De la columna Negra y criminal

Por Iván Farías / @ivanfariasc

En su blog, José Miguel Tomasena reseñó El complot Mongol (1969) y advirtió: “Poco antes de hincarle el diente a este clásico del policial mexicano —algunos dicen que es la piedra fundamental— dije públicamente que el esquema de la novelita negra, con su detective que intenta resolver un crimen, me resultaba una reverenda mamada en un país como el mío. ¿Quién cree que los crímenes se resuelven, si ni siquiera se intenta resolverlos? Hasta que leí este relato y tuve que reconsiderar mi posición”.

Es curiosa la declaración porque mucha gente la conserva. Creer que el policíaco es solamente un detective investigando un caso es como reducir la literatura fantástica a elfos saltarines. Pero es más curioso porque Tomasena es el autor de una de las mejores novelas policíacas mexicanas que he leído a recientes fechas: La caída de Cobra (2016). En ella se narran, de manera realista, los usos y costumbres de la vida carcelaria en México.

La caida de cobra, jose miguel tomasena

Cobra es, como lo dice su apodo, un cobrador de cuentas dentro de la prisión; pero todo lo que sube tiene que bajar. Un buen día, al principio de la narración, el hombre deja de tener privilegios y se vuelve un apestado. Sin caer en tremendismos, el autor logra un realismo pocas veces visto en novelas caneras, historias que son tan poco frecuentadas por la narrativa mexicana actual, centrada en la autoficción y en los dramas clasemedieros.

Tomasena se da el lujo de soltar poco a poco su conocimiento sobre los tejes y manejes, las jerarquías y los sitios de castigo dentro de la prisión. Pasa por distintos momentos en los que parece que la trama está a punto de caerse, pero siempre encuentra una forma de levantarla, hasta el inevitable final.

AMORCITO CORAZÓN

Amorcito corazón (2016), de Carlos Padilla, abreva directamente de la ficción y sigue el cliché del procesual, en el que un detective, en este caso dos, sigue las pistas de un caso hasta su resolución. No digo cliché como ofensa, sino como definición. Padilla sitúa su historia en los cincuenta, un sitio irreal donde los recuerdos nos obligan a pensar que todo era hermoso. Lo cual, cuando menos en los remembranzas, lo era.

Padilla se aprovecha de estos dos supuestos para hacer una narración efectiva, llena de humor y giros inesperados. La cuota del autor no es la forma en que está narrada —todo sin espacios, sin guiones y haciendo que el texto fluya sin detenerse—. Un gran trabajo de relojería para evitar confusiones. Tampoco es que utilice narraciones que podrían hacernos sentir en una película del cine de oro o dentro de una historieta de la misma época. La aportación real está en que trastoca la mitología del ser mexicano retomando íconos, como Pedro Infante, y dándoles nueva vida.

amorcito corazon, de carlos padilla

Para nadie es extraño que la novela histórica sea el género más vendido en México, aunque muchas adolezcan de ficción. Son aburridos tratados en los que el autor mete a la fuerza una serie de datos sacados de un libro de historia. Es la versión en papel de las estatuas en bronce. Carlos se permite falsear cosas, mover hechos, jugar con la historia y el tiempo. La investigación por parte de dos policías sonorenses, uno adicto a morder y escupir palillos de dientes, junto a un fotógrafo de prensa, que bien podría ser Enrique Metinides de niño, desemboca en una peculiar conspiración para ocultar el asesinato de Pedro Infante.

UN HOMBRE DE LEY

La puntilla la da Roberto Bardini, cocreador del sello Código negro junto al maestro Rolo Diez, que vio primero la luz en Argentina y luego del robo que les hicieron, volvieron a las andadas en México. Esta vez en asociación delictuosa con Editorial Resistencia. El segundo título de Código negro es una novela firmada por Bardini llamada Un hombre de ley (2016) en el que echa mano de todos los estereotipos del policíaco, tejiendo una historia que da gusto por encantadora.

un hombre de ley, roberto bardini

Es una trama muy compacta, muy divertida y que sirve de cartografía para recorrer un pequeño país que en realidad es una isla. Una serie de asesinatos hacen que toda la podredumbre de la paradisiaca isla salga a la luz. Bardini utiliza el cliché del policía investigador, del grupo de sospechosos que se deben de ir descartando y del pueblo infestado de criminalidad, mientras va creando con palabras un país que podría verse desde las playas de Tijuana, pero que en realidad no está ahí.

Lo interesante de Un hombre de ley no es la trama en sí, porque los lectores sabemos que habrá una resolución efectiva sobre el asesino, sino en ver cómo le da vida a una variopinta ralea de personajes, cada uno más maldito que el otro y una ciudad estado que se hace tan real que uno quiere comprar boletos para ir.

Editor Yaconic

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Revista de arte y cultura

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