos al inicio. Paulina me dio dos datos —aparte de regalarme la novela—: Oxman era chileno y está muerto. Casi calcado de Andrés Caicedo, aquel que murió el mismo día que le entregaron su novela ¡Qué viva la música!, Oxman murió el año de la publicación de la suya: 1989. Ese año el Cártel de Medellín destruyó con un coche bomba las instalaciones del diario Vanguardia Liberal, por vaya usted a saber qué motivos, pero los podemos imaginar. En México es cosa de todas las semanas enterarnos de atentados contra periódicos y periodistas. La leyenda escandinava fue finalista del Premio Novedades y Diana, de la editorial Diana. Se publicó en abril. Oxman murió de (o de las causas relacionadas con el) sida en octubre; en un número de Proceso se cuenta entre los muertos de sida en el medio cultural mexicano. En la novela aparecen escenas veladas de tinte homosexual, pero me fue imposible corroborar su afición a nada dentro de ese marco. La gente que lo conoció se negó a contarme su historia; escuchar su nombre fue como si se les hubiera aparecido un fantasma. Oxman también se ha vuelto mi fantasma, mirando por encima de mi hombro cada que quiero continuar escribiendo acerca de él, tendiéndome trampas, dejándome pistas.

nelson-4 nelson-3

La pista de su cuento Personajes en movimiento, que encontré hundido en la Hemeroteca Nacional. O la pista que halló Paulina al encontrarse de nuevo con La leyenda escandinava en una librería de viejo; el ejemplar con dedicatoria no había sido abierto. Su destinatario no se tomó la molestia ni siquiera de hojearlo. Las pistas también de su prosa: “Soy un tonto que quiere atrapar la realidad en unas cuantas palabras”. ¿Les dije que la novela trae en su interior otra novela? No, no se los dije. El personaje principal, alter ego de Oxman, acompaña a Los Aguerridos en sus aventuras y redacta veloz cada golpe y cada momento épico dentro de la historia. El redactor en el interior del relato les pide a los personajes que se muevan a la derecha o que se levanten o que abran una puerta, el narrador hace las veces de fotógrafo:

—Mire amigo, está prohibido que el autor toque el personaje.

El coprotagonista a veces le dicta las palabras que ha de escribir para que le salga chingona la novela: “(…) escucha con atención y escribe todo lo que yo te diga.” Oxman mira por encima de mi hombro, me dice que tal vez no debió de haberle dado ese poder a Iván, el jefe de Los Aguerridos. Mientras él, Ulises, “marginado reducido a la penumbra”, se recluye en la transgresión de contar una historia justo como sucede en la calle, con la misma sintaxis y campos léxicos: “Quería empezar una escena que tuviera que ver con sexo”; “Debería obligarme a recuperar la palabra ternura”. La pista de cuando comencé a leer la novela, con un ritmo de ciudad cosmopolita, sintiendo visos de La señorita etcétera, y me encontré con esta línea de Oxman que hubiera firmado cualquier estridentista: “Ayer sentí la brasa de un beso furtivo, hoy me pregunto si su aliento no estaría contaminado de una extraña enfermedad proletaria”.

Tengo miedo, no sé cómo usar las palabras ni soy capaz de poner nombre a las cosas que tengo enfrente.

Nelson escribió, entre 1988 y 1989, columnas para el diario Unomásuno, en el suplemento Sábado, que aparecía los sábados y que dirigía Huberto Batis. Tramaba su escritura alrededor de sus contemporáneos, pintores, escultores, artistas plásticos, que en su conjunto no ofrecían sino versiones institucionalizadas del arrabal: “El arte mexicano recicla la cultura nacional”. De ello trata su cuento Personajes en movimiento, en el que figuras antropomorfas representan el canon de la alta cultura, de la que se mofa —y se caga de la risa—. En una de esas columnas, cuenta que Batis le preguntó que por qué no escribía sobre Irma Palacios, artista plástica egresada de La Esmeralda. Oxman respondió que no le gustaba, a lo que Batis dijo: “Tienes un pésimo gusto, a ti sólo te gustan los artistas que pintan feo”. Posiblemente sí. Posiblemente Oxman era homosexual, drogadicto, que se juntaba con los desgraciados —“No necesito señales, me basta con percibir”—, acostumbrado a la miseria cotidiana; que prefería hablar con pasión de El sindicato del terror y sus performances, que conmovían y cuestionaban desde la emoción, a someterse y encumbrar a las buenas conciencias de los artistas emergentes titulados.

nelson-5 nelson-6 nelson-7

No hay mucho sobre Oxman en nuestro contexto. Su escasa prosa es un proyectil, veloz, una locomotora. Su vida puede ser imaginada, tomando como referencia a Ulises y sus opiniones en Sábado. Los chilenos no lo consideran un escritor suyo, y no, ningún chileno podría haberse reconocido en las pandillas mexicanas de los ochenta como él lo hizo. Y no, no vas a conseguir en ninguna librería La leyenda escandinava. No vas a encontrar datos de él en Google ni sus columnas del Unomásuno. Cuando acabes de leer esto, será como si te hubiera hablado de un fantasma.

 

YACONIC

YACONIC

viento-entr
Previous post

VIENTO APARTE: LA (IM)POSIBLIDAD DE LA COMUNIDAD

FANTE_home
Next post

¡HEY, PEDAZO DE MIERDA, NO TE METAS CON DANIEL!