Por Eduardo Medina

Si el 2016 fue el año de las despedidas –Bowie, Prince, Leonard Cohen y Juan Gabriel, por mencionar sólo esos cuatro– el 2017 será recordado por ser uno de los años épicos para la música. Durante los once meses que lleva el año, se han dejado caer placas que pasarán a los anales del boom bap: el 4:44 de Jay Z; el DAMN., de Kendrick Lammar; el Saga Continues del Wu Tang; el Imperius Rex, de Sean Price; el Freedom is Free de Chicano Batman; el Humanz de Gorillaz, incluso el Pure Comedy de Father John Misty han sido sólo algunos de los álbumes que han coloreado nuestro paso por el calendario.

 

En esta tendencia, una de las últimas y más esperadas noticias es la del lanzamiento del nuevo material de N*E*R*D, el trío de Virginia que cambió por completo el panorama de los dosmiles. Hasta el momento sólo tenemos el primer corte: “Lemon”, que tiene la peculiaridad de traer un feat con Rihanna.

A lo largo de toda su carrera, Robyn Rihanna Fenty ha demostrado aquí y allá sus habilidades en los raps, sin haber consolidado, desde mi punto de vista, una verdadera capacidad de rapeo. Si bien a lo largo de sus colaboraciones con Nicki Minaj, Jeezy, o en solitario, en los tracks “Cockiness”, “Bitch Better Have My Money”, o  más recientemente al lado de Mike Will Made It, “Nothing Is Promised”, podemos escucharle sus más decentes esfuerzos, nunca como al lado de N*E*R*D había desplegado sus armas raperísticas.

En “Lemon”, Rihanna se despoja por completo de la melodía y la entonación y se va derecho con unos versos potentes donde dice:

Woo! This beat tastes like lunch

But it’s runnin’ from veneers and it’s runnin’ from the fronts

But everyday, hey, wasn’t lemonade

I was afraid, once a nigga graduate

Would I be okay?

Desde mi lectura, esta nueva arma vocal de Rihanna es una consecuencia directa de su colaboración con Kendrick, en “Loyalty”, que todavía está reventando las ventanas de nuestros autos. Aún el uso agudo de las vocales lemonade, graduate, okay se parece mucho a lo que hizo Kendrick a lo largo de todo el DAMN, específicamente en “HUMBLE”, con la interjección “¡ey!”. No me sorprendería que el mismo Kendrick hubiera servido a su manera de “couch” para el rapeo de RiRi.

Eso nos lleva, por otro lado, al único dato concreto que poseemos del nuevo material de N*E*R*D, su tracklist. Compuesto por once piezas, además de Rihanna coronarán el álbum: Gucci Mane, Future, Kendrick –en dos piezas “Don’t Do It” y “Kites”, al lado de M.I.A–, Ed Sheeran y el mítico André 3000.

N*E*R*D

N*E*R*D

El álbum, que lleva el nombre provisional de No One Ever Really Dies, será el primero después de siete largos años de silencio, y desde luego todo mundo espera que sea lanzado a las plataformas digitales, antes de que termine este año.

Podría ser una estrategia adecuada: el año pasado lo hicieron los Run The Jewels con su tercera entrega: salió a las plataformas online el último día del 2016, para ser lanzado en físico ya entrado el 2017. Todos pudimos aprovecharlo sanamente antes de ordenar nuestra copia física. Esa sería nuestra esperanza para lo nuevo de N*E*R*D.

Pero no podemos en realidad hablar del trío de Virginia sin antes hablar de The Neptunes, el duo dinámico de productores que inundaron los charts de éxitos durante el final del noventa y sobre todo la del dosmil. Se rumoraba que, de acuerdo a una encuesta realizada en el Reino Unido, los Neptunes habían compuesto el 20% de los hits radiofónicos del 2004. La misma encuesta realizada en Estados Unidos, decía que era el 43%.

Cerca estuvimos de vomitarlos, si no fuera por su versatilidad y su capacidad de adaptarse a figuras, ritmos y escenarios. Pero vayamos por partes. Todo empezó con Teddy Riley, uno de los productores más importantes en Nueva York durante los ochenta.

Él fue el inventor de un género de nombre New Jack Swing: una combinación de la potencia del hip hop con la suavidad y el erotismo del R&B; la fórmula del New Jack era tener beats poderosos, sincopados, y un acompañamiento suave en la voz y en las atmósferas. El conjunto creaba una cadencia, una combinación proporcionada de los acentos, las pausas y la métrica.

Los abanderados más importantes del género fueron los Guy, la propia banda de Riley, junto con Aaron Hall y Timmy Gatling. Eran un trío que mezclaba uniformemente los elementos del hip hop, el soul y del R&B; un sonido muy neoyorkino que de hecho sería la huella fundacional para el sonido de gente como: Jay Z, Puff Daddy y el Notorious B.I.G. Los Guy editaron tres discos: el homónimo, de 1988; The Future, de 1990; y Guy III, del 2000. Quizá sus más grandes éxitos sean “Do Me Right” y el “Lets Chill”, ambos de la placa del 90.

Después de Guy, Riley formó dos nuevas bandas: Wreckx-N-Effects y Blackstreet, ambas dejaron materiales invaluables. La primera de ellas, un dúo compuesto por Aqil Davison y por el hermano de Teddy: Markell Riley; son bien conocidos por su single multi platino “Rump Shaker”, que estaba en la posición número dos del top de Billboard, sólo después del “I will always love you” de Witney Houston.

El single destaca porque los versos los escribió un jovencísimo Pharrell Williams, que ya trabajaba, junto con su compadre Chad Hugo, para Riley. Ellos dos, Williams y Hugo, se convertirían años después en los Neptunes.

The Neptunes

La carrera de Wreckx-n-Effects sería, no obstante, corta: editaron tres álbumes, el primero, homónimo, en la Motown Records, y el resto en la MCA. El hit descrito arriba se desprende de su segunda placa: Hard or Smooth, de 1992. El tercer álbum lo publicarían, en medio de interminables peleas, hasta 1996; llevó por título Raps New Generation y no alcanzó ni de lejos el éxito de su predecesor. Poco después la banda desapareció.

En 1993, sin embargo, vio la luz uno de los materiales más preciados de Riley: el álbum debut, homónimo, de Blackstreet. En esta placa el sello del New Jack estaba ya perfeccionado: sus tracks más famosos “Before I Let You Go”, y “Booti Call” son prueba de ello. Un buen oído podría incluso deducir de ellos que las boy bands de los 90’s tienen una fuerte deuda con este material, y con el sonido de Riley, ni se diga.

Pero la verdadera hoya de oro vino con su segundo álbum, en 1996: el Another Level, que ganó el Grammy al mejor R&B Performance by a Duo, gracias a su hit “No Diggity”, al lado de Dr. Dre. Eventualmente se convirtió en cuatro veces platino y llegó a los rankings de las mejores 100 canciones de pop que hicieron en su momento Rolling Stone y MTV. Este éxito los llevó, un año después, a tocar al lado de Jay Z en “The City is Mine”, que produjeron, nada más y nada menos, que Chad Hugo y Teddy Riley.

Teddy Riley

Como pudo darse ya cuenta el lector, se han mencionado estas bandas porque fueron, precisamente, el nido de los Neptunes: cuatro muchachitos súper talentosos que descubrió Riley gracias a un concurso de talentos, que él mismo organizó, en la preparatoria Princess Anne de Virginia, que quedaba al lado de su estudio.

“Ellos iban a la preparatoria que quedaba a la vuelta del estudio. Organicé ahí un concurso de talentos, que fue de hecho el primero que tuvo la escuela, el primero de todos. Vinieron un montón de muchachos al concurso, y de repente los vi, a Williams y a sus amigos. Llegaron todos en grupo para la audición. No hacían nada conceptual, y eso fue lo que me gustó. Simplemente improvisaban, sacaban lo que les venía primero, lo creaban ahí mismo. Eso era lo que yo estaba buscando. No quería encontrar a la Witney Houston, o al George Benson, quería eso: creatividad pura. Y ellos me la dieron: Mike Etheridge, Shay Haley, Chad Hugo y Pharrell Williams. Ellos cuatro eran los Neptunes”. Teddy Riley, en entrevista para Okay Player

Después de este encuentro todo cambiaría para los cuatro jóvenes. Los motivos por los cuales Mike y Shay se bajaron del barco no son claros. Mike, en algún momento del viaje, encontró a Jesús y se quedó con él. Se dedicó a hacer música cristiana. Shay, por otro lado, regresó con sus compadres hasta el primer álbum, en 2002, de N*E*R*D. aunque a veces su posición dentro del grupo es cuestionada.

Sea como fuere, después de ese encuentro todo cambiaría para esos dos jóvenes: Chad y Pharrell. Bajo el ala de Riley comenzaron a escribir y a producir para sus bandas: Wreckx N’ Effects, Blackstreet, SWV, The Party… a veces con pseudónimo, a veces como productores, a veces como vocalistas o instrumentistas. Sus participaciones vinieron a cuentagotas primero, y después en una verdadera inundación.

Prácticamente toda la década del 90 el sonido de los neptunianos se gestó al amparo del maestro: sus más grandes scores llegaron con Jay Z en el track arriba dicho; con Noreaga y “Superthug feat. Pharell & Tammy Lucas”; y con el Kaleidoscope, de 1999, el álbum debut de Kelis, producido ya enteramente por los Neptunes. Los nombres de esta época también incluyen a Ol’ Dirty Bastard, con tres producciones de su Nigga Please; y Prince, con el remix de su “The Greatest Romance Ever Sold”, en donde Pharrell se aventó un feat con Q Tip, la leyenda.

“Q-Tip siempre escoge los mejores loops; tiene ese oído finísimo para los mejores loops, las mejores líneas de bajo, los mejores ritmos. Creo que es un maestro y muchos de nosotros estamos en deuda con él. Gente como yo, como Kanye West o J Dila, el mejor beat maker de todos los tiempos, no estaríamos aquí sin él”. Pharrell Williams

Toda esta época frutal de los Neptunes quedó bellamente retratada en el cortometraje The Eight Planet, bajo el sello de Star Track Entertainment, el que fundaron Williams y Hugo en 2002. Bajo este sello también editaron el único álbum firmado por los neptunianos, el Clones, que compila las mejores producciones y feats de su década de aprendizaje.

Una vez que Pharrell Williams y Chad Hugo hubieron obtenido un nombre, una reputación y un oído singulares, decidieron invertir todo su músculo en una nueva y propia banda: N*E*R*D. Sería el primer proyecto verdadero de los chicos genios de Virginia, y para su ópera prima In Search Of… se harían acompañar de su antiguo compañero Shay.

Pero para cerrar: una vez entrado el nuevo milenio, la creatividad neptuniana se dejó venir como un vendaval. Ustedes mencionen: Britney Spears, Backstreet Boys, Beyoncé, Guru, Lil Kim, Ludacris, Sade, Busta Rhymes, Snoop Dogg… para todos produjeron. Sin duda sus mayores hitazos se los embolsaron con el “I’m a Slave For U”, de Britney Spears, y que de hecho es el mismo beat que “Light Your As son Fire”, de Busta; y con la “Milkshake” de Kelis.

Incluso firmaron en Star Trak a su propia banda: Clipse, formada por Pusha (después Pusha T) y su hermano Malice. Todas las producciones salidas del octavo planeta tenían algo en común: un beat rígido, filoso, que entra por la cadera de quien lo escucha; y un arreglo melódico muy oriental: una escala de notas que va y viene, y al final de cada compás, unas campanitas, un destello de metales.

Escúchelos usted mismo y verá, el sello de Williams y Hugo es inconfundible, y ayudó a formar en buena medida todo el mainstream musical de la década. Desde No Doubt, pasando por N’ Sync, Limp Bizkit, Usher, hasta Common y Jay Z, los Neptunes hicieron de todo. Desde “rock para chicos blancos” hasta “rap para chicos negros”, y desde luego, hits melosos y pegadizos para las nenas.

Dos tracks destacan, en la torre inmensa de éxitos que ha sido su carrera: el remix que le hicieron a los Rolling Stones de “Sympathy For The Devil”, del 2003; y el remix de “Come Close feat. Pharrell Williams, Erykah Badu & Q-Tip” que hizo J Dilla.

Puedes poner un montón de instrumentos en un estudio y al final te voy a salir con algo, algo con lo que definitivamente vas a mover la cabeza y la cadera. Esa es la diferencia entre un productor y un reductor. Muchos de los beat makers, pues son beat makers, no productores. Un productor es aquel que es capaz de llevar una canción del punto cero al punto cien, aquellos que son capaces de llegar al final de la línea, y de mis contemporáneos, sin duda son dignos de esa categoría Chad Hugo y Pharrel Williams. Teddy Riley

Pero decíamos, en 2002 nos cayó la primera placa de N*E*R*D, de lejos, la más aclamada de todas. Según sabemos, la primera grabación del álbum estaba realizada con sintos y secuenciadores, como era la costumbre de los Neptunes, pero para darle un valor agregado o un giro al sonido, decidieron regrabarlo con los instrumentos en vivo, que corrieron a cargo de Spymob. De ellos son las líneas perrísimas de bajo y la batería perfecta que recordamos en tracks como “Lapdance” y “Rockstar”.

N*E*R*D

El sonido de este álbum es francamente agresivo, recupera con muy buen gusto la mezcla que se hacía del hip hop y el metal en la época: el llamado nu metal. A muchos les va a recordar, de repente, a Rage Against The Machine (Neptunes produjeron para RATM), pero también combina sabrosamente el jazz, el bossa, el funk, y un algo de blues.

Este tacto rockeron se difumina en la segunda placa: Fly Or Die (2004), aunque su single más famoso “She Wants To Move”, es a todas luces una reapropiación de Lust For Life de Iggy Pop. Escuchando estos materiales uno puede deducir que los N*E*R*D’s se meten al estudio con una idea, pequeñita, fija en la cabeza, un ritmo, una estructura, y construyen o deconstruyen a partir de ella.

N*E*R*D

El Fly Or Die es mucho más hip hoppa, tiene un bounce mucho más fácil de cachar, y destaca porque, por primera vez, escuchamos en los instrumentos a los propios Chad, Pharrell y Shay. Debutó en la posición número seis del Billboard 200 y vendió 119,000 copias su primera semana. Fue el éxito más grande de N*E*R*D. Ninguno de sus álbumes posteriores alcanzaría lo que habían logrado estos dos primeros.

Pasaron cuatro años antes de que la banda volviera a sacar un álbum. En 2008 salió el álbum que, desde mi lectura, es el mejor de todos, el más infravalorado: Seeing Sounds. La calidad de esta producción es sobresaliente. Es, de hecho, como si los sonidos fueran objetos y pudieran tocarse. Es un álbum 3D, y tiene los grooves más pasados de verga que se han oído. Escúchese “Time For Some Action”, o “Anti Matter” y compruébese lo que digo. Es su álbum de madurez.

N*E*R*D

 

Para “el gran público” lo mejor de N*E*R*D en esos años eran sus presentaciones en vivo: se iban de tour con Rihanna, Lupe Fiasco, Gorillaz, Linkin Park… aunque sus ventas y sus éxitos en los charts nunca pudieron regresar a las alturas.

Desde luego tener o no un Grammy, llegar a la posición número 1 del Billboard, o no, dice poco de la calidad musical en sí. N*E*R*D la tenía, de sobra, pero un extraño sino pesaba sobre los hombros de Chad y Pharrell: eran una especie de Reyes Midas para los demás, pero no para sí mismos.

Su último álbum, el Nothing (2010) fue exactamente eso: nada. Pasó sin pena ni gloria. Y fue el primero que trajo la cara de Pharrell en la portada. El sonido cambió, las caras, los tiempos: el fin de la primera década del nuevo milenio trajo los cambios tecnológicos más abruptos que se habían visto jamás. Acaso la banda, como tal, no pudo seguir el rumbo de nuevos oídos, nuevos públicos. Y digo de la banda en sí, porque la carrera en solitario de Pharrell ha sido estupenda. Con el mismo sello de los Neptunes se ha ganchado éxitos con medio mundo.

N*E*R*D

Pero N*E*R*D frente al vendaval popero de gente como Rihanna, Kendrick, el nuevo sonido trap ¿qué podía hacer? Quedó prácticamente olvidada, como no fuera por sus fans más acérrimos. Por eso la noticia de su nuevo material, la composición de su tracklist, ha intrigado a periodistas y aficionados: ¿será posible un nuevo clásico instantáneo? ¿El regreso de los genios de Virginia? De primera instancia parece que el No One Ever Really Dies, es una declaración de su mayoría de edad, y se espera que en el nombre lleve la penitencia: los N*E*R*D’s no estaban muertos, andaban de parranda.

N*E*R*D

Editor Yaconic

Editor Yaconic

Revista de arte y cultura

Previous post

LOS SIMPSONS EN MUROS DE LA COLONIA INFONAVIT IZTACALCO

Next post

STAX, TODOS LOS TENIS EN LA MISMA CASA