“Déjala caer… Sola va a caer… Cuando siento el boom de este perreo intenso. Túmbame el guille, calma. Que estás en falda y se te ve todo”. Tito el Bambino.

Eso sonaba al fondo mientras mi culo se repegaba al pito del wey de atrás. Sucedía casi sin pensarlo, mi booty se movía como si tuviera un chip incrustado, un chip que al escuchar cualquier canción de reggaetón se activa, haciendo que mis caderas no puedan parar de menear.

Horas antes, estábamos en mi depa chupando “Bacacho”. Nos tomamos un par de cubas o una botella, eso no importa. Me es tan natural beber antes de la party, hay que calentar motores antes de enfiestar. Es un instinto casi de supervivencia en está pinche ciudad que te chupa el dinero, también el alma.

“Que tengo la polla en candela y quiero comerte ese culo, culo, culo. Me vuelvo loco con su… culo, culo, culo, culo”. Jowell y Randy

Ese es el coro de “Chulo sin H” de Jowell y Randy, mi canción favorita del momento. Esta noche no puede faltar, traigo mi falda plisada Adidas y con ella nada puede salir mal. A pesar de mi vecina la mal cogida, la que cada que pongo reggaetón enchueca la boca con su jetota. Cómo no va a estar encabronada si sólo la escucho gemir como estrella porno los viernes. Eso sí, que nadie sepa cuantos weyes o viejas mete a su casa. Porque la sexualidad es de uno y nadie más lo debe saber.

Pero eso me vale pito, como a un chingo de gente que le mama el reggaetón, que con su ritmo sacude sus falsos escrúpulos. No por nada desde hace un par de años el reggaetón está a todo lo que da. Me corto una chichi que hasta al Foucault le prendería, porque la sabiduría no es cosa de edad, ni época. Ese wey sabía que no hay absolutamente nada malo en disfrutar un cogidón bien rico, así que hoy, le haré honor a ese cabrón.

“Voy a devorarte, nena linda. Hoy es noche de sexo y voy a cumplir tus fantasías”. Wisin & Yandel.

Ese vato y yo ya intoxicamos tanto las conexiones de nuestro cerebro que nos olvidamos de esas pinches reglas morales que nos inhiben y, que Freud ubicó como consecuencia de la socialización. Después de embriagar en mi casa y darnos unos besos bien salivosos caminamos unos cuantos pasos para el Metrobús. Nos vamos en los vagones de hasta atrás para fajar chido, no recuerdo el nombre del wey con el que vengo, siento como aprietan sus manos mi cadera para jalarme bien pegadito y sentir su pito duro. La gente se nos queda viendo, más de uno quiere aventarnos agua como lo hacen para despegar a los perros, más de uno quisiera meter su mano debajo de mi falda para después oler a frutas.

El sótano está lleno, podemos sudar a gusto. Dos de los protagonistas del gig son de Puerto Rico, así que, esto se va a poner sabroso. En el pilar del fondo ya hay una pareja perreando a todo lo que da; él está recargado, le agarra la cintura a la chica mientras ella le mueve las nalgas como si estuviera agitando un Boing antes de abrirlo. Eso mismo quiero hacerle al vato que me acompaña.

Pasamos a la barra, compramos otro ron y empezamos a darle. “Agárrala, pégala, azótala, pégala, sácala a bailar que va toda. Pégala, azótala, que ella va, toda”. Eso canta Trebol Clan y, la neta, me urge que este wey me agarre, se me pegué y me azote. Esta fiesta no es el News Divine, el lugar es fresón. La entrada está en “quiñón” ($500) y los chupes en $80. El Viernes de Perreo en el Normandie; es como el Bull en sus años mozos pero con beats ricos y muchos más movimientos pélvicos.

Ahora sí, me dispongo disfrutar y que mi acompañante disfrute igual. Creo que me gusta más perrear que fajar. Es más sensual e incluye más sentidos. Poco a poco me voy pegando con mi pareja. Estoy de espaldas porque, sentir su dick en mis nalgas es (discúlpenme tías y familiares) bastante placentero. De arriba para abajo. Lento, rápido. De un lado hacía otro. Me empino un poco. Él me toma de la cintura y pasa sus manos por mi largo y esponjado cabello chino. Embonamos a la perfección al mismo tiempo que nos movemos.

Las cubas ya estorban. Lo único que queremos poseer son nuestros calientes cuerpos. Los DJs dejaron de importar. Por aquí anda Jesse Báez; quien por cierto, en una de sus canciones canta: “aquí todos cogen todo mundo coge. Nadie se haga el santo todo el mundo coge”. Y ahora lo pienso más que nunca. Ya quiero pasar a segunda, tercera y cuarta base con mi date. Perrear es más efectivo que el viagra y a mí, ya me está haciendo efecto.

Antes de regresar al departamento, podemos inhalar un poco de coquita; sólo para alivianarnos y estar lo más rápido posible en la cama, el sillón, la cocina o lo que sea. Ya estoy bien mojada, llegando a mi cuarto me dispongo a perrear sin ropa. Lento, suave, arriba, abajo. Nuestras lenguas no paran de moverse adentro de nuestras bocas y mis manos, calientes, no esperaron mucho para sacar su pene más erecto que la estela de luz. No me dio tiempo de quitarme la falda, ya no importa. El reggaetón si nos puso muy calientes.

Ilustraciones: Jorge Calderón

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Vania Castaños

Vania Castaños

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