Por Diana Reséndiz / @diana_DejaVu

¿Ese día llegará? ¿Ocurrirá el día en que un tipo vestido de astronauta invada nuestras calles? Ese día en que nuestra intimidad se vea interrumpida por el personaje al que Tom Colbie le dio vida. Seguro sí.

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A decir verdad ya no sé si Tom Colbie es el nombre real de este artista, su existencia raya en el anonimato. Encontré su supuesto nombre pero no su edad, estudios, paradero ni su existencia física; no hay rastro, ni siquiera Wikipedia, que lo sabe todo y lo que no lo inventa, conoce de él. Me aventuré a mandarle un email esperando respuesta a algunas preguntas que me provocan sus ilustraciones. Sigo esperando.

En el transcurso de un pensamiento vacío a otro hice algunas conclusiones, ahora que las vuelvo a pensar no están tan disparatadas. Tal vez Tom es un reptiliano, quizá es algún tipo de muerto con talento de ilustrador, tal vez el autor es algún multimillonario que no pretende ser famoso por sus ilustraciones y simplemente quiere transmitir.

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Sin duda Tom es un explorador fehaciente de su imaginación. Ayudándose de aquel sueño que Niel Armstrong y el Apolo 11 en 1969 sacudió a la gente. Hoy Colbie nos da un tour por pinturas de Edward Hopper, paisajes desiertos, lugares abandonados, la luna, una caminata con un conejo gigante, charlas con extraterrestres, incluso en la época del dinosaurio.

Este astronauta sabe armar un cubo rubik sin problema, sabe conducir una góndola y tocar la guitarra mejor que Jimi Hendrix. Se la sabe.

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La técnica de este individuo es bastante viva, los colores y esa sensación de no saber lo que ves es fascinante, algunas imágenes parecen fotografías, otras ilustraciones y unas cuantas simplemente parecen ser un sueño.

El trazo exacto que maneja, la forma en que teje una historia con otra y culmina en una sinfonía dando como resultado un orgasmo visual. Este es el tipo de arte que le falta a esta nueva era de los millenials y la generación Z. Las exposiciones de arte contemporáneo en lugares como Zona Maco son tan (sin palabras) que llegan a parecer burla y este ilustrador, o ilustradora, propone una magia que pocos podrían igualar.

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Editor Yaconic

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