Por: Viridiana Velázquez / @viri_jane

Los Oh Sees regresaron con nuevo nombre y álbum, este es un nuevo comienzo para la banda que en este disco utilizó recursos musicales de sus 18 trabajos anteriores y es el primero en el que no colabora Chris Woodhouse, aunque casi ni se escucha la diferencia. Más bien se nota que todos los cambios por los que ha pasado John Dwyer le han servido para pilotear la banda que el 25 de agosto lanzó su decimonoveno álbum Orc, bajo el sello Castle Face. Este nuevo material discográfico es el resultado de la suma de géneros y estilos por los que ha experimentado la banda y entre los que destacan: el punk, rock, psicodélico, alternativo y garaje. En 10 canciones la banda californiana nos enseña a traspasar los límites de género y volumen que algunos creen que tiene la música.

Oh Sees volvió a las raíces, al origen del sueño que comenzó en 1994, a la costumbre de cambiarse el nombre hasta sumar seis en sus 20 años de carrera. En este álbum eligieron presentar canciones más interpretativas, casi no hay letra pero sí voces distorsionadas al estilo psicodélico de los sesentas, también nos proponen muchos solos de batería y si bien parece se quedó corto a comparación de A Weird Exits (2016) la verdad es que están presentando nuevos sonidos y formas de transmitirlos.

La tapa del disco parece una apología a los Orcos de J. R. R Tolkien, esas criaturas incomprendidas, violentas y poco inteligentes pero salvajes que fueron disciplinadas para ser usadas como soldados de grandes villanos. Estos seres fantásticos son humanoides con una apariencia bestial y deforme. El arte del disco contiene tintes psicodélicos sesenteros que van desde el verde turquesa que se degrada de arriba hasta el naranja que queda en la parte de abajo, ambos colores se mezclan al fondo de la cara incompleta de un orco morado con una expresión intimidante.

En el sencillo “Animated Violence” podemos escuchar el sintetizador y la batería casi como instrumentos principales, una de las guitarras sigue imitando al bajo y la otra se distorsiona al fondo. En este tipo de canciones podemos oír a Dwyer adoptar un tono vocal alterado que constantemente cambia de intensidad y frecuencia. Es por este tipo de experimentación musical por la que la agrupación sigue siendo precursora de ritmos y vibraciones que adoptan bandas como King Gizzard & the Lizard Wizard.

“Keys to the Castle” empieza pesada pero tranquila y un poco psicodélica, también es una de las canciones más largas (8:10 minutos). La diferencia de está canción radica en los coros femeninos que resaltan los sonidos distorsionados de la voz de Jhon que en el transcurso se convierte en una balada con matices espaciales que se suma a los violines, las baterías y los sintetizadores.

La segunda mitad del disco es apacible y limpia. De repente se siente el cambio, los tintes de rock progresivo, sus raíces psicodélicas y del punk garaje se hacen presentes para crear una pieza energética y auténtica que cambia de frecuencia e intensidad. En temas como “Paranoise” o “Raw Optics” el sintetizador, la voz y los solos de guitarra junto a las percusiones nos dicen que la influencia de afro funk que tiene el disco no fue un experimento al azar, sino un fundamento rítmico que embona  con su sonido. En Orc se nota una experimentación más fluida y natural. La banda se escucha consolidada en cuanto a su estilo musical y concepto.

Editor Yaconic

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