Por Mario Castro / @LaloCura__

Hoy día existe, a veces involuntariamente, esa bonita costumbre de informarnos sobre los muchos, muchísimos, actos violentos que suceden a lo ancho del mundo. De igual forma resulta medianamente sencillo conocer propuestas culturales de puntos sumamente distantes. Aunque, en realidad, esto no es tan color de rosa como parece.

Si bien internet funge como una súper herramienta que nos ofrece cualquier cosa a sólo un click, todavía, quieran o no, resulta imposible conocer todo lo que sucede en el mundo. Éste no se limita a las urbes, que son las únicas que en verdad se encuentran interconectadas. Tal vez existe una forma: si no naciste rico ahorra, toma una maleta y date el rol hasta donde puedas, justo cómo se descubría el mundo antes de la fibra óptica.

Osseily Hanna es un británico que estudió química y una maestría en ciencias de la computación, para después trabajar en sistemas financieros globales. Un buen día se hartó del godinazgo de primer mundo, decidió agarrar una mochila y comenzó a viajar. Cuando niño inició clases de violín. Más tarde ingresó a la orquesta sinfónica del norte de Londres, por lo que la música siempre lo acompaño. Llegó a México y —cómo sucede con muchos extranjeros— se estableció.

musica y coexistencia (2)

Con el tiempo se interesó con la música de la región. Lo mismo con la de otras latitudes. Entonces ideó el proyecto Música y coexistencia. Aventura ambivalente: su resultado terminó en un libro y un documental. ¿Qué tiene de especial? Más que una búsqueda por encima del panorama, Osseily realizó un trabajo afortunado de gestoría que consistió en buscar organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles que promovieran la música como método de integración en zonas conflictivas o con situación discriminatoria.

Hanna pasa de la agrupación hiphopera G-Town, con sede en un campo de refugiados palestinos en pleno Jerusalén, cuyas letras están lo mismo en árabe, hebreo e inglés, al campamento de mariachis en la Universidad del Norte de Texas. Allí, pese a lo obvio, algunos no tienen relación cultural con lo latino: más bien el sonido del guitarrón los atrajo; tampoco deja a un lado el conflicto en la zona de Kosovo, ciudad separada entre los “victoriosos” del sur y los “derrotados” (aunque ambos se hayan perdidos en su cultura), donde una escuela de rock dirigida por jóvenes parece una de las pocas vías de reconciliación aunque la política para oscurecerla.

Y así: se suman albinos perseguidos por brujos de Tanzania, irlandeses protestantes en pugna con irlandeses católicos cuyos hijos se unen para tocar música tradicional, afro mexicanos cantantes de chilenas desconocidos en su país, etcétera.

Con una escritura relajada, Osseily Hanna muestra impresiones más detalladas de las que se puede en un documental. Sus palabras son reflejo casi inmediato de su contacto con los artistas de cada punto de su visita.

Si bien el proyecto es un testimonio de cómo la música logra cimentar nuevas bases para una sociedad, el asombro del británico no es menor: de a poco se da cuenta que el primer mundo del que proviene y las sociedades occidentalizadas no siempre son igualitarias ni cívicas, y en ocasiones ni siquiera parecen tan humanas como pregonan; incluso han utilizado la música de forma macabra como en el apartheid de Ruanda: por medio de canciones religiosas de corte cristiano, con ritmos tribales antiguos, el gobierno comenzó a inducir a la violencia dejando el mensaje subliminal para pasar al cinismo directo de “Matemos tutsis, porque los tutsis son malos”.

Ambicioso y con un panorama multicultural que ofrece parte de la historia reciente de cada lugar visitado, Música y coexistencia (además de mostrar el contexto de cada sitio) abre las puertas a varios proyectos que comienzan a llamar la atención en sus países y que a otros tardarían mucho en llegar; algunos no cuentan con redes sociales y otros comienzan a ingresar en ese universo naciente. Mientras esto ocurre La Cifra Editorial ofrece este libro sustancioso, no agotador. Más alternativo que algunos portales dedicados la música.

Música y coexistencia. Osseily Hanna. La Cifra Editorial. Ciudad de México. 2015.

Editor Yaconic

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