EL CABALLERO ENDEMONIADO JUNTO AL RIO

 

Antonio Frias / @jafrias26 

“I think the creative process is an altered state in itself”

Pocos artistas logran tener una trayectoria tan nutrida, variada y trascendente como la de Nick Cave. Intérprete con su propia mitología; personaje similar a Bob Dylan, Leonard Cohen o Tom Waits, lleno de leyendas, con infinidad de obras y con una huella única, totalmente propia y reconocible.

Nick Cave

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En el documental 20,000 Días en la Tierra (2014), dirigido por Iain Forsyth y Jane Pollard, Cave mantiene una conversación con un psicoanalista. Al explorar su infancia, cuenta emocionado como jugaba en las vías del tren junto al río, esperaba que viniera la locomotora, corría hacia ella y al final brincaba al agua. Esta reveladora anécdota podría ser una metáfora bastante eficaz para describir la trayectoria artística del músico. Un temerario enfrentando a la muerte y escapando, en el último momento, por el catártico arte.

Proveniente de Victoria, un pequeño pueblo de Australia, Nick era un adolescente problemático. A los 20 años ya era adicto a la heroína; tenía constantes visitas a la estación de policía y acababa de abandonar la Escuela de Artes. En lugar de continuar con sus estudios de pintura decidió formar su banda, The Birthday Party (originalmente llamada Boy Next Door), en la que dio rienda suelta a su comportamiento autodestructivo, excentricidad narcótica, fuerza bruta primaria, gusto por los personajes perversos y una exploración sonora de lo que en ese momento se empezaría a nombrar como post punk.

Nick Cave ya no se enfrentaba al veloz tranvía; luego de cumplir los 20 años prefirió mudarse a Londres, y después a Alemania, para revolcarse en el escenario, drogarse a más no poder, berrear sobre sexo vampírico, monstruos, asesinos psicópatas y algunas referencias bíblicas. Las guitarras de Rowland S. Howard y Mick Harvey construían un sonido frenético, siniestro; un blues apocalíptico. Ruido inspirado en el jazz. Oscuridad cacofónica. Ese era el ambiente decadente en el que Nick Cave enfrentaba la muerte.

Nick Cave

La fama llegó —dentro y fuera de la escena gótica— gracias a sus canciones crudas, a su lirismo depresivo y elaborado pero, sobre todo, a las hiperactivas interpretaciones de Cave, quien con su voz profunda desataba el infierno en cada show. Montaba un carnaval que parecía provenir de una cripta, un aullido agresivo, ronco y aguardentoso, pero entonado; en una misma canción podía gritar salvajemente y después recitar el coro como enloquecido orador de la desgracia. En 1983 The Birthday Party ya era una leyenda europea. Tenían apenas tres discos, un sonido propio y muchas sustancias en el cuerpo. Entonces las tensiones aumentaron y se desintegraron. Precisamente este es el momento en el que el australiano salta y cae al agua: reclutando a diversos músicos, renace como Nick Cave & The Bad Seeds.

Su creciente interés en el blues clásico (Leadbelly, John Lee Hooker, Blind Lemon…), en el country gringo (Cash, Dylan, Orbinson…) y en la figura de Elvis Presley, hizo que sus letras adquirieran un tono narrativo mayúsculo. Cada rola contaba una historia, se metía en la cabeza de forajidos imaginarios, nos situaba en escenarios desoladores… Si bien las adicciones y los conciertos continuaron, ya no arriesgaba la vida en las vías. Los protagonistas de sus canciones, en cambio, no siempre escapaban del tren. Los sentenciados a muerte no tienen un río al lado.

Con una extensa lista de colaboradores (Blixa, Ellis, Adamson, Kylie Minogue y un largo etcétera), los Bad Seeds han editado más de 15 discos. Siempre cambiando de sonido, tienen canciones con tintes industriales, emotivas baladas ultra-románticas, sentidas piezas de piano meloso, salvajes alaridos junkies, algunos esfuerzos pop, mucho goth y post punk rasposo, ciertas reminiscencias campiranas, cánticos gospel cuasi-religiosos, poemas recitados, sencillos de rock alternativo para MTV, fusiones de garage con blues rasposo, violines locos…

Esta infinidad de estilos sirve siempre para encumbrar al personaje de Nick, el suntuoso líder creativo, excesivo, teatral, caballero endemoniado, padrote elegante, malencarado e incansable. No por nada, en su más reciente disco, Push the Sky Away (2013), reza confiado: “Algunas personas dicen que es sólo rock, pero a ti te llega hasta el fondo de tu alma… Tienes que seguir empujando, empuja hasta el cielo”. Un mantra certero para un individuo que tiene 57 años, unos 20 mil 818 días en la Tierra, quién sabe cuántos enfrentamientos con la muerte y nada de fatiga; por el contrario, se mantiene activo y lucido. Relevante.

En esta larga carrera —40 años en activo— Nick Cave no sólo ha corrido con los Bad Seeds, también se ha dado tiempo para incursionar en la literatura y el cine, un medio natural para un intérprete tan descriptivo e histriónico; ya sea como un cameo angelical en Wings of Desire (Wim Wenders , 1987), como encargado del soundtrack de desoladores westerns (The Assassination of Jesse James by..), más recientemente como escritor de guiones (Lawless), o como consentido de bandas sonoras en sagas tan variadas como Harry Potter, Shrek o Hellboy.

Nick Cave performance

Nick Cave

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Resulta interesante que unos meses antes de fundar los Bad Seeds, Cave pensara en un proyecto solista. Tenía el atinado título de Man or Myth? (Hombre o Mito?), y pareciera que desde ese instante comenzaba a ser consciente de su condición de celebridad-autor-persona. ¿En dónde acaba el hombre y empieza el artista? ¿El personaje en el escenario es una realidad o un mito inventado? Los responsables de 20 000 Días en la Tierra seguramente eran conocedores de esta inquietud, ya que al explorarla en pantalla hacen que el filme no sea un mero homenaje al cantante, sino que se transforma en un ensayo audiovisual sobre la creatividad, la eterna búsqueda de inspiración y la vida de un artista que ve al proceso de escribir como un estado de intoxicación.

Iain Forsyth y Jane Pollard logran desmitificar Cave. A través de una interesante mezcla de realidad controlada, dramatización e imágenes de archivo, recorren varias décadas de trayectoria. La potente narración del propio músico y la excelente edición hacen del documental una experiencia deslumbrante en la que vemos un día imaginario en la vida de un rockstar que domina el escenario; pero que también es un padre de familia preocupado por sus hijos, reflexionando sobre su aventurera infancia con un psiconalista de por medio. Ideal para fanáticos, pero también la mejor herramienta para entrarle y convertirse en entusiasta de este temerario.

20 000 Días en la Tierra es parte de la sección Sonidero de la gira Ambulante. Búscala en cartelera.

Antonio Frias

Antonio Frias

Clavado de la música y el cine. Interesado en analizar cómo se relacionan todas las obras entre sí, su contexto y los chismes de artistas, y en encontrar el balance entre lo comercial, lo popular y lo denso. Hipnotizado con las pantallas mal viajantes y los sonidos que taladran la conciencia.

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