Todos ustedes son unos ornitorrincos. No me refiero solo a la banda, también a los que acuden a los conciertos. No son una generación de adolescentes, son una de ornitorrincos. “El Alien agropecuario”, Carlos Velázquez.

Por Alfredo Padilla / @_PadillaAlfredo

Guadalajara sin alcohol es como Disneyland sin Mickey Mouse. Yo estaba dejando de tomar y la ciudad me parecía un puto parque de diversiones pero sin atracciones; uno cutre, apestoso —Guadalajara siempre es hedionda—. Parque de diversiones sin azúcar para drogarse. Un resort, un parque temático del catolicismo y la ortodoxia. Un ratón, eso es lo yo que era. Más bien un roedor sin cloaca, sin simpatía, sin drogas, sin juegos mecánicos. Yo era el fucking hámster de Richard Gere metiéndosele por el culo, por el culo del mundo, el ano del universo que es Guadalajara y toda su aburrida y retrograda certidumbre. “El culo del mundo”, que también representa esa detestable construcción “arquitectónica”, la catedral de Guanatos City, o la basílica de la asunción de María Santísima, ¡Beato Satanás, pero qué es eso! La casa de la mamonería que fundaría un tal Fray Pedro de Ayala, transgresor de nativos remisos.

Me encontraba por enésima vez en la “ciudad de los culos gordos”. ¿Cuál era la razón? Se celebraría el festival de música underground más condecorado y estridente de México: Doña Pancha Fest, y estaba invitado para escribir la crónica del evento. Desde hacía tiempo que me había convertido en un ermitaño. Mato los días en casa releyendo novelas de Roberto Arlt y Osvaldo Lamborghini, no más. Y así como dejé de beber, dejaré de fumar, de coger, de drogarme; dejaré también algún día de leer —a todos nos llega la hora— hasta que abandone la escritura por completo, para el beneplácito de todos ustedes, y con un poco de suerte pronto renunciaré a respirar. Mis vecinos me encontrarán momificado en mi departamento, lo harán asqueados por el olor a mierda y putrefacción. Moriré leyendo El juguete rabioso (1926) de Godofredo. Esas son mis expectativas de “vida”. Por eso el viajar a la ciudad de los jeans entallados y los cameltoes agrios me parecía un enorme sacrificio, ¡Fray Pedro de Ayala, por qué tuviste que violarlos a todos! Así no tendría que trasladar mi frágil trasero al imperio de los New Balance y las botas Dr. Martens.

Arte Doña Pancha Fest

Arte de Doña Pancha Fest 2016.

Tenía entendido que el DPF era un festival musical rastrero que se llevaba a cabo desde el 2008. La primera edición fue en un bar del mismo nombre ubicado en la ciudad de Tecate, Baja California. Desde ese año —en el que papá Juan Marsé ganó el Premio Cervantes— Doña Pancha Ladina ha logrado llevar sus eventos a ciudades como San Diego, Mexicali y era el turno de Guadalajara, con un line up que te morías, te morías nene. Y yo solo quería estar muerto. ¡Oh santísimo Pedro de Ayala! Fundador del imperio gay, el tequila y las tangas, gracias por presentarme a Cristian Franco, Dick Verdult, Tin-LarínUrsula Strong, la mamacita de Niña Coyote eta Chico Tornado.

Estoy harto de que se escriban textos para cambiar el estado negativo de las cosas. Yo quiero destruir. Enumerar todos los objetos que puedes romper a la mitad, y esa estancia en New Balance Town me ayudaría a lograrlo. El Doña Pancha Ladina es un “lugar” en donde todos somos unos ornitorrincos, como diría Charly, no somos unos castores, no somos unas nutrias, ni mucho menos unos patos —aunque tengamos partes de cualquiera de estos animales—, somos unos ornitorrincos, y en todo caso, unos cerdos, unos cochinitos que puedes romper a martillazos, una alcancía en la que el ahorro de tus miedos puede ser remunerado por un boleto, un ticket rumbo a la nada, el noise y la anarquía. ¡Bienvenido underground! Luis Racionero puede irse al carajo con sus filosofías del subsuelo, Doña Pancha es la decadencia real, la destrucción fina, y eso ninguna teoría ni filosofía almidonada lo podrá remover.

doña pancha fest 2016

El Yeti, mascota oficial de Doña Pancha Fest 2016 / Foto: Caballero Flotante.

La fiesta comenzó tres días antes, en el Museo de Arte de Zapopan (MAZ) con la inauguración de The Manna Machine del mismísimo Cristian Franco —hijo pródigo de Doña Pancha—. La exposición se basa en una serie interminable de cosas que obsesionan a Cristian, y en palabras del artista visual Daniel Guzmán: “Una exploración actualizada de sus viajes a las tiendas de segunda mano que efectuaba en su juventud en la frontera: acumulación de cosas, objetos y cachivaches que daban cuenta, a su manera, del gusto de una gente que nunca conocería, fantasmas de una civilización que acumulan y acumulan materia y energía para contribuir a su propia destrucción”. La exposición más honesta y desapacible que hayan visto mis mugrientos ojos. Ya todos conocen mi “añoranza de hurgar en la basura”, de pepenar, como lo hice de chiquillo en los solares baldíos aledaños a mi casa en San Luis Potosí. La expo de Franco me transportó a esas mañanas levantando tangas añejas de prostitutas menesterosas, ojeando revistas Playboy mojadas y desteñidas, o almacenando playeras del Grupo Bronco y Selena Quintanilla, que dejaban tiradas los “maestros de la construcción” —logré que Franco me regalara una de las prendas que se exhibían en la galería, una que decía: “Selena vive en el espíritu de todos los albañiles”, y fue esa quizá, la mejor parte de la noche.

Después de la inauguración se ofreció el tan esperado vino de honor —y el mezcal oaxaqueño por parte de Doña Francisca—, yo bebía agua mineral con Coca-Cola. Otro hijo bastardo de Pancha. Cualquiera hacía sonar la tornamesa con The Clash, Sex Pistols, The Ramones y Misfits, haciendo bailar a todos los ornitorrincos del arte. Un grupo de londinenses que andaba por ahí enloquecía con la música de Jhonny Rotten y Sid Vicious, se movía como una parvada de patos frente a un ataque de termitas. Lo reconozco, soy el único ornitorrinco capaz de enamorarse de otro ornitorrinco. Quedé extasiado por una londinense que me había pedido un cigarro, y a quien trataría de llevarme al after party en el profano y triste Bar Gil; pero el plan de ella era cenar en el restaurante Suehiro, distinguido y elegante espacio japonés para comer perro. Le dije que no iría a ese lugar aunque me estuviera muriendo de hambre —siempre estoy muriéndome de hambre— y le arrebaté de los labios el cigarrillo que le había regalado. Me largué al Bar Gil, enfurecido con todas las chicas que no me habían pegado el ojo en toda la noche. Pensaba en esa “radical”, la pelona interesante a la que yo le parecía un objeto más de la podrida exposición de Franco, Grrr… (Gruñía como Perry el Ornitorrinco).

The Manna Machine

The Manna Machine / Foto: MAZ.

En el Gil el ambiente era de ultratumba. Hablé con Dick el Demasiado (Dick Verdult) sobre Lilia Prado, en especial de su actuación en Subida al cielo (1952) que dirigiría Luis Buñuel, con actuaciones de “La Chichimeca” y Roberto Cobo, adaptada por Juan de la Cabada. Una charla que hizo enojar a otros ornitorrincos: nos tuvimos que alojar en el mutismo. El ornitorrinco tiende a ser solitario y solo se reúne con otros individuos cuando comienza la época de reproducción. Si el territorio de un macho topa con el de otro, resulta ser un problema, pero como no manifiesta un comportamiento agresivo, prefiere evitar al otro, modificando sus horarios de búsqueda de alimento. Terminé mi agua mineral y me fui en busca de unos hot dogs. Me perdí en las calles de Martens-Land rumbo al repugnante motel en donde me hospedaba. Mi especie es sedentaria, suelo moverme poco. Me desmayé después de “pensar” —masturbarme— en la chica pelona del MAZ.

Al día siguiente, viernes 30 de septiembre, asistí a una lectura de poesía y la presentación de un fanzine de Argentina llamado Pánico Universo. Me conmoverían dos cosas esa noche: la lectura de un poema sobre la paternidad de Paola Llamas Dinero y la actuación de Rosas, un trovador de baladas dolientes y dulces, un tributo a la nostalgia y las drogas. En el evento me alcanzaría Juan Manuel Arrellín, tenía planes de acudir al Pre-Pancha Fest, en un lugar llamado Palíndromo Café, en Juan Ruiz Alarcón #233. Si buscas este lugar en Trip Advisor te encontrarás con comentarios similares al siguiente: “Muy ricas bebidas preparadas, buen ambiente para conversar, leer, escribir y escuchar música en vivo, excelente atención de todos y muy bonito lugar”. ¡Qué asco! Yo no entraría a un sitio descrito con esas palabras. Me había acostumbrado a las cantinas, tengo naturaleza de nutria, ¿recuerdan? Estoy acostumbrado a que se me trate mal. No me gusta conversar, ni leer, ni escribir en público; tampoco me gusta la “música” de los cafés emperifollados. Si quisiera un lugar para estar tranquilo ya me hubiera comprado un féretro —por cierto, recuerdo que en el motel acondicionaron uno para hacerlo pasar como clóset—. El Palíndromo estaba henchido de todas las “personillas” que habían estado un día antes en la expo de Franco. Bailaban al ritmo del DJ en turno: Banda Mashups de Mexicali. Los ornitorrincos se mueven chistoso, su modo de bailar recuerda al de un reptil, ya que sus patas permanecen a los costados del cuerpo. En la pista de baile demuestran su “excelencia” al bailar: pueden brincar rápidamente y realizar varios giros mientras danzan.

Bar Gil, Doña Pancha Fest 2016

Te cagabas con el line up del Doña Pancha Fest 2016: Dick el Demasiado (NDL), Norwayy (MEX), Soledad (MEX), Niña Coyote eta Chico Tornado (PV), Flema Seca (MEX), Fuck You Alex (USA), Mother Blood (USA), Rodo (MEX) Partido Revolucionario Institucional (MEX). Todos convocados por Cristian Franco, nunca antes violado por Fray Pedrito de Ayala. Franco es del norte, y una persona inteligente, un enfermo, solo un aquejado podría diseñar un cartel como éste. Llegué tarde ese día al festival, siempre tarde, antes llegaba tarde y con resaca, ahora solo llego tarde y desconfiado a todos los putos lados que voy, como Ricardo Arjona. ¿La culpa? Esas ficheras gordas y horribles del Zona uno La mansión, gordas fofas que tratan de robarte una sonrisa. Es lo único bueno que tienen esas gordas, te dan felicidad por un billete de 20 pesos. La prosperidad es muy económica. Es lo que hace un dólar y un cúmulo de estrías sobre una piel que no puede estirarse más porque reventaría sobre la jeta de todos los clientes. Asesinaba el tiempo tomando agua mineral y escuchando a The Smiths, como siempre, no quería largarme del lugar, les juro que no tenía planes de hacerlo, hasta que un par de “fans” de Una pastilla más para que pase el dolor (2015) llegaron a que les firmara el libro, tomarse fotos con mi sombrero de Perry el Ornitorrinco y restregarme su aliento de pene en la cara. Salí huyendo del hoyo albañil. Me fui directo al DPF, el reino de los lentes de pasta.

Cuando ingresé al Kukuruchos —la casa de Francisca Ladina— ya estaba tocando Fuck You Alex. Llegué justo a tiempo para ver a ese yonki. El tipo tocaba la guitarra con una cuchara, quizá con la que preparaba heroína. Escuchamos “Spooner”, “Noon”, “House Keys”, “The Voyeur”, “Church”, “Hiding”, “Hometown”, “West” y “West Down”. Me había perdido a Rodo y a Mother Blood por estar con las regordetas. ¡Maldita escoria repolluda! El Kukuruchos, al igual que todo Catholic city, me pareció soporífero en un principio. No encajo en ningún lado. ¿Tenía que beber para que la pelona loca me hiciera caso? No lo iba a hacer, yo estaba ahí para escribir una crónica, y ante todo “profesionalismo”. A pesar del comportamiento solitario del ornitorrinco, las hembras y los machos se reúnen una vez al año en el Doña Pancha Fest 2016 para aparearse. Todo el cortejo de esta especie se realiza en los baños del Kukuruchos, y para lograr la aceptación de la hembra, el macho la sujeta con su pico por el culo, si la hembra acepta, le permite al macho seguir adelante, de lo contrario huye por otro vaso de cerveza. Una vez aceptado, el macho se ubica encima de la hembra y la toma, con el pico, de los pelos y de los hombros. Es el momento en que se produce la cópula. Pero la pelona no tenía pelos de donde sujetarse, y yo no tenía ninguna cerveza en la mano. Bebía agua bendita embotellada, porque… supongo que todo es bendito en The city of double standards.

DP

Chivo Negro me puso de buen humor. Alguien me preguntó cómo describiría el Doña Pancha, le contesté que era una combinación entre vómito, alcohol noise, tampones y cumbia. El castorcillo que me había cuestionado se largó indignado. Seguí escuchando a Los Chivo, una banda de Stoner/Doom/HeavyPsych. La verdad es que tocan muy bien, los desgarbados esos lograron hacer bailar a todos los animalillos del Temple of submission and erect nipples. Qué cerca estamos del reino animal, pensé; nunca había estado tan próximo a la elementalidad, el indigentismo y la vagancia como en el Kukuruchos. ¿Quién propuso la costumbre de convivir juntos? Quería escuchar a esa banda, pero lejos de todos, lejos del reino animal. Al final de la participación de Chivo Negro, le pregunté a uno de sus integrantes que cómo diablos se llamaba eso que habían tocado: Volume Death, me contestó, con el aliento más fragante a vómito que he olido en toda mi asquerosa vida, corrí al baño a vomitar.

La pelona interesante no llevaba brasier. A la pelona interesante se le marcaban los pezones. Yo los observaba todo el tiempo. Hacía un innecesario rondín al baño solo para topármela y ver esos pezones. Erectos. Puntiagudos. Provocadores. Quería esos pezones. ¿Por qué diablos había dejado de tomar? ¿Por qué diantres no estaba mamando de esos pezones? Es un misterio para el FBI.

*Este es un servicio social: si alguien ha visto en Guadalajara a una chica cabeza rapada con un solo cuerno en la frente y pinta de Demi Moore en G.I. Jane (1997), favor de comunicarse conmigo, habrá recompensa. (Podrán llevarse una playera expuesta en The Manna Machine).

donapancha-boleto

Boleto Doña Pancha Fest 2016.

Partido Revolucionario Institucional comenzó a tocar a las 6:50 pm. Estaba tan impresionado por la puntualidad de las bandas. En verdad se estaban respetando los horarios, algo inaudito en un festival de música. PRI logró embelesarme, con esos videos sobre Atenco, Zedillo, Salinas y Luis Donaldo Colosio. PRI, en voz de sus integrantes, es “una irreverente y crítica oda a la política mexicana sonorizada con una oprimida atmósfera cercana al infierno”. Vale, les dije en backstage, si alguien hubiera querido tener el nombre de la banda de rock más atemorizante del planeta, seguro ese nombre sería: Partido Revolucionario Institucional. El proyecto está basado en Sentimientos de la Nación (1813), aquel documento expuesto por Morelos en Chilpancingo, en el que reafirma a la religión católica como la única aceptada sin tolerancia de otra. ¿Muy ad hoc con Catolicópolis, no? Los visuales estuvieron a cargo de Oliver Cruz, integrante de la banda, hermano de alguien y cineasta independiente.

PRI

Partido Revolucionario Institucional.

Par Ásito comenzó su show a las 7:40. La banda fue fundada por Fabriccio De la Mora y está integrada por Daniel Núñez y Rubén González. Acaba de estrenar su nuevo disco: Creador. Estos parásitos son dueños de un noise grasoso, pura vitamina arriba del escenario, un ruido enloquecedor que hizo cabriolar a todos los lerdillos de Francisca, la sucia matrona de los freaks jaliscienses. Creo que estaba pasando por una sobredosis de Coca-Cola y agua bendita cuando los parásitos tocaban. Cabe mencionar que no son una banda de la que puedas prescindir; una vez que los escuchas, lo seguirás haciendo durante los próximos días. 1.- Por el dolor de oídos que te dejará su ruido graso. 2.- Porque en verdad son buenos, los parásitos. Pero ya saben, como decía Michel Tournier: “El labrador no quiere ver crecer más que lo que él sembró, y el resto, para él, son parásitos”. Hablé con Fabriccio después de su set,. Me dijo que el nombre de la banda era porque querían representar eso, “un parásito sonoro que se te metiera por la cabeza, en el cerebro”.

Sentía que estaba perdiendo el interés por casi todos, incluyendo a la chica cabezarapada-unsolocuerno. Estaba deprimido, soy bipolar y me desmoraliza la muerte de las moscas domésticas. Veía a los ornitorrincos iluminarse, yo era un pedazo de madera con un sombrero en el borde. Los ornitorrincos son felices. Nada les preocupa. Los ornitorrincos son los seres con los que quiero estar el resto de mi vida, y agradezco al catolicismo por haberlos conocido. Dios debió haber creado a esos seres en weed. “Ahora puedo descansar”, dijo. “¡Oh, por mí! Dejé marihuana en todos lados. Nunca debí haber fumado ese cachito en el tercer día, ese fue el día en el que creé al ornitorrinco”.

Perdía la confianza para con los demás animalillos, hasta que sonaron las primeras tonadas de “You Talk Too Much”, la canción de Norwayy, y mis extremidades comenzaron a destensarse. Las Norwayy no son unos animalillos, no creo que lo sean, son en todo caso unos gnomos, o elfos del país del Indie. Unos seres muy lindos a los que quieres abrazar en todo momento. Es inverosímil que de sus cuerpos tan frágiles suene tan espectacular, poderoso y emotivo sonido. ¡Es algo que no creerías, bestezuela! Debo decir que la noche la prendieron esas tres mujeres hermosas. Bailé. ¡Padre, yo te juro que bailé durante todo su show! Grité, berreé, tiré codazos y puñetazos a los demás mamíferos. Comenzaba a divertirme por primera vez en el Doña Pancha Fest 2016, y todo gracias a esas niñas. Estaba moviendo mis patas; su música había logrado despojar las telarañas de mi cuerpo, me habían achispado, solo dejaba de bailar para ver a la baterista. Me tenía hipnotizado. Me “enamoré” de ella por unos momentos, momentos en los que tocaron “Reptil”, “We Must”, “My Bike”, “Yo Are The Last To Know”, “25 thoughts In My Head” y “Futuro.Pasado”. Sin error a equivocarme, Norwayy fue la mejor banda de toda la noche. Gabrielle Navarro, Rocío Márquez y la otra chica sexy de falda y actitud punk sí que saben rockear. ¡Fuck yeah!

Norwayy

Norwayy / Foto: LALocura.

Estaba emocionado por lo que pasaría a continuación. Todos lo estábamos, el performance de Flema Seca iba a comenzar justo a las 9:20. Flema Seca es un colectivo conformado por Guillermo Santamarina “Tin-Larín”, crítico de arte, curador y artista visual, considerado como el primer punk en México o el Andy Warhol nacional; Andrea Ferreyra, performer que imparte cursos en La Esmeralda, maestra de asignatura en el taller de Investigación Aplicada en la Universidad Iberoamericana, egresada de la Licenciatura en Artes Visuales en la ENPEG; Natalia Millán, quien en 2013 obtuvo una residencia artística en Oficina de Arte, en el Centro Histórico de la Ciudad de México así como el intercambio escolar con la Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá; y Gabo López, artista sonoro del que sé poco. Le regalé esa noche a Natalia una playera de Selena Quintanilla —Natalia representa todo lo que me gusta en este mundo—. La actuación de Flema Seca fue delirante. Podría escribir otros adjetivos: experimental, fantasmagórica, trastornada, psicotrópica, sensitiva, introspectiva, cambiante, tórrida, apabullante, estremecedora. Pero estarían de más. Si se los topan pronto en algún museo o galería, no duden en escucharlos. (Las imágenes de Natalia Millán los harán soñar pesadillas).

A las 10 de la noche comenzó la participación de Soledad. Show que no vi porque fui a hundir mi trasero a un sillón mefítico en la zona VIP del festival. Me quedé dormido durante todo el toquín de esa bandita chilanga. No supe qué diablos tocaron, supongo que algo de su nuevo disco Enfermedad, disponible en su página de internet.

Dick el Demasiado DPF

Dick el Demasiado / Foto: Caballero Flotante.

Al lado mío roncaba también Dick Verdult; cuando desperté, ya tenía a mi lado a Andrea Ferreyra de los Flema Seca. Si Tin-Larín es nuestro Andy Warhol, Ferreyra es la Helena Bonham Carter mexicana, ¡vaya que se le parece! Ella estaba afónica por su performance, el cigarro, las clases y el mezcal oaxaqueño, “es que bebo mucho”, me decía, mientras sacaba un pomo de su escote; yo desviaba la mirada. Me mostró el libro Espejos (2013) de Tania Carrera, esa poeta sensual y gordibuena nacida en el 88. Leía en él un poema sobre la progenitura, volví a entristecerme.

Si Norwayy son unas elfos, Niña Coyote eta Chico Tornado son el mismísimo Lucifer. Ursula Strong, la hermosa baterista del dúo, estaba muy nerviosa antes del show, pero cuando subió al escenario se convirtió en Selma Blair poseída por Satán. Vaya que le pega duro a la batería esa mujer tan estrecha. Y ufff… he tenido noches fantásticas pensando en el outfit que usó ese día: ¡strech, strech, strech! El dúo prendió al Doña Pancha, al Kukuruchos. Sorprendieron al mundo, dejaron con una sonrisa al Diablo, boquiabierto por la magia y valor de su stoner, de seguro la muerte les dará una vida larga en el mundo del rock duro porque su alma no tiembla, el mundo podrá estar en su contra y aún así la mañana siempre los abrazará. ¡Y vi slam, pogo y mosh! ¡Oh, Fray Pedro de Ayala! Les juro que he visto cosas que ustedes nunca hubieran podido imaginar; slam de combate enérgico en el hombro de Kukuruchos. He visto codazos resplandeciendo en la oscuridad cerca del escenario del Doña Pancha Fest 2016. Todos esos movimientos se perderán… en el tiempo… igual que lágrimas… en la lluvia.

Niña Coyote

Niña Coyote eta Chico Tornado / Foto: Caballero Flotante.

Dick el Demasiado se cuece a parte. Debo decir que es una de mis personas favoritas en este Universo, así, como la jodida canción. Por más que intento no logro conceptualizar a Verdult. No hay pensamiento que englobe a la Cumbia Lunática, a su trabajo como artista visual y sonoro, a su discurso, su diálogo contracultural y anti marketing. Me quedo con lo que otros han dicho, que Dick es un cantante holandés de cumbia experimental y artista multidisciplinar. Aunque ¡vamos!, todo mundo sabe que Dick es mucho más que ese concepto acartonado. Es un universo infinito de cumbia y desencanto, de posibilidades inmensas. Su show: espacial, extravagante. Dick es una persona humilde y atenta bajo el escenario, pero cuando se posa frente a su tornamesa se transforma, se convierte, enfundado en ese traje de esqueleto que nos recuerda a los Misfits y al movimiento punk en sí. “No se puede estar enojado dos veces”, me decía Dick acerca del punk; “he dejado de serlo”, me señalaba. “Yo he estado enojado toda mi vida”, le contesté, y me puse a bailar cumbia.

Las luces del cielo amaban las miradas de los ornitorrincos; las estrellas perdidas encontraban su hogar en el Doña Pancha Fest 2016. Los ornitorrincos eran bellos en toda su decadencia. Ebrios, vomitados, orinados, semidesnudos. Eran más que ellos mismos. Eran el arte, la pasión, el amor y el underground. Recordé entonces una escena de mi infancia: estoy solo en un rincón de un largo salón de baile, me encuentro acorralado en una silla, completamente solitario, observando a la niña que nunca sería mi novia. Tarareando canciones tristes y disimulando lagrimas de niño. Soy el único que permanece sentado, el único perdedor, el más pequeño, el más escueto. Deseo irme a casa, pero tengo que seguir viendo a la muchacha. No me puedo mover, estoy paralizado. Sabía que jamás la volvería a ver. Mi padre asoma su cuerpo por la puerta del salón, ha venido por mí, me llevaría a casa.

Añoraba en ese momento dentro del Kukuruchos, que mi padre entrara por esa puerta y me regresara de vuelta a mi hogar en San Luis Potosí. De vuelta a casa, de regreso a mi infancia. Dejé de bailar cumbia, me acomodé mi sombrero y desaparecí entre las calles de Platypus City rumbo a mi puericia, cerca de los brazos demacrados y el tabaco añejo de mi padre.

12. Fin

Fin.

Editor Yaconic

Editor Yaconic

hoyos fonquisENTRADA
Previous post

LOS HOYOS FONQUIS

noche electronica mexicana ENTRADA
Next post

NUNCA SE PUEDE BAILAR DEMASIADO: NOCHE ELECTRÓNICA ALEMANA MEXICANA 2016