Por Alejandro González Castillo / @soypopesponja

Fotos: Mishel Ceballos

Escucho “Palabras tristes” en el bus que me deja a las puertas del Campo Deportivo del Estado Mayor y al descender considero que Los Yonic´s pudieron, y tal vez quisieron, sonar como Nazareth. El conductor del armatoste me indica que debo bajar cuando pienso que el infeliz que produjo dicha canción jamás tuvo la menor idea de cómo microfonear una guitarra distorsionada. Masco la idea andando, vigilado por tipos de boina negra con los puños rosando los gatillos de sus armas, cuando un montón de tipos me acosa ofreciéndome cigarros ante la mirada de extrañeza de los que portan camuflaje pixelado; se me jura que debo hacerme de una cajetilla porque “adentro no venden”. Cruzo entonces las puertas del festival Nrmal.

FESTIVAL NRMAL 1

Pasos adelante descubro que, por supuesto, en el interior venden cigarros, hartos. De hecho, antes de asomarme a los escenarios, me doy cuenta de lo complicado que resulta que en el Nrmal las entrañas reclamen maltrato. Apenas entro, me dirijo al área de alimentos para notar que la oferta culinaria del sitio está a años luz de la ofrecida en otros festivales, al menos de los que tienen lugar en la Ciudad de México. Me tomaría varios renglones describir la amplitud de la carta, basta decir que existe un menú para exquisitos del cual sólo apuntaré el tercer tiempo: tuétano asado con cebollas curtidas, rábanos, col, salsa de nueve chiles y tórtolas de maíz; claro, sin que el vino ni la cerveza fallen. ¿El precio de la comidita corrida? Bueno, digamos que el chef encargado del asunto valora su sudor y que menos de cien comensales tienen la fortuna de sentarse —en medio de un terregal, debo decir— a degustar su obra. Pero eso no es todo; los paladares del resto de los mortales no quedan desamparados, pues sobran hamburguesas de portobello con pera asada, tacos al humo, tostadas de marlín ahumado o tortas de rib eye, por decir algo; o ya, para los más pobres, no faltan chips de camote.

FESTIVAL NRMAL 8

FESTIVAL NRMAL 27

FESTIVAL NRMAL 5

Menciono el grado de sofisticación de la cocina porque la bebida no se retrasa y satisface a cualquier garganta forrada de terciopelo. Algunos prefieren la cerveza de los gansos que habitan en Chicago y otros aquélla que se destila en Tijuana entre güeras y morenas, pero todos los sedientos bufan elegantes entre barriles y mullidos sillones. En otra esquina están quienes desprecian la cebada y buscan algo más que ron, vodka, tequila, ginebra y demás líquidos vulgares para remojar el cogote; por ejemplo, ¿qué tal un trago de mezcal con licor de hierbas, xtabentún, miel de agave, jugo de lima, ginger ale y hoja santa?, ¿o un whisky con aperol, licor de hierbas, café, jugo de limón y jarabe de olor? Vaya brebajes. Total, que cerrando aquí el asunto de la bebida y la comida, en el Nrmal no despachan las hamburguesas de hule del Foro Sol ni las cervezas con agua de cisterna asoleada del Palacio de los Deportes. Sólo hay que traer la billetera barrigona para gozarla.

Tras salir de la polvareda, me dirijo hacia el prado que aloja los escenarios Rojo y Azul y ahí me encuentro con Felicia. Qué pelo, qué dentadura, qué mirada. Da gusto verla retozando en el pasto, gozando del sol, moviendo la cola alegremente. Sin duda es la perra más feliz en todo el campo hasta que (SIC) decide transformar su soñado atardecer en un picnic en el infierno. Apenas el dúo empieza a tocar, la infeliz corre al lado de su hombre, confundida, desorientada, para solicitar una caricia consoladora. Ningún perro debería tolerar una carga de ruido de ese calibre. Habiendo actos generosos con el oído, ¿por qué exponer a una mascota a esa salvajada?, y tan cerca de las bocinas que está la pobre Felicia. Amos, sean gentiles con sus mascotas; miembros de (SIC): sigan agrestes por la vida, jamás atiendan su esquizofrenia. Y ya que me pongo aleccionador, apuntaría que es bueno darme cuenta de que el escenario Amarillo esté tan cerca del siamés que conforman el Azul y el Rojo, así las caminatas son ligeras; pero también preguntaría si no hay manera de que el PA de la carpa no afecte el bienestar del par de escenarios restante (porque los ruidos propios del tránsito vehicular que corre justo al lado del escenario doble son, por desgracia, incontenibles).

FESTIVAL NRMAL 14

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La tanda de sonidos del sábado es generosa. Subrayo el aliento pop de Los Wálters, la calentura tropical de Los Pirañas (con todo y su homenaje al Sexteto Miramar) y la brillantina virtual de Empress Of. Sin embargo, San Pedro El Cortez merece unos cuantos renglones más. Y lo digo porque mirando al combo de Tijuana sacudir sus guitarras con urgencia —como cuando al amanecer agarras de los hombros a tu comparsa de borrachera para pedirle que reaccione y pague la cuenta— uno se imagina cómo hacer para que los temas de esos norteños lleguen a un disco sin extraviar el filo. También cuento las posibilidades de que los mexicanos alguna vez alcancen la reputación de un grupo como A Place To Bury Strangers, un trío que, literalmente, masacra su instrumental eléctrico ante una audiencia mareada gracias al parpadeo infame de un estrobo, incisivo, malamadre, que deja entrever cómo Oliver Ackermann azota su guitarra contra el suelo. Así, tras horas de sonidos estimulantes, cerca de la medianoche, todavía excitado por la experiencia ensoñadora de Deerhunter, escapo del espacio militar mientras Health hace lo suyo.

 

ACID MOTHERS TEMPLE 1

ACID MOTHERS TEMPLE

BALTAZAR 2

BALTAZAR

 

DEERHUNTER 4

DEERHUNTER

EMPRESS OF 1

EMPRESS OF

Al siguiente día repaso el pop dubitativo de Baltazar, el set amable (esperaba un grado de destrucción sin igual) de Blanck Mass, el performance lagrimal de Jenny Hval (la noruega remoja sus manos en sangre para solicitarle al público, todo, que se ponga a llorar. Nadie obedece), el ochentoso, sintético y contagioso cancionero de Jaako Eino Kalevi, la artesanía sonora del genio Pierre Bastien y los beats pasados de jerga de los colombianos de Mitú. Battles, por otro lado, se asoma brutal, poseedor de un pulso desquiciado, preciso cual calculadora y, además, gozan de una de las mejores sonorizaciones de todo el fest; caso contrario de Slowdive (quizá el acto más esperado del fin de semana), pues es hasta el arribo de “Dagger” que la pedalería que Rachel Goswell y sus compinches tienen a sus pies consigue alterar la fuerza gravitatoria de la luna para que una marea de delays sacuda las costas de los de espíritu shoegaze. Finalmente, Acid Mothers Temple y su rocanrol de wattaje pelado despide a los que se aferran a jugar ping pong o futbolito, hacerse el tatuaje de un zorro apestoso en el antebrazo, comprar un vinil de The Brian Jonestown Massacre, hacer una fila insana con tal de orinar o arrojarse desde una altura de diez metros con la certeza de que sus sesos no van a desparramarse por el suelo.

GNUCCI 4

GNUCCI

JAAKKO EINO KALEVI 2

JAAKKO EINO KALEVI

LOS WALTERS 6

LOS WALTERS

JENNY HVAL 4

JENNY HVAL

Sí, todo parece felicidad dentro del Nrmal hasta que llega la hora de irse. Y me refiero a los que no tienen auto, como yo. Porque la cantidad de gente rebasa la capacidad de los autobuses que muy esporádicamente cruzan Av. Constituyentes a esa hora de la noche. ¿Parar un taxi común y corriente? Imposible. Sin Uber ni algo parecido a la mano, comienzo a declararme muerto, listo para pasar la noche del domingo bajo un puente peatonal. En otras circunstancias ya me encontraría en estado de pánico, pero me siento ligeramente anestesiado. Estoy así desde que Low tocó. Sí, apenas  Alan Sparhawk se colgó su guitarra para unir a las bestias del infierno y el cielo, para llevar a cabo un aquelarre de vicios y virtudes. Y aún me siento extrañamente relajado al tiempo que agito la mano en el aire, en medio de la calle. Gozo de mi estado recordando que lo que Sparhawk y los suyos hacen es como una desgracia a punto de suceder; como la belleza cerca de desbordarse. Como ese beso que tememos dar. Como la infección entrando por las comisuras; como la risa cerca de explotar… en fin. Puras divagaciones. Y entonces me pregunto,  con la calma que ofrece traer las entrañas bien consentidas, ¿cómo va a sorprendernos el Nrmal el año que viene?; y ya hurgando en la pus de la herida, eructo fino y discreto para aferrarme a la cuestión primordial: ¿qué habrá sido de Los Yonic´s y sus “Palabras tristes”?

 

MITU 2

MITU

LOW 5

LOW 2

LOW

LOW 6

LOW

Editor Yaconic

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